miércoles, 4 de marzo de 2020

Desde entonces, pasaron los días, las semanas y los meses. Ren y Syra se veían y hablaban lo justo para aclarar temas y seleccionar motivos y decoraciones para el día de la boda. También, junto a Aurum, firmaban cartas que se enviarían formalmente y de manera tradicional a los regentes de las regiones de Solaris, incluyendo por supuesto a Agro Bladelyn para desgracia de la muchacha. La pareja, además, tenían que atender a diversos tipos de entrevistas. Algunas se realizaban en las puertas de palacio y otras dentro del mismo palacio. Esos casos eran los más tensos para ambos, dado que tenían que fingir en todo momento que eran una pareja cálida y cercana el uno con el otro, que el amor estaba naciendo y fluyendo entre ellos. Alguna que otra vez hasta se tuvieron que coger de la mano en mitad de la entrevista. Cuando estas finalizaban, Ren comprobaba con asombro lo rápido que Syra desaparecía de su vista. Con cierto humor se preguntaba si era así como se sentía el ciudadano medio cuando la persona que le gustaba le rechazaba, y no por el hecho de que ella le gustase a Ren, sino por la sensación de abandono y humillación que le provocaba esa reacción de la chica. No obstante, odiaba admitir que la comprendía. Más que nunca, de hecho, después de descubrirse lo de Jiram.

Apenas quedaba entonces una semana para que llegase el día de la boda. El palacio estaba vivo como a principio de los días en los que Ren llegó. El servicio estaba radiante, siempre recorriendo los pasillos. Los patios estaban llenos de trabajadores y diseñadores que tomaban imágenes mentales de cómo iban a montar todo el tinglado para la cena y disponían los espacios para que los invitados estuvieran lo más cómodos posible. Ren observaba todo aquello desde una cristalera en mitad del pasillo central que daba a las escaleras y ascensores para bajar o subir plantas. Era un lugar que le gustaba: era uno de los puntos más elevados de palacio donde podía ver casi la totalidad de la ciudad pero a su vez le permitía contemplar los jardines. Además, tenía acceso a cualquier planta desde allí. Era una zona amplia, no un mero pasillo de tránsito. Contaban incluso con cómodos sillones rellenos de espuma que abrazaban la espalda al sentarse. Contaba también con una mesita en frente de dichos sillones y hasta algún que otro estante con libros. Parecía una especie de recepción de una gran empresa, pero no era por otro motivo que por el simple hecho de que las vistas eran espectaculares.
-¿Nervioso?- preguntó una voz tras Ren, que lo sobresaltó. Este se giró para encontrar a Aurum mirándole con una sonrisa paternal.
-No, qué va- intentó Ren devolverle la sonrisa, pero fracasó. Era muy torpe al tratar de sonreír por cortesía. Solo se le daba bien de verdad si era para provocar o con ironía -Solo contemplaba los trabajos que hacen allí abajo-
-Grandes profesionales, estos hombres y mujeres- el rey se acercó hasta su lado, caminando con su bastón. El mismo artilugio hacía resonar suaves ecos en la zona de descanso del pastillo al caminar -Espero que sea de tu agrado-
-Yo espero que sea del agrado de Syra- se encogió de hombros el muchacho -A mí me da igual- aquellas palabras hicieron reír al rey.
-Nunca nos hemos sentado a hablar tú y yo en calidad de familia- le recordó Aurum -¿No crees que va siendo hora?- el muchacho miró al rey extrañado.
-¿Os parece bien?-
-Vas a casarte con mi hija. Algún día, supongo, me daréis nietos- ladeó la cabeza Aurum. Aquellas últimas palabras hicieron carraspear a Ren -Lo menos que puedes hacer es empezar a tratarme de tú y aceptar tomar un té conmigo-
-Cuando gustéis. Digo... gustes- se corrigió.
-Ahora- dijo Aurum -Ven conmigo- sin esperarlo, Ren se acababa de ver envuelto en una situación un tanto violenta para él.

