[Vals di Fantastica - FFXV]
Y así, comenzó el baile. La orquestra contratada comenzó a interpretar una deliciosa pieza musical al ritmo que Ren y Syra comenzaban a danzar, dando elegantes vueltas, graciosos pasos de un lado a otro, en un vals clásico pero que lucía bastante bien. La pareja no tardó en robar todas las miradas, pues tampoco dejaban de ser los protagonistas del día. Los invitados comenzaban a congregarse en un círculo enorme en torno a ellos mientras que los jóvenes bailaban. Ren sostenía la cintura de Syra con firmeza mientras ella se apoyaba en uno de sus hombros y se tomaban las manos. Los ojos de los recien casados no se separaban los unos de los otros, mirándose fijamente. De manera sorprendente, era hasta aislante. La música, centrarse el uno en el otro y en no equivocarse con el baile, hacía olvidar por un momento la mascarada que tenían montada para evitar una injusta guerra. Mientras, los invitados aplaudían y vitoreaban a la bella pareja. Con el baile abierto por ellos, no tardaron en sumarse más y más parejas a danzar a su alrededor. Incluso Iran y Cecile se vieron inmersos en la danza, no muy lejos de la pareja. Syra tuvo que lanzar un suspiro cargado, en ese instante que no podrían oirla debido a la música, las risas y los clamores -¿Cansada?- preguntó Ren.
-Abotargada- replicó ella -Esto es una locura-
-Lo sé- asintió él -Me siento igual que tú-
-¿Qué haremos a partir de ahora?- la pregunta era retórica, no esperaba directrices por parte de Ren ni pretendía seguirlas. Ella era la futura reina -¿Cómo seguir con esta farsa?-
-Tratando de olvidar que es una farsa- comentó Ren con delicadeza.
-No es así como tenía pensado casarme-
-Yo no tenía pensado casarme- dejó escapar una risilla.
-¿Ah, no?- la chica sintió curiosidad, no dándose cuenta de que la conversación ayudaba a poder relajarse.
-¿Te sorprende?- al hacer la pregunta, la dirigió para dar una elegante vuelta sobre sí misma y volver a los pasos de baile circular, tomándola de nuevo por la cintura.
-Siendo el hijo de Agro y su supuesto heredero, no sé. Imagino que todo el mundo se casa-
-¿Y vivir así? ¿Con bailes, pomposidad y acompañado de quien no quiero?-
-Se supone que uno se casa con quien quiere- con un gesto de la cabeza, señaló a la feliz Cecile que se derretía en los brazos de su esposo.
-Algunos tienen suerte. Otros nunca saben cómo querer o cómo ser queridos-
-¿A qué te refieres?- ladeó la cabeza la chica.
-No lo entenderías-
-¿Me estás llamando estúpida?- frunció el ceño.
-Por los cielos, eres susceptible hasta en el día de tu boda- sonrió enormemente Ren, para sorpresa de la chica.
-¿Qué te hace tanta gracia? ¿Por qué sonríes así?-
-¿Por qué estás tan tensa, cariño? ¿Estás ya molesta con los zapatos y el vestido?- fingió claramente, exagerando el tono de voz. Obviamente, estaba cambiando de tema. No obstante, Syra se sintió nerviosa.
-¿Cariño? No me llames así. Tú y yo...-
-Venga, relájate ¿Quieres que te de un masaje?-
-Cállate-
-¿Y que tal un abrazo como Iran y Cecile? Bailar pegados, así- indicó apretándola más contra su cuerpo.
-¿Estás loco? Suelta- no pudo evitar soltar una risilla. El estrés, el agobio, se escapó como vapor a presión ante la broma de Ren, o lo que parecía ser una broma. No es que le gustara, pero la sensación de vergüenza opacó la presión. Ren se convirtió en el único problema y no el futuro inmediato. Y Ren, precisamente, era más fácil de lidiar. Era extraño, como cuando un dolor enfocado puede opacar un dolor mayor disperso por distintas partes del cuerpo.
-Venga, vamos. No seas tan fría querida ¿Qué hay de cena?-
-Ahí te has pasado- por alguna razón, la chica no pudo contener la risa -Te has pasado tres pueblos. Soy la princesa, idiota. No pienso hacerte de comer ni en sueños-
-Recién casados y ya insultándome. Me temo que voy a declararte la guerra-
-Te voy a hacer añicos- respondió ella fulminante pero divertida.
