A la mañana siguiente sí que no hubo problema alguno que los lastrara. Las maletas estaban hechas y los sirvientes se congregaban en el hall de entrada para despedir a la princesa, su guardaespaldas y a Ren. Agro y Claire tampoco quisieron perderse la marcha de la heredera, por lo que por descontado también estaban allí. Fue Syra la última en llegar con Raven, cargando este con el equipaje de la chica. En lo que apenas se habían encontrado nada más ella salió de su habitación, no se habían dirigido la palabra. No porque existiera una molestia entre ellos, sino por vergüenza por parte de ella y frustración por la de él. En la perspectiva de Raven, sabía que no debía culparla bajo ningún concepto. Ella no era "su" Syra, no le amaba, pero le había besado. Le había mostrado la puerta y no solo eso, sino que la había abierto lo suficiente para que el soldado pudiese ver a través de ella un poco de luz para después cerrársela en las narices de un portazo. Y todo por culpa de él; ese tipo que se encontraba trajeado de negro y con la mirada perdida en uno de tantos cuadros que había en la pared. El imponente Ren Bladelyn se convertía progresivamente en una especie de insecto molesto dejando atrás la figura de monstruo que representaba para Raven. A fin de cuentas, en el nuevo tiempo que estaba viviendo tenía la oportunidad de conocerle como no lo hizo en su línea original y comprobaba que no era más que un tipo perdido en mares de pensamientos del que podría librarse llegado el momento. Solo tenía que cumplir su objetivo: evitar que llegase a poner sus sucias manos manchadas de sangre sobre la Acronita. Entonces, Syra estaría a salvo.
-Hubiese querido que vuestra estancia hubiese sido más placentera- sonrió Agro, arrugando su rostro.
-¿Jiram?- preguntó Raven inquisitivo.
-Ya ha sido llevado a la aeronave- explicó el patriarca Bladelyn -Debidamente apresado de manos y pies y amordazado para que no os haga el viaje desagradable y ruidoso-
-Bien- dijo Syra, mostrando serenidad y frialdad real. No debía haber piedad para los malvados -¿Está todo listo, entonces?- su mirada se cruzó con la de Ren un instante y entonces rápidamente cayó en cuenta sobre que Claire había amenazado con contarle lo sucedido la noche anterior. Velozmente, la princesa miró a la chica que ya de por sí la miraba con una sonrisa sarcástica, asintiendo suavemente. Estaba claro que se lo había contado. A Ren se le notaba, igualmente. Estaba tenso, tanto que aunque no lo conociera demasiado, Syra lo percibía. Cada músculo del cuerpo del Bladelyn parecía preparado para saltar, pero no presentía enfado alguno en él. Solamente estaba pensativo, como había estado prácticamente desde que llegaron a Munshad. Qué diablos, en Munshad tódo era triste, melancólico y reflexivo cuando no era sangriento y violento. La chica se moría de ganas por ver de nuevo brillar el sol de su ciudad.
-Diría que sí- dijo Ren en voz neutra -Vámonos- dicho esto, salieron todos en tropel. Hasta el propio Agro los acompañó personalmente hasta la rampa de embarque de la aeronave, que había mantenido los motores encendidos desde el momento en que llegaron para partir con prontitud.
-En fin- terció Syra. Era difícil despedirse con educación después de todo lo vivido allí -Supongo que debería decir que ha sido un placer-
-No hace falta que mantengamos los protocolos- asintió Agro -Cargo con la culpa de todo lo acontecido, al menos sobre todo recurrente a Jiram y esta casa de locos que prometo que mantendré bajo control más estricto- al decir aquello, los miembros del servicio que habían acudido a despedir a la princesa se miraron entre sí con cierta preocupación -Recuerdos al rey- asintió solemne -Nos veremos en la boda, hijo- se despidió de Ren con el mismo gesto -Y ahora disculpadme, esta humedad no es buena para mis viejos huesos- dicho aquello, el hombre se dio media vuelta y comenzó a caminar -Vamos, Claire- el tono con el que se dirigió a la chica era el de siempre. De un capotazo desapareció ese Agro servicial para volver a mostrar la personalidad de un hombre extraño, oscuro e indescriptible con voz carrasposa y cruel. La joven Bladelyn se fue girando progresivamente, sin quitar los ojos de Syra, amenazante.