Lejos de trámites políticos, negocios e intereses del estado, Aurum llevó a Ren consigo hasta la zona de los jardines. Se acomodaron en el templete donde meses atrás conmemoraron a Raven como Maestro de la Guardia, donde ahora gozaban de un par de cómodas sillas y una alargada mesa donde poder descansar, relajarse y tomar algún refrigerio. El servicio no tardó en absoluto en traer el té, puesto que Aurum ya lo había ordenado antes incluso de hablar con Ren. El Bladelyn se percató de esto, de manera que observaba divertido el cómo Aurum trataba de aparentar que era un encuentro casual con su futuro yerno -La verdad es que me alegra haberme encontrado contigo. Tenía ganas de relajarme un poco de tanto papeleo y...-
-No es necesario que me mientas, Majestad- contestó Ren. Éste se remango las mangas de la camiseta blanca que tenía puesta, pues ya hacía calor pese a que fuese de tela fina -Es obvio que lo tenías planeado- Aurum sonrió divertido
-Perspicaz. No dejas de ser observador ni cuando te encuentras en posición favorable- tomó con delicadeza la taza de té y la brindó a Ren -Y eso lo celebro- sorbió.
-¿Cuál es la verdadera razón de esta reunión?- quiso saber el joven, dando un sorbo también a su té. El sabor de Solaris empezaba a gustarle, tras tanto tiempo allí.
-No es una reunión, Ren- el rey lo miraba con curiosidad -¿Es que para ti todo son formalidades?-
-¿No lo es para todos?- se cuestionó el munshita.
-Cielos... ¡Claro que no!- se sorprendió el rey, dejando la taza en la mesa. De fondo, los trabajadores tendían telas blancas y adornaban los jardines con flores azules y celestes -Si vas a formar parte de esta familia debes aprender a distinguir entre el trabajo y la vida personal-
-Majestad...- Ren suspiró -¿Eres consciente de que este matrimonio es pura conveniencia, verdad?-
-Te diré que podría ofenderme profundamente por lo que me acabas de preguntar, teniendo en cuenta que soy el rey y el padre de la novia- tamborileó con los dedos sobre la mesa, pero le dio una oportunidad a Ren -Sé que no estáis enamorados y que nos cuiden los dioses si eso llega a pasar-
-Así que lo ves como un imposible- bebió Ren.
-Nada en esta vida es imposible. Hay muchas cosas que la gente cree que no se puede realizar y sin embargo se equivocan- bebió el rey.
-Como curar heridas mediante la magia- al decir aquello el Bladelyn, Aurum casi escupió el té
-¿Qué has dicho...?- lo miró amenazante, de pronto.
-Lo sé. Sé que existe ese poder- se encogió de hombros Ren -Cuando Syra y yo nos perdimos en los bosques de Tarkav tras la explosión del fenómeno en Glamora, perdimos nuestros poderes temporalmente-
-Sí- invitó el rey a continuar.
-Para probar que así era, Syra trató de curarme la herida- se señaló la cicatriz de la cara -Y no funcionó, pues no tenía poder. De haberlo tenido, la habría cerrado sin problemas-
-¿Y qué opinas al respecto?-
-¿Qué he de opinar?-
-Algo debes considerar al respecto, supongo. La familia real, los defensores de Solaris, ocultando que tienen el poder de sanar a toda persona herida o enferma del reino y, sin embargo, aquí están: celebrando una boda- Aurum sonaba inquisitivo. Sabía que esa información en manos del Bladelyn era un arma poderosa que esgrimir contra ellos.
-¿Qué puedo decir?- dio otro sorbo al té -Simplemente tenéis un poder que puede beneficiar a todo un reino y no lo usais. Vuestras razones debéis tener- tras decir aquello, ambos se miraron en silencio largo rato -No os juzgo- concluyó el Bladelyn. Aurum suspiró.