-Me gustaría ver eso- y fin, el baile terminó con el último paso. Todos los invitados empezaron a aplaudir entusiasmados sus propios bailes y a la pareja recién casada. Syra y Ren se separaron ipso facto en cuanto se vieron sin música ni baile. Sus sonrisas, ese pequeño tono cómplice, desapareció igualmente. Parecía ser que los dos se refugiaron en ese corto instante para salir de las presiones personales, viviendo quizá un instante de una vida que ambos hubiesen deseado estar viviendo en lugar de esclavizados bajo condiciones políticas. A partir de ese momento, Ren le hizo una elegante reverencia y marchó a tomar algo mientras que Syra volvía a ser rodeada por invitados.
Mientras, Raven trataba de no hacer estallar el vaso de whiskey que tenía en la mano. Había estado observando el baile desde el primer instante en que estalló la música, desde que Ren la apartó de su lado. El corazón le palpitaba con tanta fuerza que sentía el flujo de sangre golpearle las sienes como un martillo. Estaba muerto de celos. No solo porque Syra se acabab de casar con otro, no por el baile. En teoría, ella le despreciaba y eso le calmaba, pero no fue ajeno a ese pequeño momento de charla que ambos compartieron y que no pudo oír. Esa gran sonrisa de Ren, esa risilla cómplice de Syra ¿de qué habían hablado? ¿Qué acababa de pasar y por qué? Se supone que eran enemigos, que todo eso era simple política por la paz ¿A qué venía esa complicidad? ¿Qué necesidad había? ¡Maldita sea! -Te vas a hacer daño- dijo Dusk de pronto a su lado. Arrastraba un poco las palabras. En lugar de un vaso llevaba la botella casi vacía en la mano.
-Capitán...- observó Raven -¿Estás bien?-
-No- declaró Dusk -Nada está bien ¿Has visto eso?- señaló a Ren, alejado -Cortejándola como una abeja revoloteando en una flor... ¿Qué coño se cree?-
-Se han casado, a fin de cuentas-
-Es un munshita- indicó Dusk -Un puto munshita, debería estar en el Palacio de Justicia junto a su puto hermano. Y el viejo decrépito de su padre y esa zorra que tiene por hermana, también-
-Sería placentero, no lo niego- Raven hizo girar el líquido dentro del vaso.
-Pues venga, vamos- dejó la botella en una de las mesas del catering -Detengamosles-
-Dusk... Estás bebido- Raven le sostuvo el brazo -Cálmate. Hacer algo así sería un escándalo, no podemos-
-Dusk- observó el capitán -Hoy me hablas muy cercano tú ¿no?- los ojos le brillaban por la borrachera -¿Crees que besuquearte con mi hermana te da derecho a hacerte mi igual?-
-¿Qué?-
-Que lo sé todo. Todo- recalcó -Sé lo que pasó en Munshad-
-¿Te... Os lo ha contado ella?- se corrigió
-Ella no, pero sí un pajarito- se llevó el dedo índice a los labios -Pero es un secreto interno- Dusk le puso las manos en los hombros -Pero descuida... Te prefiero mil veces a ti antes que a ese cabrón. Por mi parte, te consideraría mi cuñado con el simple hecho de que mi hermana te hiciera ojitos-
-Gracias- confesó Raven. Oír al Dusk de esa línea temporal apreciarle de esa forma le hacía sentir una terrible nostalgia. Los ojos se le llenaron de lágrimas.
-Oh, venga... Sé un guerrero, no dejes que las emociones salgan por tus ojos sino en la batalla. Debemos detener todo esto ¿Lo sabes, no? Todo es una trampa, estoy seguro. Y si no es hoy...- ambos miraron a Ren -Será mañana... Estoy convencido de que en algún momento... ese desgraciado atacará. Te pido, Raven... que si sientes algo por mi hermana- le dio un toquecito en el pecho, a la altura del corazón -Si aquí dentro late un corazón con el nombre de Syra, aunque sea un poco... no dejes que le hagan daño-
-Moriré mil veces y en distintos tiempos si así consigo evitar que le hagan daño, capitán- asintió Raven -Os lo prometo-
-Ah... Mi hermana se pierde a un tío estupendo- le dio un par de bofetadas en la cara, quizá más fuerte de lo que debería, debido al alcohol -Un tío estupendo, sip. Sip, sip...- Keira apareció de la nada y agarró a Dusk de los hombros.