-Vamos, capullos- dijo a los sirvientes antes de ponerse en marcha.
-Princesa. No, Majestad- dijo una de las sirvientas antes de ir detrás de Claire. Le aferró la mano con toda velocidad y fuerza, provocando que Raven se adelantase un paso con la mano en la espada. Syra lo detuvo alzando la mano en un gesto autoritario. -Gracias. Mil gracias- decía la mujer entre susurros y lágrimas en los ojos. La expresión adusta y macilenta que mostraba día a día se esfumaba para mostrar algo de claridad. Un intento de sonrisa acentuó aún más las grietas dejadas por las cicatrices en su rostro -Gracias por librarnos de él. Os debemos la vida- Syra nunca creyó oír algo semejante en Munshad. De hecho, casi que consideraba que el servicio también detestaba a los Chrone y Solaris, pero al parecer todo eso tenía una respuesta muy sencilla: el miedo. Estaban tan atemorizados por Jiram que ahora que ser mezquino desaparecía de sus vidas podían volver a sentirse vivos y un poco más seguros. Aunque fuese un simple gesto de agradecimiento, la princesa pudo sentir que todo lo vivido podía merecer la pena por ver esos ojos apesadumbrados volver a la vida. Por oír un "gracias" por meter las narices donde no le llamaban y solucionar los problemas que se suponía que debía arreglar. Esa era la tarea que le aguardaba en el futuro... y parecía que pese a lo oscuro del camino, encontraría frutos. Era reconfortante.
Finalmente la aeronave despegó y fue prácticamente indescriptible por parte de Syra y Raven dejar de sentir esa constante sensación de presión, sobre todo para la princesa. Las manos invisibles que constantemente apretaban su garganta se habían despegado y el aura siniestra de Agro quedaba atrás. La sensación de ligereza, la calidez en los pulmones... era como un apluma movida por el viento. El humor de la chica se vino arriba al igual que la del soldado, de modo que encontraron el momento para mirarse, sonreirse mutuamente, y enterrar con ese gesto esa pequeña tirantez entre ellos. Lo pasado, pasado debía quedar. Lo importante era que volvían a casa.
-Syra- la voz de Ren se dejó oír en la sala donde la chica se relajaba hojeando una pantalla con noticias sobre Solaris para ponerse al día. Raven estaba tomándose un café Sunburn, marca original de Solaris. Le sabía como el beso de una diosa, pues definitivamente en Munshad todo era porquería en cuestiones de calidad -¿Syra?- la chica le miró -¿Puedo hablar contigo un momento?- sin hacer más gesto que un leve asentimiento, Syra se levantó dejando en la mesita aquel miniordenador. Sabía de sobra qué era lo que quería Ren. Raven se levantó para seguirla -A solas-
-No hablará contigo a solas, Bladelyn- gruñó Raven.
-Lo haré- corrigió Syra.
-¿Te atreves a quedarte a solas con él? ¿Estás segura?-
-Ya no estamos en Munshad- le sonrió la chica para tranquilizarlo -Además, ya habéis visto todos que soy capaz de defenderme sola. Más que vosotros mismos-
-Ahí tiene razón- observó Ren para quitar peso a su invitación de intimidad.
-Bien. Entonces esperaré aquí- mintió Raven. En cuanto ambos futuros cónyuges tomaron camino hacia el habitáculo que Ren había tomado como suyo durante la travesía, Raven los siguió y se apostó contra la pared, junto a la puerta automática que se cerró tras ellos, queriendo captar algo de la conversación.
-Toma asiento, por favor- pidió amablemente el munshita, monstrando a Syra el camino con una mano.
-Es la aeronave de la familia Chrone- casi se le escapó una risa -Debería ser yo quien te invitara- no obstante, se sentó como Ren pedía. Al menos estaba tratando de ser amable con ella -¿Qué quieres?-
-Quiero hablarte sobre Claire...- Ren se sentó y tamborileó con los dedos sobre la mesa. Era pequeña y redonda. Estaban ambos muy cerca el uno del otro.