-Hay miles de casos que no merecen desconocer este poder. Hay gente enferma ahí fuera, Ren, niños, futuras madres, padres de familia que se destrozan el cuerpo en un trabajo peligroso y necesitan estar en forma para sacar adelante a sus seres queridos...- negó con la cabeza -Pero el poder de sanar no es precisamente fácil o sencillo. No cualquiera puede llevarlo a cabo. Solo aquellos ligados a la Acronita somos capaces de realizarlo y conlleva un desgaste. La muerte es un evento que está ligado y, a su vez, desligado de la magia. Es un fenómeno paradójico en sí mismo. Por ello la única forma de revertir su abrazo no es más que el uso de la torsión del tiempo que nos permite la Acronita-
-Realmente es un poder aterrador, el de esa piedra- señaló Ren, vertiendo más té en su taza.
-"Esa piedra"- repitió Aurum mesandose la barba, divertido -Una piedra que puede decidirlo todo, chico. Por eso espero que comprendas el por qué guardamos todo este secreto. Es un poder que trae consigo un temible doble filo. No puedes devolverle el tiempo de vida a alguien que no lo tiene. Debes dar el tuyo-
-Así que si vais curando a los enfermos, acabaréis muriendo- observó Ren.
-Exacto. Quizá no nos haría graves daños el curar enfermedades pasajeras. Podría quitarte el resfriado y eso a mi no me repercutiría en nada- soltó una risilla el rey -Pero sanar heridas graves o enfermedades terminales que ya han sentenciado a la persona... Es otra historia- hablaba distante, pensativo, recordando. Ren se percató y no quiso ahondar demasiado.
-Así que todo esto me lleva a reflexionar en que crees posible que Syra y yo podamos llegar a enamorarnos- volvió atrás el Bladelyn, a retomar el tema.
-Oh, podría pasar- bebió el rey hasta acabarse la taza -Pero creo que no será posible por factores externos más que internos- asintió Aurum -Porque en lo que a ti respecta, considero que me estás demostrando que eres distinto de lo que creía que serías-
-¿Y eso por qué?-
-Eres un Bladelyn, Ren. Has crecido en el seno de la familia regente de Munshad. Criado por un padre como Agro Bladelyn... realmente esperaba y contaba con que a día de hoy ya hubieses intentado matarnos a alguno-
-No sé si es un halago- comentó confuso Ren, haciendo reír al rey.
-Desde mi perspectiva, lo es ¿Sabes cuándo fue la última vez que estuve sentado dialogando con un Bladelyn? Hace más de una déacada. Con tu padre, precisamente. Antes de que tomara las riendas de la rebelión, que no del terrorismo. Al menos, estoy de parte de considerar a tu familia inocente hasta que se demuestre lo contrario- apuntó -Y aún así, Agro fue una compañía terrible: arisco, arrogante, fiero y guerrero. No supo hablar de otra cosa que no fuera Munshad y su tan anhelada independencia- el rey volvió a llenarse la taza con té -Nunca pensé que volvería a tener la oportunidad de entablar diálogo con un Bladelyn como... amigos-
-Amigos ¿eh?- Ren sonrió. Y esa vez fue sincera y relajada. Le salió bien.
-Creo que si fueras capaz de sonreír así más a menudo... podrías romper más de un corazón- sonrió también Aurum.
-No busco romper corazones- se apresuró a decir Ren -Pero supongo que la palabra amistad nunca ha sido algo que me haya rondado la cabeza, ni haya perseguido en la vida. No sé cómo ser amigo de nadie, Majestad. De hecho no sé si deberíamos serlo-
-¿Por qué no deberías?- Ren había hablado demasiado.
-Eh... No, no es nada. Solo me refería a que... bueno, eres el rey...-
-Y tu futuro suegro, chico. Si no puedo ser tu amigo, tendrías un grave problema- estalló en carcajadas.
-S-supongo...- Ren trató de controlar los nervios. Casi podría haber metido la pata... ¿O no? ¿Qué podría pasar si le contaba los planes iniciales de Agro? ¿Seguiría considerándolo su amigo? Las dudas cada vez se hacían más grandes en su cabeza y empezaban a abrir heridas terribles en su alma. La lealtad que tanto profesaba hacia los Bladelyn y la rebelión de Munshad se desquebrajaba cada día que pasaba en Solaris y comprendía que no eran los monstruos que tanto le había vendido su padre desde que era un crío. Luchar contra ellos, robarles el trono o incluso asesinarles como Jiram pretendía... ¿Era lo mejor? ¿Es que acaso Agro y los Bladelyn serían mejores soberanos? ¿Es que acaso Agro sí usaría su poder, por ejemplo, para sanar a los enfermos aunque le costase la vida? Realmente lo dudaba... Nadie estaba exento de pecado.
