martes, 3 de marzo de 2020

Sobrevolar Solaris fue como un descanso físico y mental. 
Apegada a las ventanas de la aeronave, Syra contempló los enormes edificios y rascacielos que brillaban en tonos naranjas y rosas cuando la luz solar del atardecer se reflejaba en sus enormes cristaleras. La calidez del ambiente era la suficiente como para que todos ya se hubiesen desprendido de sus abrigos. Incluso la sensación, el ambiente, era lo suficientemente distinto comparado con los días vividos en Munshad, de forma que diferenciar las figuras de sus hermanos y su padre en lo alto de palacio, esperando el aterrizaje, hizo que por fin la princesa se sintiese segura.

Nada más descender por la rampa, la chica fue arropada por sus hermanos. Apenas habían sido unos días y para los tres, aquella separación había sabido a semanas. A fin de cuentas, una crianza juntos e incontables experiencias compartidas los habían convertido en una unidad. Syra se dejó abrazar por Dusk, y posteriormente, por Iran. Al mayor le temblaban las manos y el mediano parecía querer mediar en un inminente despliegue de ansiedad. — ¿Todo bien, hermana? ¿Algún problema durante el viaje? — se interesó este último.
— Absolutamente nada. Por fin ha acabado esa tortura.
— Maldita sea. No te deberíamos haber enviado allí — se quejó Dusk.
— Es lo que tenía que hacer ¿No? Ahora ya ha acabado — suspiró con algo de ánimo.
— Y te has comportado como una auténtica reina a pesar de todo — la voz de Aurum, seria y madura, resonó a espaldas de todos. — Estoy muy orgulloso de ti — sonrió con ternura, apoyado en un bastón que le permitía estar erguido. Syra no dijo nada. Sólo se abalanzó a abrazarle y éste le correspondió con la misma ternura. Ella intentó hablar. Había demasiadas cosas que quería contarle y las más importantes no eran otra cosa que disculpas, pero el rey lo impidió. — Bienvenido de nuevo, Ren Bladelyn —. El joven había estado siguiendo a la princesa a una distancia prudencial, y dado el caluroso recibimiento, había encontrado más acertado mantenerse alejado. Al fin y al cabo, la situación era demasiado distinta ahora. El munshita hizo un gesto con la cabeza, nada más.
— ¿Donde está ese desgraciado? — gruñó Dusk, acercándose a pasos amenazantes hacia Ren. La princesa se apresuró hasta tomarle del brazo. Sus intenciones estaban más que claras. — ¿Donde está el hijo de la gran puta que puso en peligro a mi familia? —. Tenía el rostro rojizo y las venas resaltadas. Suficiente como para saber que era necesario calmarle.
— Atado y preparado para ser juzgado — respondió el Bladelyn sin moverse un ápice. 
— ¿Y tú, desgraciado? ¿Tú sabías lo que hacía? — le hablaba tan cerca que las gotas de saliva alcanzaban el rostro del hombre. Syra tuvo que mediar. Sosteniendo el brazo de su hermano, dio un tirón hacia atrás para alejarle un poco.
— Dusk, para. Jiram ya no puede escaparse. Los soldados lo llevarán a los calabozos del Palacio de Justicia y será juzgado por sus crímenes. Vuelca tu ira cuando sea el momento. Ahora no.
— ¡¿Como queréis que me calme cuando tenemos en nuestra casa al mismísimo artífice de todos los problemas que está teniendo el reino?! El hombre que hirió a mi mujer, el hijo de puta que ha promovido que tú estés ahora obligada a casarte con este cabrón — le señaló. 
— Dusk... — intentó intervenir Iran.
— ¿De quien fue la idea de presentar a mi hermana en público? ¿Eh? ¿Fue tuya? — se acercó de nuevo a Ren, intimidante. — ¿Y donde se suponía que estabas mientras descubría que tu familia está manchada de sangre de inocentes? Ya lo sabemos todo, maldito desgraciado.
— Hijo, retírate — ordenó Aurum, solemne. — No vamos a conseguir nada dejándonos llevar por la ira. 
— ¡No intentes volver a reblandecerte! Sabes tan bien como yo que todos los Bladelyn deberían ser juzgados por ocultar todo esto desde hace años. Eso siempre y cuando puedan demostrar que no han colaborado todo este tiempo — siseó como una serpiente.
