Con las órdenes dadas, Ren y Syra se encontraron de nuevo en la habitación para ir preparando las maletas y cualquier cosa que les fuese necesaria o de utilidad a la hora de viajar hacia Steela. Era una experiencia nueva para ambos, sin duda. La primera vez que la pareja verían tierras extranjeras de primera mano y no en televisiones o reportajes fotográficos. Ambos solo sabían lo básico y mínimo: la cultura en Steela era bastante distinta, así como su gente. Los rasgos eran más afilados, de pieles pálidas por naturaleza y de una belleza muy sutil y frágil, como una suerte de ángeles caídos del cielo. Eran finos, elegantes, extraordinariamente educados y dedicados al trabajo por encima de todas las cosas. El gobierno estaba formado por un Imperio heredado, de modo que los máximos gobernantes eran hermanos entre sí y uno de ellos, el emperador, era el que comendaba al resto de los hermanos. No era de extrañar, por tanto, que hubiese muchísimias disputas a lo largo de los años por quién debía controlar el Imperio dado que los emperadores tenían el gusto de tener más de diez hijos, a veces más de veinte. Obviamente, no siempre tenía por qué ser con la misma mujer. Allí no se estilaba la monogamia, precisamente. Raro era el emperador que tenía menos de cinco mujeres distintas y por ello, parecía ser el sueño de toda jovencita de buen ver de Steela: ser parte del harem imperial. Ren, mientras metía sus ropas en la maleta, reflexionó sobre ello -Ahora que lo pienso, cuando el emperador Shiro nos reciba... ¿Lo hará con todas sus mujeres?-
-¿Qué más da eso?- preguntó Syra con paciencia, un poco distraida en sus pensamientos.
-Me resultaría un tanto divertido que pareciera que nos recibe una turba de ciudadanos y resultara que solo son sus innumerables amantes- soltó una risilla -¿Te imaginas que le entras por los ojos y te ofreciera un sitio en su corte de novias?-
-Al menos me quitaría todos estos dolores de cabeza. Solo me tendría que limitar a vivir la vida lujosa y a tener todo cuanto quiero a cambio de darle mimos- comentó la chica desganada, terminando de adecentar la maleta. Notó un denso silencio por parte de Ren, de forma que le miró. Este le miraba extrañado, con una camisa a medio meter en la maleta -Es broma, Ren- explicó ella con impaciencia, como si estuviera hablando con un idiota.
-¿Es una broma lo que acabas de hacer?-
-Claro, te lo estoy diciendo-
-¿Significa eso que empezamos a llevarnos bien?- mostró una media sonrisa.
-Lo que significa es que soy humana y tengo sentido del humor-
-No me lo esperaba-
-¿Qué?- contestó seria -¿De verdad te crees que me gusta ser una noble tiesa como un palo?-
-No. Lo de que seas humana, digo-
-Idiota- Ren se echó a reír y oirle reír, por extraño que fuera, le hizo dibujar una pequeña sonrisa a Syra. La chica terminó su equipaje y se sentó en el borde de la cama con un pesado suspiro.
-¿Qué ocurre?-
-Nada- negó con la cabeza.
-Vaya, resulta que los matrimonios realmente son así- se encogió de hombros.
-¿A ti qué te pasa?- quiso saber la chica mirándole desde su asiento -¿Por qué de golpe y porrazo ahora tratas de ser un amor de persona?-
-Así que un amor, eh. Lo tendré en cuenta-
-Hablo en serio, Ren. Has sido un descarado engreido desde que llegaste. Solamente hablamos sinceramente un poco cuando Tarkav y luego pasó lo de la boda. En Munshad apenas te veía el pelo y si te veía eras como una especie de muñeco sin alma. Regresamos aquí e igualmente seguías siendo ese hombre extraño, siniestro y melancólico que se paseaba por palacio haciendo su vida ajeno a los demás y teniendo tensiones más que obvias con mis hermanos y con Raven- bufó -Pero desde la boda, de pronto, pareces animado, más alegre y te dedicas a bromear. El Ren que he conocido hasta hace unos días se habría enzarzado con mi hermano Dusk en una discusión que podría haber acabado en pelea y sin embargo has mantenido un temple digno de la realeza para no entrar en debates insulsos y de paso, ayudar a mi padre a manejar la situación. No soy estúpida ¿Qué estás tramando? ¿Qué buscas?- a Syra le respondió el sonido de la cremallera de la maleta de Ren cerrándose. Obviamente, aún les quedaban una o dos más maletas que hacer a ambos. El Bladelyn se metió las manos en los bolsillos de forma casual y caminó a través de la habitación, un tanto reflexivo mientras buscaba palabras para hablar con Syra -¿Y bien?-
-¿No le estás dando muchas vueltas a eso?- quiso saber Ren.