-Quizá un problema aquí, Ren, es que no nos ves como eso, amigos o familia. Y lo vamos a ser próximamente. Como rey y como amigo- enfatizó esto último -Te recomiendo que trates de adaptarte y abrazar estos nuevos vínculos- Ren suspiró pesadamente.
-Supongo que... podría probar. Debería aceptar todos los vínculos- no hablaba de los Chrone.
-Exacto. Si aceptas los vínculos, todas las verdades se te mostrarán. Todas las buenas y las malas caras, para poder cuidarlas y reparar los daños causados. Incluso Dusk no es un caso perdido, estoy seguro-
-¿Y Raven Garland?- preguntó interesado.
-¿Qué pasa con él?- ladeó la cabeza el rey.
-Me tiene bastante animosidad-
-Él no forma parte de la familia, sino del Consejo. Te debe de dar igual lo que piense de ti. Como futuro rey cuando te cases con Syra, aprenderá a obedecerte y a valorarte como monarca. Estoy seguro de que hasta él puede aprender a ver al hombre que estoy viendo yo ahora mismo- Ren alzó las cejas.
-El hombre que ves...-
-Un hombre lleno de dudas- se sorprendió Ren. Aquello fue sorprendentemente repentino -Ha sido una agradable conversación, Ren- la sonrisa de Aurum fue bastante significativa -He aprendido mucho en este rato contigo-
-Espera... ¿Qué has aprendido?-
-He aprendido, obviamente, lo que no sabía. Me congratula y me llena de júbilo saber que me equivocaba con respecto a ti. Tus dudas te hacen humano, muchacho. Solo espero que esa confusión no caiga en saco roto y te arrastren a un abismo insalvable-
-¿Me... has estado estudiando?- Ren se levantó de la silla -Creí que era una simple conversación-
-Tú nos has estudiado desde que llegaste- restó peso el rey -No te ofendas, hijo. Mi deber como padre va antes que mi deber como rey. Y si hubiese visto en ti esa misma actitud, ahora mismo estaría deponiendo el matrimonio. Después de lo de Jiram y el estado anímico de mis hijos, hoy he tomado la decisión de emitir un juicio personal entre tú y yo. Si quieres saber la verdad, ahora mismo estarías muerto de haber sido el mismo capullo con ínfulas como cuando llegaste- Ren se sorprendió aún más por aquel insulto.
-¿Majestad...?-
-Disculpa mi vocabulario- rio Aurum -Pero la edad y la realeza no te exime de tus sentimientos y uno a veces necesita desahogarse- se apoyó en el bastón con ambas manos -En fin, Ren. Creo que por hoy es suficiente. Ten presente, sin embargo, todo cuanto hemos hablado. Nada de lo que te he dicho es mentira salvo que tú asumas que lo es-
-No... entiendo. Una mentira es una mentira-
-¿Lo es?- preguntó retórico y misterioso el rey -A veces tenemos el privilegio de elegir, Ren. Ojalá pueda volver a llamarte amigo cuando uses ese privilegio- sin más, se dio la vuelta para marcharse -Nos vemos, chico-

Ren se quedó en pie donde estaba durante un buen rato aquel resto de mañana, viendo los jardines decorarse progresivamente por los incansables trabajadores. Con las manos en los bolsillos, no paraba de darle vueltas a la conversación que había tenido con el rey, en el significado que podían tener todas las palabras que éste le había dedicado. Si llegó a una conclusión, es que no se equivocaba al hablarle sobre los vínculos, en que debía aceptarlos todos, incluso los malos. Por ello, tomó la decisión de aclarar asuntos con su hermano, pues era uno de esos vínculos que debía encarar para poder sentirse más libre para pensar. Debía ir al Palacio de Justicia y hablar con Jiram.

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