— Dusk, tranquilízate. ¿Quieres? — insistió. — Iran, llévate a tu hermano y procura que se calme. Syra y Ren, descansad un rato. Os quiero antes del anochecer en el Consejo, a todos. Lo mismo por ti, Raven Garland — El guardia, que hasta entonces había estado observando la escena, dio un paso adelante. — Está claro que esta situación no puede seguir así — terminó por decir. — Idos ya.

Syra se tomó el lujo de pasar más de una hora en el baño. Para cuando decidió salir del mismo, tenía los dedos arrugados y el pelo tan húmedo que se le crearon ondas más definidas de lo normal. Después, se permitió relajarse sobre su cama unos instantes. Estar en casa sabía a gloria, a pesar de todo. Cuando se dirigió al tocador para terminar de arreglarse, posó sus dedos sobre la herida del labio y ésta, en cuestión de segundos, desapareció. 
Para cuando por fin salió de la habitación, tuvo que admitir que fue extraño para ella no encontrarse con Raven. Sí, seguía siendo su guardia, pero ya no corría peligro. No tanto, al menos. Pero ¿Hasta cuando seguiría siéndolo? La charla de aquella mañana con Ren la había enfurecido de sobre manera, se sentía controlada y exprimida hasta el último ápice de su ser con aquel trato. Podía hacerlo, podía cumplir con su deber, pero no deseaba dejar de ser quien era.

La Sala del Consejo estaba llena y ella fue la última en llegar. Con una sonrisa saludó a su guardia y al rey, intentando no mostrarse sorprendida aún por ver a Ren allí sentado. No estaban casados aún, de forma que él no formaba parte del Consejo. Pero, de alguna forma, entendía que él debía estar allí esa noche. — Bien, ya estamos todos — comenzó a decir Aurum. — Lo primero de todo, os debo una disculpa a los recién llegados. Lo justo sería que os dejase descansar pero preferiría no demorar esto más. Lo siguiente que quiero es aclarar la situación para que quede clara: Jiram Bladelyn, hermano de Ren Bladelyn e hijo del Presidente de Munshad, será juzgado por un juez mediante una tramitación especial en la que el Gobierno, es decir, todos nosotros, se personará como parte acusatoria en todo momento. — Syra asintió a cada palabra tras tomar asiento junto a Dusk. El mayor no quitaba ojo de Ren, quien se había sentado lo más alejado posible a él al rededor de la mesa. — El reino entero ya conoce este hecho. Yo mismo he escrito una misiva para aclarar lo sucedido, de forma que, como comprenderás, Ren, tu apellido está aún más manchado ahora mismo. No sé que se pregunta la gente pero me imagino que no comprenderán porqué la princesa va a contraer nupcias con el hermano de un enemigo.
— Yo tampoco lo entiendo — murmuró el príncipe. 
— En cualquier caso, tendrás que colaborar para que la sensación de que nos estamos uniendo con unos terroristas se calme. Deben separaros a ti y a tu padre de tu hermano. — Ren asintió. — En cualquier caso, espero que comprendas la situación en la que ahora se halla tu hermano.
— No pretendo que sea tratado con cortesía por tener lazos de sangre conmigo, si es a lo que os referís — aseguró el joven.
— No sólo no puede ser tratado con tratos de favor, sino que además caerá sobre él todo el peso de la ley. Las consecuencias de sus actos recaerán sobre sus hombros. Y está claro que la pena será la más grande posible. 
— Lo sé y lo comprendo. Os aseguro que estoy a favor de que Jiram sea condenado por todo cuanto ha hecho. Me desentiendo de mi conexión con él. — Syra le miró al oirle decir eso. La situación estaba extremadamente tensa entre los dos. La brecha que los separaba se había agrandado enormemente después de que ella descubriese a su hermano. Y dado que no le conocía, no sabía hasta que punto aquello iba a condicionarlos a ambos. En el mundo, no había peor persona con la que casarse que él.
— He decidido que el juicio se celebre tras la boda — continuó.
— ¿Qué? ¿Por qué? — Iran, que hasta entonces se había mantenido calmado, no podía evitar que su sentido de la justicia hablase por él.