-Cariño ¿Vienes? Te vendría bien un poco de agua- miraba a Raven con apuro por si Dusk le estaba molestando.
-Id, capitán. Vuestra esposa siempre debe ser la prioridad- sonrió Raven.
-Keira ¿Sabes que Raven es un tío de puta madre?-
-Esa lengua- regañó la mujer -Venga, vamos-
-¿No sería genial que se casara con Syra? O que fuese su amante-
-Cállate- le chistó -Vas a meter la pata- comenzó a llevárselo de allí.
-Eso es, Raven. Tú métela. Hasta el fondo- dijo el Dusk borracho y arrastrado mientras se alejaba. Raven no terminó de entender qué era lo que debía meter, exactamente.
La celebración alcanzó su zenit unas horas después y los invitados comenzaban a marcharse a sus respectivos hoteles para poder volver a sus hogares al día siguiente. La noche les alcanzó con una hermosa y gigantesca luna iluminando los oscuros umbrales de palacio. Syra y Ren se dedicaban a despedir a los invitados junto a Aurum y Agro hasta que el último se marchó. Los miembros del servicio recogían a toda prisa los desperdicios y restos de comida, así como desarmaban las mesas con total velocidad y celeridad. Al día siguiente, les dejarían el día libre por la carga de trabajo por la boda -Bueno, eso es todo- suspiró Aurum -Un día emocionante- mintió.
-Y agotador- señaló Agro -Deberiamos irnos a la cama. Todos- miró a la pareja -Estaréis deseando poneros cómodos-
-Sí...- suspiró Ren -Supongo que sí-
-Yo estoy muerta de sueño- se apresuró a decir Syra.
-Entonces no dudes en dormir, hija mía- Aurum le dio un beso en la frente.
-La noche es joven- asintió Agro -¿No creéis?-
-Pero nosotros sentimos la vejez- corrigió Ren con una media sonrisa. Sintió la negra sombra de Agro cirniéndose sobre él -En cualquier caso, solo es cuestión de acomodarse y...-
-Exacto- asintió de nuevo el patriarca Bladelyn -Sin ánimo de presionaros pero me encantaría conocer a mis nietos más pronto que tarde-
-Supongo que eso son temas que les conciernen a ellos- señaló Aurum incómodo.
-Es fácil hablar, Majestad, cuando ya tenéis nietos de vuestros otros hijos. Yo no tengo ninguno y el más afín a tener descendencia está en la carcel por terrorismo-
-Imagino, pero...-
-Yo solo quiero expresar mi ansia por ver a mi familia florecer- interrumpió Agro -Sin presiones, por supuesto-
-Ya...- Ren le dio un ligero toque a Syra con el codo -¿Nos vamos?-
-Sí, quiero quitarme estos tacones de una vez-
-Bien. Yo iré enseguida- ya sabían ambos que compartían habitación. Ren no tenía muchas ganas de llegar a la vez que ella y que ambos se sintieran invadidos mutuamente. De forma que al dejarla ir antes, ella se podría desvestir tranquila. No sabía exactamente por qué, pero le gustaba un poco aportarle facilidades para llevar la situación hacia delante. Él, a fin de cuentas, había crecido siempre con la pesada carga de las expectativas de su padre y sabía cómo Syra se podía sentir al llevar semejante plan de boda falsa hacia delante.
Se despidieron en el hall y Syra fue hacia la habitación. Ren, por su parte, se dirigió a uno de tantos salones de recreo donde pudo echar mano a una de tantas botellas de whiskey que había ya abiertas para uso y disfrute de cualquier miembro de la familia. Gran parte de las allí tocadas fueron culpa de Iran y Dusk en sus días de frustración. Ahora le tocaba a Ren. De esa manera, el joven se sentó en un sillón dando un suave trago, tratando de serenarse y aceptar los días que le esperaban por delante. A su espalda oyó una puerta abrirse y cerrarse, esperando que se tratase de alguien del servicio yendo y viniendo a guardar materiales, de modo que no echó cuenta hasta que oyó la voz de Raven -¿Disfrutando ya de los privilegios de palacio?- Ren se puso en pie como un resorte. No quería darle la espalda a un hombre como Raven: no se fiaba de él -Te has puesto muy cómodo de un momento a otro-
-¿No deberías empezar a hablarme con respeto?- preguntó Ren con sorna -Soy tu futuro rey-
-Tú no eres nada, Ren Bladelyn. Ni lo eres ni lo serás, jamás. Casarte con Syra no es más que una tapadera para cualquier plan traicionero que os traeis los munshitas, lo sé. Ahora los Bladelyn estáis anclados a la corona y eso os da un enorme poder para decidir lo que hacer con el destino de Munshad y Solaris. Es perfecto. Os habéis aprovechado de la mano blanda del rey Aurum- acusó.