-Ya sé de qué vas a hablarme, entonces- suspiró la chica. Miró al infinito durante unos segundos, lamiéndose la herida del labio con suavidad, humedeciéndose los labios. Luego, volvió a mirar al Bladelyn -Mira, no sé qué te habrá contado tu hermana, pero sea lo que sea, no es necesario darle vueltas. Bebí alcohol. Sí, algo más de la cuenta, más de lo que acostumbro- ladeó la cabeza y se cruzó de brazos -Estaba un poco ida por ello y me dejé llevar. Me hacía falta despejarme, sentirme bien conmigo misma después de todo lo que tu familia me estaba haciendo pasar. No son precisamente unos amores- suspiró gruñendo, más feliz que nunca de dejar Munshad atrás -Raven me hacía compañía, me hacía sentir más cerca de casa... y me confundí. Solo fue un beso- negó con la cabeza -No seré yo la culpable de que un beso rompa el tratado de paz, y más cuando ni siquiera somos una pareja formal tú y yo- bufó -En tus manos queda el como quieras creerte la historia, si confiar en tu hermana o en mí- Ren había escuchado pacientemente, pero se le veía confuso.
-¿Un beso?-
-Sí, un beso-
-¿Y nada más?-
-¿Quién te crees que soy, Ren?- se inclinó hacia él -¿Por quién me tomas?-
-Lo que Claire me contó fue que la puerta de tu habitación estaba entreabierta y escuchaba golpes y gemidos. Que al asomarse para ver qué sucedía, te vio en la cama con Raven, pero no era solo un beso. Me describió de forma certera la pasión con la que te...- infló las mejillas buscando una palabra menos obscena -¿Acometía?-
-Esto es increible- Syra se puso en pie, consternada -Completamente increible-
-Cálmate- pidió Ren, sosegado.
-¿Que me calme? ¡Tu hermana ha insinuado que soy una fulana y quieres que me calme!- se enfadó. Ren la comprendía.
-Syra, cálmate. Siéntate, por favor- la chica le hizo caso tras pensárselo unos instantes -No te he llamado para acusarte-
-Ya te he dicho que ha sido un beso. Si no me acusas ¿A qué viene preguntarme entonces si fue algo más?-
-Es humano buscar el conocimiento. Quizá te daba miedo decirme que te habías acostado con él-
-¿Por herir tus sentimientos? No somos más que dos herramientas que se van a unir para traer prosperidad a Solaris, Ren. No somos novios, no nos amamos. Debería darte igual con quién me encamo-
-Nadie habla de sentimientos, Syra. Hablo de sinceridad- al decir aquello, la princesa respiró hondo -Nos amemos o no, odiemos este trato de paz o no...-
-¿Odiemos? Lo propusiste tú-
-Dime otra opción que no llevase a la guerra- Ren contestó con desafío y severidad en la voz. Syra se quedó en blanco ante semejante reto. Realmente tenía razón. No había forma alguna de que llegase negociación alguna a buen puerto debido a lo mal que estaban las relaciones diplomáticas -Lo propuse por el bien de Solaris, de Munshad y de toda la gente. Por mi bien... y por el tuyo-
-Se supone que debería darte las gracias- entornó ella la mirada.
-No quiero agradecimientos. No soy tu salvador. Propuse un plan y tu padre, el rey, aceptó. Y tú, futura reina, sigues hacia delante con el plan. No soy el único que lo lleva hacia delante- suspiró el Bladelyn.
-He de reconocer que me está sorprendiendo esta actitud tan... pacífica que tienes ahora- observó la chica -Y me desconcierta, a su vez ¿Te pasa algo?-
-No me pasa nada- mintió claramente, pero la joven no iba a sacarle información alguna -Supongo que solo quería aclarar hechos que necesitaban ser, bueno... aclarados- ambos se mantuvieron la mirada durante unos instantes -¿Puedo preguntarte algo más?-
-Lo vas a hacer de todas formas ¿no?- se lamentó la chica.
-¿Sientes algo por Raven?- la pregunta realmente no era lo que esperaba.
