miércoles, 11 de marzo de 2020

El amanecer del nuevo día trajo consigo unos agradables rayos de sol que se filtraban a través de la ventana de la nueva habitación. Syra, que seguía hecha un ovillo al borde de la cama, se estremeció ligeramente al sentir el impacto de la luz en sus párpados cerrados. Incómoda, se agitó ligeramente y se volteó un poco llevada por el sueño, hasta que instintivamente vino a su mente la situación en la que se encontraba. Temerosa de encontrarse frente a frente con Ren, esta se sobresaltó en la propia cama, dando un raspingo con el que se incorporó de inmediato. La chica soltó un profundo suspiro y se frontó la cara con las manos. Afortunadamente para ella, estaba sola en la cama, de modo que no tuvo contacto ninguno con el que ahora era su marido de alguna manera desafortunada. Sola en la cama, sin embargo, no significaba sola en la habitación -¿Has tenido una pesadilla?- la voz de Ren la hizo saltar de nuevo, pero esta vez de forma agitada. La chica se llevó una mano al pecho y se tapó con las sábanas hasta la altura del cuello por puro instinto y vergüenza.
-¡Dioses, Ren!- exclamó
-¿Qué?- quiso saber el hombre, mirando a todas partes como si pudiera haber un fantasma o algo. Syra le apartó la mirada, pues seguía desnudo de cintura para arriba y era suficiente para incomodar.
-¿No tienes algo que ponerte?- preguntó alterada.
-No me incomoda que me veas así, si es el problema-
-El problema no radica en que solamente te incomode a ti. Se supone que lo entiendes- aclaró la chica.
-Da igual. Habrá que irse acostumbrando- se encogió de hombros.
-¿Por qué tienes que hacerlo más difícil...?- se preguntó la chica.
-Eh- clamó Ren, caminando hacia la cama -Lo menos que podemos hacer es estar cómodos con todo esto ¿Vale? Tampoco pasa nada porque me veas así, no tengo nada que ocultar. Que tú no quieras estar semi desnuda delante mía es algo que comprendo ya que es tu cuerpo, pero a mí me da igual- se quejó. Como bien ambos sabían, no era una situación agradable para ninguno, pero a Ren no le faltaba razón. Sabían los Dioses, o en todo caso la Acronita, cuantos años podían pasar juntos a partir de ese momento, de manera que cuanto antes empezaran a acostumbrarse el uno al otro, mejor.
-Lo que tú digas- concluyó Syra, cerrándose bien el batín antes de salir de la cama para no mostrar desnudez alguna ante el hombre. Una vez lo hizo, se dirigió al baño a paso ligero para lavarse la cara y asearse un poco en general. Ren, por su parte, seguía en pie cerca de la ventana. No era de extrañar que entrara tanta luz del sol, pues él mismo se había ocupado de quitar las cortinas de la ventana para adueñarse de la varilla que las sostenía. La estaba usando como una suerte de espada imaginaria para hacer movimientos y estiramientos. Una rutina que se ocupaba de hacer unas cuantas veces en semana y que nunca le había contado a nadie, ni nadie le había preguntado. Era la forma más sencilla que tenía de ejercitarse y mantenerse ágil y fuerte sin estar entrenando abiertamente con cualquier soldadesca. Cuando Syra salió del baño tras unos largos minutos, no pudo evitar mirarle un instante al tenerlo a plena vista de frente. Bastó el rápido vistazo para que su mente tomara una fotografía instantanea de todo cuanto Ren ocultaba bajo la ropa. No fue por atracción física o por deseo sexual, sino por la sorpresa de encontrar un cuerpo tan fuerte, preparado y endurecido en alguien como Ren. Sí, poseía una fuerza sobrehumana, pero aquello era debido a su poder mágico interiorizado. Ahora, podría jurar que rivalizaba con Raven a nivel físico ¿Lo extraño de todo ello? Que Ren era el hijo de Agro Bladelyn, un noble acomodado. Iran era el más popular de los hermanos entre la población debido a su atractivo físico, precisamente, por ser un príncipe que se entregaba a los ejercicios y se había labrado una estructura corporal envidiable. Comparado con Iran, Ren, aún así, parecía un soldado más que el hijo de un presidente. Luego, tras esa rápida reflexión en la que Syra apartó la mirada, acabó reparando en las cortinas dobladas en el suelo -¿En serio has hecho lo que creo que has hecho?-
-¿Por?- Ren detuvo los ejercicios.
-Te juro... que a ratos no sé cómo afrontarte. No sé si eres un engreido munshita, una traicionero Bladelyn o un niño en un cuerpo de hombre-
-¿Te has fijado en mi cuerpo?- preguntó Ren bromista.