— Lo he pensado y creo que es lo más inteligente. Si juzgamos a Jiram ya, no lo estaríamos haciendo como unidad. Sin embargo, si se celebra el juicio tras la boda, estaremos personificados todos juntos contra él. Ya no hablo sólo de que Agro Bladelyn esté de nuestra parte. Ren se mostraría como acusación perteneciendo ya a nuestra familia. Acusaría a su hermano como futuro rey — aquellas últimas palabras hicieron que Dusk compusiese un gesto desagradable.
— No siempre vas a conseguir manipular a todo el mundo — se quejó éste. 
— Dusk, tu comportamiento está dejando que desear.
— ¿Sabes qué? No me importa. Como siempre, tomarás las decisiones que te vendrán en gana sin tan si quiera pararte a pensar en qué pensamos nosotros tres al respecto. Piensa lo que quieras, padre, pero yo seguiré defendiendo que has cedido demasiado.
— Estás faltándole el respeto a alguien que va a formar parte de nuestra familia muy pronto.
— ¡Éste miserable nunca va a ser parte de mi familia!
— Pues lamento comunicarte que así será, Dusk. ¡No hay otra opción! ¡No hay otra alternativa! Los Bladelyn nos propusieron un reinado independiente y no cedimos. Los Bladelyn nos propusieron compartir el poder y no cedimos. Los Bladelyn responderían con guerra de no ser porque hemos llegado a este acuerdo. Syra y Ren se van a casar. Ambas familias se van a unir y tu no puedes objetar nada ya al respecto porque esto es lo mejor para el reino. Te recuerdo, hijo, que eres el mayor de los Chrone y que siempre deberás actuar como tal. ¡Céntrate en la labor que te ocupa y muéstrate agradecido de haber encontrado una opción que nos satisface a todos! — le reprendió. Hacia años que Syra no veía a su padre malhumorado y adoptado una actitud tan instructiva. Dusk acabó cruzándose de brazos y bajando el rostro, puesto que contradecir al rey en aquella situación era algo imposible. En cuanto a los demás, todos temieron que Aurum volviese a sentirse mal. Por suerte, éste suspiró y se relajó. Sus hombros perdieron tensión y devolvió la mirad a su hija y a Ren, tan amable como pudo. — Es lo que hay. Y deseo de todo corazón que a partir de ahora, lo aceptéis — suspiró. — En parte os he reunido aquí para eso. Debéis recordar quienes sois. Os guste o no, los privilegios que ostentamos se pagan con el sacrificio de nuestra propia integridad. Los sentimientos como la ira y la rabia no tienen cabida en esta casa ni en este apellido.
— Majestad, si queréis que me vaya... — Ren debió sentirse incómodo, puesto que aquella reunión se había convertido en una discusión familia sin quererlo.
— No, necesito comentar algo más y tu opinión ya es válida entre nosotros. La sangre no es la que nos da entrada a participar en este Consejo, Ren — le confesó con tranquilidad. — Otra de las cosas en las que he estado pensando es la fecha de la boda. Lo normal en estos casos sería aplazarla hasta el año que viene, pero temo que alargar la situación nos traiga nuevas consecuencias. ¿Qué os parece celebrarla en verano? 
— ¿En verano? ¿Tan pronto? — Syra se alteró. Apenas quedaban un par de meses. En todo momento había pensado que la celebración se llevaría a cabo pasado mucho tiempo. Quizás, cuando ella y Ren se conocieran mejor, de alguna forma. 
— Puedo atrasarla más si queréis, pero tened en cuenta que...
— Da... da igual. Está bien en verano — aseguró Syra, haciendo acopio de responsabilidad. Tras el consentimiento, Aurum pasó a mirar a Ren. Éste no hizo más que asentir conforme.
— De acuerdo. Podemos hacer esto de dos formas: la rápida y sencilla o una manera más participativa para ambos. Con la primera, contrataríamos a algunos profesionales para que lo hagan todo por vosotros y así no tengáis que preocuparos de nada. Con la segunda, podéis tomar parte y sugerir lo que queráis. Es un acuerdo, pero ambos tenéis que estar lo más cómodos posible.
— La segunda es mejor — intervino Iran de sorpresa. Syra incluso se extrañó. — No es por nada, pero esto está siendo demasiado artificial ya como para que ni si quiera ella forme parte de esto — alegó, señalando a Syra. Hasta a mi me da asco sólo de imaginarlo — bufó. — Siempre y cuando no te suponga un problema, claro. Cecile te podría ayudar, me dijo que quería estar contigo en todo esto. — Cecile. La buena de Cecile. La princesa tuvo que sonreír con ternura tras imaginarla buscando el lado bueno de cada situación en todo momento. Iran se rascó la nuca, reflexivo. — Me ha dejado bastante claro que quiere apoyarte. Ya ves que es ingenua hasta en las situaciones más claras.