-¿Cómo?- pestañeó la chica
-Por tu guardaespaldas-
-Por los cielos, Ren, sé muy bien quién es Raven- gruñó -Y no, no siento nada por él. Quiero decir, sí. Siento afecto, gratitud... pero si te refieres a sentimientos fuertes, amor, no-
-¿Por qué te enfadas tanto?- quiso comprenderla.
-Porque me estás preguntando por algo que da igual ¿Te gustaría a ti que te preguntara qué sientes por una mujer a la que, sí, podrías amar, pero que no importa? No importa si siento algo por Raven o no, Ren. No importa si tú llegas a amar a alguien hoy, mañana o dentro de un año. Nos vamos a casar y eso nos va a condicionar. Por mucho que lleguemos a conocer esos sentimientos, no los podremos vivir en paz y felices porque debemos mantener la mascarada por el bien del reino- comentó airada. Era realmente un tema que prefería no tocar. Solo pensar en que ella no podría vivir como sus hermanos la quemaba por dentro.
-Comprendo- asintió Ren -Es todo, entonces. Solo quería conocer la respuesta-
-¿Y ya está, no? ¿Para burlarte?- se levantó ella y Ren la imitó -¿Solo querías regodearte en que si le amara tengo que guardármelo para mí sola?-
-No, solo quería saber si existe o no peligro para que todo esto vaya bien. Debemos poner de nuestra parte- dio un par de golpes con el dedo en la mesa.
-Para ti es mucho más fácil que para mí, no me hables de responsabilidades y de poner de nuestra parte. El Bladelyn saca más provecho que la Chrone aquí, de lejos-
-Hablas como si conocieras el amor, como si supieras la magnitud de su fuerza y que puedes controlarlo. Tendrás todo el poder del mundo, princesa, pero si te enamoraras de Raven o de cualquier otra persona, no podrías soportar fingir que no es así y acabarías sucumbiendo- regañó Ren, elevando el tono al igual que ella lo estaba haciendo.
-Vaya, no sabía que tú eras experto en el amor ¿Qué sabes tú, Ren? Porque no he visto amor precisamente en tu propia casa. Conozco de sobra lo que es el amor, porque el amor a mi deber, a mi reino, a la gente y al legado de mi padre es lo que me permite estar aquí contigo perdiendo el tiempo y recordando un desastre de boda que está por venir en lugar de estar en mi hogar, relajada, sin saber la clase de horrores que se cuecen entre las paredes de lo que tú llamas hogar- le señaló con el dedo -No te atrevas a darme ni una lección más, Bladelyn- aquella vez, pronunció Bladelyn con el mismo tono despectivo que lo hacía Dusk o Raven. Vio mucho del príncipe en ella, de hecho. Se parecieron más que nunca.
-Supongo que tienes razón- dijo Ren, sin más, metiendo las manos en los bolsillos. Por alguna razón se sentía dolido con ese tono tan despectivo, como si fuese repugnante u odioso. Pero solo porque fue ella quien se dirigió a él así. Fue ella lo que le dolió -Y además queda claro que no podemos mezclar el agua con aceite. Nuestra reunión ha acabado- el Bladelyn se dirigió hacia la puerta. Esta se abrió deslizándose hacia arriba con un siseo neumático. El guardaespaldas seguía allí, cruzado de brazos, contra la pared. Ambos cruzaron una mirada que podría haber incendiado por completo la aeronave si hubiesen desprendido energía mágica en aquel preciso instante. Raven le odiaba con toda su alma, era su mayor enemigo y no podía esperar el momento para destruirle. Para Ren, Raven se estaba convirtiendo en un objeto que podía ocasionar problemas al plan de boda por la paz. Imaginaba que Syra pondría de su parte por el bien del reino, pero un beso no se comparte cuando uno no quiere. Raven era cercano a la princesa y demasiado protector. El Bladelyn tenía prácticamente confirmada la sospecha de que él sí debía sentir algo por ella y esos sentimientos le llevarían a cometer error que podría poner en jaque la seguridad del tratado de paz. Lo vigilaría muy de cerca a partir de ese momento.
Ahora solo quedaba llegar a Solaris, cuya luz ya estaba muy, muy próxima.
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