-¿Muchas? Eres un misterio personificado. Eres más difícil de predecir que tu propio padre, que ya es decir. Dioses, eres más difícil de predecir que las anomalías. Y sinceramente, preocupa-
-¿Te preocupa que simplemente quiera hacernos la vida más fácil?-
-Sí- declaró ella, cruzándose de brazos -En ningún momento has tenido la intención de hacerlo fácil. Ni en broma. Llegaste con pretensiones de guerra, se te veía a lo lejos. Y después propones la boda y te quedas tan pancho. Ahora, recién casado, pareces otro. Está claro que ocultas algo, Bladelyn. Algo que no me gusta ni un pelo y que entiendo que tiene a mis hermanos y a la guardia echando chispas por tu culpa-
-A la guardia le importo poco, el problema es el Maestro Garland- señaló Ren -Y sobre tus hermanos, son solo prejuicios. Desde la familia Bladelyn hemos querido demostrar nuestro desdén por las maldades de Munshad al permitir sin problema alguno el enjuiciamiento de Jiram y su encarcelamiento. La boda ha sido para calmar los ánimos de la gente y para detener las revueltas en Munshad ¿Cuántas has oído desde que vinimos aquí? Los ánimos parecen haberse calmado un poco-
-La prensa se preocupa por las anomalías que cada vez son más frecuentes- aclaró Syra.
-Sea como sea, no oculto nada. Simplemente he pasado aquí el tiempo suficiente, en este lugar, con vosotros, para comprender ciertas cosas-
-¿Y qué cosas son esas?-
-Que sois buena gente- dijo simplemente -No sois los tiranos que en Munshad creen que sois- Syra se quedó pensativa, mirándole con la cabeza un poco ladeada.
-¿Tú... creías que eramos tiranos?-
-Todos lo creiamos. Jiram lo creía, Claire lo pensaba... Bueno, ellos seguramente lo siguen pensando. Mi padre nunca os llamó tiranos explícitamente pero tampoco corregía aquellos pensamientos. Supongo que la relación de Jiram con el terrorismo le ha hecho sentirse culpable y ha aceptado toleraros para no agravar la situación- se encogió de hombros el Bladelyn.
-Estaba claro el desprecio y la animadversión por impedir la secesión pero... ¿Tiranos? No les hemos hecho nada malo. El odio es como el fuego, desde luego...- reflexionó, cabizbaja.
-El odio no es el fuego, el odio es solo la gasolina- corrigió Ren.
-¿Qué?-
-El fuego quema y se apaga. La gasolina, sin embargo, se extiende hasta allí donde la derrames y hasta ese punto arrastra las llamas. El odio no es más que la gasolina que se extiende a distintos tipos de pensamiento. Yo puedo odiarte y tú puedes odiarme, pero eso no significa que nos consideremos, por ejemplo, tiranos, si no hemos hecho algo digno de merecer ese nombre. Pero si echamos leña al fuego, si simplemente nos untamos en mentiras, traiciones y juegos de sombras, lo podriamos llegar a pensar. Extender lo inflamable hacia nuevas corrientes de pensamiento, que a su vez, extienden más aún si cabe el alcance del fuego, hasta encender la mecha del conflicto bélico- reflexionó el Bladelyn, pensando más bien en voz alta, como si estuviera solo.
-Como digo, eres extraño hasta decir basta- suspiró Syra -Oyéndote, casi pareces un aliado de los Chrone-
-Supongo que eso hará que estre matrimonio sea interesante: el tratar de descifrarme- sonrió.
-En serio... ¿Quién eres, realmente?- Ren no contestó porque llamaron a la puerta de manera insistente. Era Raven. Solo bastaba con distinguir esa forma de llamar a la puerta.
-Syra ¿Estás ahí? ¿Puedo pasar?- Ren fue a contestar como de costumbre, pero Syra se adelantó velozmente a invitarle a pasar. El Bladelyn entornó la mirada y la contempló con interés. Ella le devolvía la misma mirada. Raven, al entrar, se encontró a ambos mirándose en silencio -¿Sucede algo?-
-Teniamos un interesante debate. Asuntos de pareja- contestó Ren.
-Agro Bladelyn y Claire Bladelyn se marchan. Están a punto de embarcar en la aeronave y el rey os llama para despedirlos formalmente- dijo, ignorando a Ren y mirando a Syra.
-Gracias Raven, enseguida vamos- el Maestro asintió y salió de la habitación, pero se quedó haciendo guardia en la puerta. Cuando la pareja salió, éste los "escoltó" hasta el helipuerto en el piso superior de la torre.