— Se lo agradezco mucho, Iran. Yo... supongo que...
— Haré lo que más te apetezca hacer — se adelantó Ren. Su acelerada muestra de colaboración incluso con la celebración tomó a la chica por sorpresa. ¿Donde estaba el hombre rabioso y amenazante de hacia unas semanas? El cambio era demasiado brusco.
— Está bien. Lo iremos hablando — terminó por confirmar.
— Perfecto. Mañana mismo podemos conversar si queréis sobre las invitaciones. Tenemos mucho en lo que trabajar en este corto periodo de tiempo — terminó por zanjar el rey. — Por todo lo demás, seguiremos hablando mañana. Podéis idos. — Dicho y hecho, todos se levantaron. Dusk fue el que menos demoró. Sin despedirse de nadie, tomó camino para irse, sólo que se detuvo unos instantes para acercarse al oido de su hermana.
— No te conviertas en él — susurró antes de desaparecer. Hablaba de su padre, estaba claro.
— Syra, tu no te vayas. Quédate.

Cuando la Sala del Consejo quedó vacía, la chica perdió los modales y se sentó junto a su padre como siempre hacía. Las dos piernas cruzadas sobre el asiento y un codo sobre la mesa. Syra quería empezar a hablar, comenzar a decir todo aquello que se estaba guardando desde hacía unos días, pero estaba claro que era Aurum quien más necesitaba tomar la palabra. Había dejado de lado el rostro afable para mostrar su expresión real, cansada, agotada y preocupada.
— Siento mucho todo esto que está ocurriendo, Syra — sus manos temblaron sobre su regazo. — Jamás habría deseado tener que mezclarte con todo esto.
— No te disculpes. Entiendo que era lo que había que hacer — insistió la chica. — Yo quiero disculparme por lo que te dije antes de irme. No quise decir aquello último.
— Lo sé. No me lo tomé en serio. Reaccionaste como debías reaccionar. Si hubiese sido yo al que le hubiesen tendido la misma trampa con tu edad, seguramente me habría escapado de casa o algo así — bromeó. — Tú, sin embargo, lo sobrellevas con entereza. Te he educado bien.
— No me queda otra, supongo — comentó ella con desgana. 
— No me lo voy a perdonar nunca.
— Déjalo ya, padre.
— Es que sé que le odias. Tú, tus hermanos... todos le odiáis. Y nada me apenas más que unirte a él a sabiendas del lugar del que proviene. Pero... no había más que hacer... no podemos dejar que Solaris arda — sus ojos estaban inundados de lágrimas. Hacia años que la mujer no veía a su padre llorar.
— Padre... La Acronita me eligió, quizás, por esto — le recordó. — Si no acepto lo que mi papel requiere, seré una mala reina siempre. Y no es lo que quiero. Lo que sí quiero saber es la verdad.
— ¿Qué verdad? — Aurum la miró sin comprender.
— Tú sabias como estaba la situación en Munshad y los alrededores ¿Verdad? Sabías que la gente se mata por un conflicto miserable desde hace años.
— Syra...
— ¿Sabes que en Munshad se nos acusa de corruptos? ¿De dejar de lado al norte del reino?
— La situación siempre ha sido complicada. Y yo siempre he intentado mantenerte alejada de los conflictos más complicados hasta que no pudiese hacerme cargo de ellos. Me equivoqué. Te ruego que me perdones por...
— No tengo nada que perdonar padre, ya te lo he dicho. Confieso que me he sentido como una estúpida al comprobar con mis propios ojos la situación, y que de haber estado prevenida, quizá algunas cosas no hubieran llegado a pasar. Pero quiero que trabajemos a partir de ahora en solucionar eso. Me lo debes. No puedes volver a dejarme de lado — Aurum asintió. — Además... estoy segura de que Munshad está mucho peor de lo que debería no sólo por la actuación de Jiram. Hay algo en Agro Bladelyn que no me gusta, padre.
— ¿A que te refieres?
— Al poder que emana de él y todo lo que le rodea... Tenemos muchas cosas de qué hablar.



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