-Hay que ser ciega para no reparar en tu cuerpo, pero no ahora, sino día a día. Eres enorme- explicó la chica, tomando ropa del armario y aún sin dirigirle la mirada.
-¿Vas a seguir con ese juego de no mirarme por mucho tiempo, Syra?- Ren cambió el sentido de la conversación al igual que su tono. Ahora hablaba en serio.
-Cuando te pongas algo-
-¿Qué tal una camiseta en la que ponga que madures?- aquella pregunta hizo que Syra le mirara por puro impulso de molestia.
-¿¡Cómo te atreves!?- lo que se encontró fue la sonrisa socarrona de Ren.
-¿Ves? No es tan malo. Soy solo un hombre sin camiseta- Syra bufó exasperada. La acababa de poner de mal humor en plena mañana y con solo un par de palabras. Esa tortura de matrimonio iba a ser tremendamente larga y demoledora.
-Si no quieres que de comienzo a la guerra ahora mismo asesinándote de la forma más cruel que se me ocurra- le señaló dejando de mirarle de nuevo -Vístete-
-Oh, vaya- se encogió de hombros de nuevo -A vuestras órdenes en ese caso, alteza-

Al pasar los minutos, ambos se encontraron vestidos para afrontar el día. Syra tenía unas ideas no muy equivocadas, pues seguramente tras un día tan importante, Aurum querría hablar sobre la situación actual de Solaris así como de cualquier tipo de noticia que se hubiese aireado. Sabiendo como funcionaba el reino, la princesa era claramente consciente de que en esas horas de la mañana, las calles estarían llenas de gente haciendo sus compras del día a día y, más que seguro, de periódicos, así como viendo las noticias matutinas en las televisiones. Sus sospechas se confirmaron cuando la puerta sonó de forma insistente. Antes de que pudiera preguntar, la voz de Raven se escuchó del otro lado -¿Syra? ¿Estás despierta?- preguntó -¿Puedo pasar?-
-Sí, adelante- contestó Ren con una media sonrisa antes de que Syra lo hiciese. La chica le disparó una mirada curiosa y un tanto afilada. Raven, en respuesta, entró con un aura fatua que no escapó a los sentidos de Syra. Nunca había percibido semejante maldad provenir de Raven ¿Se encontraba bien?
-Oh, Syra- sonrió el Maestro al verla allí, terminando de arreglarse el pelo con total naturalidad, apartada de Ren. Ese aura oscura que emanaba de él se esfumó como el humo de una chimenea que arrastra un fuerte vendaval -Buenos días- inclinó ligeramente la cabeza -El rey quiere que el Consejo se reuna en breves. Dusk e Iran ya han llegado- explicó -El Bladelyn también debe comparecer- Syra se extrañó ligeramente, pero tal vez se trataba de una invitación por el asunto de la boda.
-Me llamo Ren, Maestro Garland- aclaró el futuro rey consorte.
-Lo sé- declaró Raven sin fingir que no sentía ninguna tirantez hacia Ren.
-Nos vemos allí enseguida, Raven- dijo Syra amablemente, obviando un poco la situación que percibía de momento. El Maestro de la Guardia asintió amable a la princesa y se marchó. Luego, los recién casados se dedicaron a terminar de arreglarse y a acudir a la Sala del Consejo.

Ren se personó en la Sala junto a Syra no demasiado arreglados, puesto que ya podían estar aparentemente relajados en palacio al haber terminado las formalidades de la boda, sobre todo el Bladelyn, que ya era oficialmente uno más en la familia y no un simple invitado político. Al cruzar el umbral, ambos fueron objeto de examen por parte de los presentes. Syra, como siempre, recibió buenas y cálidas miradas, al contrario que Ren, que prácticamente caminaba despreocupado imitando sonidos de explosiones entre dientes, pues se sentía bombardeado por los hermanos de Syra y por Raven. La princesa, por su parte, no tardó en contemplar y señalar que había una silla más en torno a la elegante mesa del Consejo -¿Y esto?- quiso saber, posicionándose en su lugar y tomando asiento.
-Es la silla de Ren- dijo Aurum.
-Me lo temía- gruñó Dusk -He tratado de contener la curiosidad precisamente porque temía oír esa respuesta-
-Pues de igual forma puedes guardarte tu opinión, así como has hecho con tu pregunta. Es una decisión del rey- señaló Aurum con autoridad -Toma asiento, joven Bladelyn- indicó Aurum con un gesto de la mano.