La aeronave, no demasiado grande, arremolinaba los vientos con sus motores encendidos. El ruido era un tanto desagradable, ya que los Munshad no contaban con un transporte tan puntero como los Chrone y Solaris en general. Los soldados de la guardia habían terminado de subir el equipaje de ambos a la aeronave, de modo que solo quedaba despedirse. Agro y Aurum se estrechaban la mano con firmeza mientras que Ren y Syra llegaban al punto donde todos se encontraban. Claire se miraba las uñas, aburrida, harta de escuchar palabras amables entre Agro y Aurum como si no hubiesen sido enemigos durante años. Finalmente, el regente de Munshad se despidió de Syra y de su hijo como si fueran una bendición de los cielos -Buen viaje, padre- asintió Ren -Y buen viaje, Claire-
-Que te den por el culo, Ren- contestó la chica con cara de pocos amigos -¿Me oyes?-
-Alto y claro- respondió Ren. Claire le disparó una sonrisa sarcástica instantanea a él y a Syra y se metió en la aeronave.
-Disculpadla. Todo lo de la boda, Jiram y demás...-
-Es comprensible- suspiró Aurum, adelantándose.
-Pero estaría bien educarla mejor- añadió Ren.
-Ya...- Agro lo miró extrañado por oirle decir aquello -Supongo que debería de haber sido más duro con mis hijos- aquello llevaba intenciones hacia el propio Ren y él lo sabía. Sin embargo, en Solaris se sentía a salvo de su padre y, de igual forma, eso era percibido por Agro. Como artífice y manipulador tras todo lo que acontecía entre Solaris y Munshad, no le gustaba en absoluto ver que Ren se sintiera envalentonado en la capital y junto a los Chrone. Él era su mayor baza y no podía perderle como peón en la partida o sus planes estarían condenados.
Finalmente, el enorme aparato despegó rumbo a Munshad con el rugir de sus motores, desprendiendo grandes fogonazos que impulsaban la nave. El silencio se hizo en aquel helipuerto donde se notaba bastante la ausencia de Dusk e Iran -¿Y mis hermanos?-
-No han considerado propicio despedirse de Agro- contestó Aurum con un tono jocoso.
-Cuando dices "no han" quieres decir "no he" ¿Me equivoco?-
-Chica lista- sonrió el rey -Bastante tensa está la cuerda. Acercarlos a Agro es solo echar leña al fuego. Con mis dispensas, Ren-
-No hay nada que disculpar. Soy consciente de que todos estos años no desaparecerán con una boda. Si vosotros estuvieseis en Munshad, la situación sería la misma. Como hemos podido ver, Claire no es precisamente un encanto. Y aunque mi padre esté suavizado por lo de Jiram, tampoco lo es-
-Cuanta sinceridad- rio el rey -En fin, preparemos vuestro transporte ahora- dijo el rey, tomando a su hija por los hombros y caminando junto a ella, hablando sobre Steela. Ren y Raven los siguieron desde atrás para que pudieran hablar tranquilamente.
-¿Y tú eres un encanto?- preguntó Raven en baja voz para que solo Ren le escuchara -Hablas de tu familia como si no formaras ya parte de ella. Y en tu sangre, en tu mente, en tu futuro, está la negra mancha de los Bladelyn-
-Puedo ser más distinto de lo que tú crees. Todos, a fin de cuentas, tenemos nuestra propia mentalidad- excusó Ren sin tener por qué.
-No te creo. Eres un parásito. Es cuestión de tiempo que tu naturaleza salga a la luz y quedará patente que eres un peligro. Entonces podré destruirte. Reducirte a átomos- gruñó Raven casi incapaz de controlarse.
-¿Sabes, Garland?- Ren se giró un poco para mirar a la cara al Maestro de la guardia -Creo que es algo que le podrás preguntar a Syra dentro de una o dos semanas, ya que estaremos a solas. Procura no añorarla demasiado. Te aseguro que le bastaré para que ella ni se acuerde de ti- la sonrisa llena de veneno casi impulsó a Raven a desenvainar de nuevo el arma, pero Syra y Aurum le verían además de haber quedado claro que no serviría de nada. Pero solo pensar que iban a estar solos...
-Vamos Ren- llamó el rey -Los preparativos finales apremian. El emperador os espera-
-Voy, Majestad- asintió Ren y volvió a mirar a Raven. Ambos se separaban del ascensor unos metros, de forma que la princesa y el rey los esperaban dentro -Trata de comportarte como un buen perrito faldero y no retrases más los asuntos de la familia real ¿Quieres?- concluyó Ren, echando a caminar. De Raven, una vez más, manaba aquella nube mágica de tinieblas ¡Dioses, era divertidísimo provocar a ese hombre!
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