-Tienes una mente tan prodigiosa para pensar planes maquiavélicos que deberías dedicarte a escribir novela negra- comentó Ren despreocupado agitando el líquido en el vaso para después dar un trago.
-No te rías de mí, Bladelyn- advirtió a Raven. La mano del Maestro de la Guardia se posó en la empuñadura de la espada -No estás en situación de ello-
-Lo he hecho desde que llegué a palacio y lo seguiré haciendo si me da la gana- el Ren agresivo y descarado no había desaparecido. Ahora iba a ser exclusivo para Raven -Te guste o no, ahora estoy casado con la princesa-
-Y como he dicho, para mí no eres más que un vulgar manipulador-
-Piensa lo que quieras, pero no intentes sobrepasar tus límites, soldaducho-
-¿O qué?-
-O yo podré responder, ampliamente además, sin tener siquiera que sobrepasar los míos- Ren se acabó el vaso y caminó hacia Raven. El Maestro aferró la espada y la desenvainó un tanto. Sin embargo, Ren pasó por su lado en lugar de encararle de frente. Con frialdad y algo de divertida fanfarronería, le agarró del hombro como si se tratara de un amigo y le susurró al oído -Acepta la realidad, Raven. Soy el marido de Syra, voy a compartir la vida con ella a partir de hoy; incluso la cama- le palmeó el hombro que le agarraba -Lidia con ello desde ya, será lo mejor- dio un paso -Ah- se giró -Y si se te ocurre la feliz idea de intentar interponerte en mi camino, de tratar de seducirla, de tratar de besarla de nuevo o algo similar... Tendrás que lidiar conmigo. Te aseguro que será mucho peor que aceptar la situación- amenazó. La respuesta de Raven no fue verbal, sino física. Desenvainando la espada con eficiencia y maestría, imbuyéndola de su propia magia, asestó a Ren un golpe letal directo al cuello que le hubiese cercenado la cabeza de haber acertado. Desgraciadamente para el Maestro, Ren interceptó el golpe con solo alzar la mano. La hoja imbuida de magia podría cortar hasta el acero, pero no pudo atravesar el inmenso poder mágico de Ren, que le hizo soportar el embite como si fuese una brisa. El impacto causó un choque mágico, sin embargo, que hizo estallar todas las botellas, cristales de los muebles y de las ventanas de la habitación con gran estruendo. Las ropas y los cabellos de ambos hombres también se agitaron mientras se mantenían la mirada con firmeza y furia.
-Maldito seas...- gruñó Raven -Voy a hacerte pedazos, Ren. Cueste lo que cueste, aunque sea lo último que haga en esta vida, te juro por lo que más quiero en esta vida, que es Syra, que te cortaré la cabeza personalmente. No voy a dejarte poner las manos sobre la Acronita ni sobre mi mujer, jamás-
-¿Acronita?- empezó a sonreír Ren -¿¡Tu mujer!?- soltó una carcajada -Definitivamente te has vuelto loco. Deberías tomarte unas vacaciones o renunciar a tu puesto. No haces más que decir tonterías y ver fantasmas-
-Tu verborrea y tu fanfarronería no pueden ocultar lo que sé que sucederá, Monstruo de Munshad-
-Bonito título. Quédatelo- Ren apartó la espada con desprecio. Su mano no tenía rasguño alguno -Buenas noches, Maestro de la Guardia- Ren, esta vez sí, sabiendo con certeza lo que Raven era capaz de hacer, le dio la espalda sin bajar la guardia ni un instante. Raven se quedó solo en la habitación, conteniendo un grito desesperado que le arañaba la garganta, deseando salir.
Tal y como la boda selló la unión de las familias, selló la enemistad eterna entre Raven y Ren. Y no tardaría en saldarse.
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