-Puede que tengas una silla en la Sala- ladró Dusk sin tratar de contener su animadversión hacia Ren -Pero no se te consdierará parte del Consejo-
-Eso también recae en mi decisión- respondió el rey
-¡Cae en manos de todos!- golpeó Dusk la mesa con el puño.
-Cálmate- exigió Syra. Los ánimos se vinieron arriba demasiado rápido.
-¡No me pidas que me calme!- Dusk la señaló con el dedo -Tú deberías estar más furiosa que yo con todo esto ¡Todo le está saliendo a pedir de boca a él, al asesino de su hermano y al viejo fanático que tiene por padre!-
-¡Silencio, Dusk!- tronó el rey -No toleraré semejantes afrentas a un nuevo miembro de la familia, que legalmente se ha casado con tu hermana ayer mismo. Tus palabras envenenadas pueden dar pie a situaciones indeseadas que he tenido a bien tratar de detener con esta unión-
-Guerra, guerra, guerra ¡Lo único que hacemos es hablar de guerra últimamente!- se quejaba el mayor -Padre, es suficiente. Se acabó. Si lo que buscan es guerra, se la daremos- Dusk miró a Ren -Podemos aplastarlos sin que se den cuenta siquiera de que ha empezado una batalla- Ren le sostenía la mirada con una faz desafiante y arrogante, manteniendo la sonrisilla típica que siempre tenía desde el primer día que llegó a palacio. La sonrisa falsa que Syra sabía muy bien que no era la real, la verdadera. Era su máscara, su blindaje ante los ataques de su familia.
-Yo, más que ninguno de vosotros, está harto de pronunciar la palabra guerra. Estoy harto de pensar cada mañana en si será hoy el día o será mañana cuando tengamos que desenvainar espadas y preparar nuestros conocimientos mágicos ¿Y tú, hijo mío, crees que tienes las respuestas a todo esto?- Aurum se inclinó hacia delante -Soy tan consciente como tú de lo que Jiram Bladelyn te arrebató hace diez años y el daño que le causó a tu esposa. Soy tan consciente porque yo también perdí ese día a un miembro amado de esta familia que aún no había nacido, y por la Acronita, te juro que no te perderé a ti también mientras te adentras en las negras tinieblas del odio. Así que vas a entender de una vez que yo no estoy contento con esto. Yo no quiero que mi hija se case con un Bladelyn, no por ser un Bladelyn, sino porque es un matrimonio concertado por puro beneficio político ¡No he tomado la decisión correcta y no me enorgullezco de ello, así que no pienso tolerar que cada día que pase me eches en cara que no pienso en el bienestar de Solaris y en el de mi familia! ¿¡ESTÁ CLARO!?- la mesa, las sillas, los libros y en general todo el mobiliario de la habitación se sacudió con el último estallido de furia de Aurum. Todos los presentes pudieron verse embargados por una oleada de magia que amenazó con arrojarlos al suelo o simplemente postrarles de rodillas. Era como soportar un edificio entero cayéndoles sobre los hombros. Por ello, tras el grito del rey, éste se reclinó cómodamente en el asiento y dejó escapar un profundo suspiro, tratando de calmarse. No se terminaba de encontrar bien y eso Syra lo sabía. De hecho, allá por sus días en Munshad era más consciente de la existencia de la Acronita y menos de la presencia de su padre. En ese mismo instante, sus sensaciones la confundían. Sentía a la Acronita en aquella sala y a su padre en el Santuario, cuando era precisamente al reves. Su corazón latía al unísono con la piedra y de alguna manera imaginaba que no presagiaba nada bueno. Quedaba claro como el agua que aquellas reacciones no le sentaban nada bien al rey, y además, eran inútiles. Syra estaba segura de que Aurum y su hermano podían sentir que de nada servían las regañinas del rey, puesto que Dusk, al igual que Raven cuando entró en la habitación, emanaba una esencia sombría que no hacía más que agrandarse por momentos cuanto más miraba a Ren sentado en aquella sala.
-¿Podemos comenzar?- preguntó Iran, rompiendo el hielo.
-Sí, dejemos de lado las disputas y expongamos las novedades del día- suspiró Syra.
-Por mi parte solo quiero aclarar que no me siento ofendido por las palabras y pensamientos de Dusk- indicó Ren -Su Majestad no tiene nada que temer de este pequeño evento que, por mi parte, queda en el pasado- pese a que él era el eje de todos los problemas actuales en la familia, Syra agradeció esas palabras tan certeras de Ren, puesto que visiblemente Aurum se relajó de forma considerable al oirle decir aquello.
-Bien... Gracias por compartir tus pensamientos con nosotros, Ren- asintió el rey -Empecemos. Hay ciertos asuntos importantes que debemos tratar...-

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