lunes, 2 de marzo de 2020

La noches en Munshad ya eran largas de por sí, pero aquella se hizo especialmente longeva. La princesa estaba inquieta y daba vueltas en la cama, sabiendo que por fin volvería a su hogar, pero incapaz de conciliar el sueño. El rostro extrañado de Ren, la cara confusa de Raven al regresar y haberle contado lo sucedido... ¿Se estaría volviendo loca o fue de verdad? No, era real. Demasiado real. No podía ni siquiera concederse la más mínima duda sobre lo que había vivido porque aquel terror casi lo podía palpar con sus propias manos aún en la oscuridad de la habitación. Y por ello, antes de conseguir dormir, se descubrió que temblaba aún bajo las sábanas.

Cuando la claridad invadió el habitáculo y la chica abrió los ojos, no demoró instante alguno en dar un salto y ponerse en pie. Munshad, esa amalgama de cemento, niebla, humedad y energía oscura debía quedar atrás con toda celeridad posible, por lo que se lanzó contra los armarios y comenzó a preparar las maletas antes incluso de desayunar, si es que comía algo. Trabajaba por ello como una máquina completamente autómata, sin pensar, sin cuestionar qué se olvidaba. Había soñado con ese ser de la grieta y se había levantado aún pensando en ese enfrentamiento que habían tenido, en el poder que albergaba ¿Cómo era posible? ¡Es que no tenía sentido! Estaba tan frustrada que terminó por arrojar una vestimenta sobre la maleta sin siquiera doblarla en condiciones y se acabó sentando al borde del colchón, restregándose la cara con las manos -Cálmate...- se dijo a sí misma -Relájate... Deja de pensar en esa... cosa...- bufó sonoramente. Entonces, se hizo el silencio. Y en ese silencio se percató de que había una sombra que se movía por debajo del marco de la puerta, pero no hacía ruído alguno. Debido a su estado aún agitado, se le amontonaron ideas terribles en la cabeza. La princesa se puso en pie con cautela y dio un paso al frente -¿Raven? ¿Estás ahí?- lanzó la pregunta. La sombra se movió de nuevo -¿Eres tú?- a la segunda pregunta, algo atravesó la parte baja de la puerta a gran velocidad. Un papel doblado tan aparentemente inofensivo como un papel doblado podía ser se deslizó hasta casi llegar a los pies de Syra. Automáticamente, la sombra tras la puerta desapareció sin apenas hacer ruido. La princesa corrió a ver de quién se trataba, pero al abrir y escuadriñar el pasillo, no encontró más que la ausencia de Raven. Curiosa, volvió a cerrar y se dispuso a leer la carta.

Era una hoja de papel básica con unas letras grandes y extrañamente escritas. Tan solo ponía "ÉL NO ESTÁ ABAJO. AYÚDANOS. LAVANDERÍA" Syra no supo de primeras cómo interpretar aquello ni por qué dirigido a ella, hasta que se le vino de golpe la imagen de Claire nerviosa recorriendo la habitación, asustada y hablando sobre Jiram, sus malos humores y sobre ese "sótano" ¿Era eso a lo que se refería con "abajo" la nota? ¿Y quién podría pedir ayuda explícitamente a ella? De ahí, su razonamiento saltó a los miembros del servicio, tan llenos de heridas y alguno de ellos mutilados... que todo encajaba demasiado bien. Ella era la princesa, la futura reina ¿Quién mejor que ella para pedir ayuda ante un hombre abusón y agresivo? Sabía que como invitada no era lo correcto, pero como futura regente del reino debía cumplir con su papel y averiguar qué estaba pasando allí, qué escondía ese individuo allí abajo y la razón exacta de por qué todos le tenían tanto miedo. La princesa se cambió el pijama por algo sencillo y cómodo para disponerse a explorar, aprovechando que Raven no estaba para impedirle que se marchara. Las maletas podían esperar un rato más.

La mansión era demasiado grande como para tener tiempo de explorarla sin llamar la atención, de forma que la princesa encontró enormemente útil que en la nota especificase la palabra "lavandería". Se dirigió por tanto a la planta baja y de allí, inspeccionó en busca de las cocinas y zonas del servicio. Para variar, no parecía haber ni un alma pero pese a ello, se escuchaban pasos lejanos y crujir de maderas en las plantas superiores. Realmente la mansión Bladelyn era un sitio espeluznante. En una de tantas esquinas que tuvo que girar, le pareció oír la voz de Jiram. Estaba gritando y no poco enfadado precisamente. Syra siguió la voz del hombre hasta encontrarle, precisamente, en la cocina. Tenía una prenda en la mano aparentemente manchada de algo rojo oscuro ¿Sangre? A Syra no le extrañaba si el miedo estaba justificado.
-¿A ti esto te parece limpio? ¿¡TE LO PARECE!?- tronó. La muchacha no podía estar más cabizbaja. Parecía que se le iba a romper el cuello -Me voy- dijo bajando la voz de forma brusca -Y volveré aproximadamente en un par de horas- le azotó con la prenda en la cara como si fuera un látigo -¿Me oyes, mujer? Un par de horas. Pues en ese par de horas quiero esta camisa limpia, seca y perfectamente planchada y doblada ¿Está claro?-
-Pero...-
-¡PERO NADA, JODER!- Jiram la azotó con una bofetada de revés. De la boca de la muchacha salpicaron gotas de sangre que ensuciaron el suelo de la cocina -Y limpia eso también. Joder, malditas inútiles de mierda- gruñó, dejando la camisa en el suelo y marchándose. Syra retrocedió, apartándose de la puerta y escondiéndose tras una esquina para que el enfurecido Jiram no la viera. Este atravesó el pasillo como un mar embravecido, pisando fuerte y respirando con agitación y rabia. En ese momento, más que nunca, la princesa sintió la necesidad de ver qué escondía un individuo tan diabolicamente deplorable como Jiram.

Syra entró en la cocina con pasos calmados mientras la muchacha se encontraba arrodillada cepillando la sangre del suelo. El parco silencio con el que trabajaba hacía pensar a la Chrone que la sirvienta ni siquiera reparaba en su presencia. Dudó sobre si decirle algo, reconfortarla u ofrecerle algún tipo de ayuda... pero se contuvo. Se contuvo porque la mujer trabajaba igual que ella antes hacía la maleta: automáticamente, sin pensar, ausente. Ni siquiera se movía más allá de su brazo, siempre al mismo ritmo, en el mismo sentido, sin descanso. Apenas parecía respirar o pestañear. Estaba completamente destruida psicológicamente. Visto eso, Syra pasó como una centella por la cocina y se adentró en la zona de la lavandería, justo al lado, donde había visibles cestas con ropa limpia y sucia. Allí, bajo uno de los carros, atisbó una trampilla. No parecía ser nada llamativo ni sospechoso, sino una puerta simple a un más que posible sótano simple que formaría parte de las instalaciones para el servicio. Aquel, al menos, era el plan de Jiram. Sin embargo, empujada por la curiosidad, la necesidad de justicia y la súplica de aquella nota, Syra apartó los carros sin que ni un solo alma se acercara a comprobar qué era aquel ruido. Alzó la trampilla y comprobó la oscuridad que había bajo la misma, siguiendo el sendero de unas escaleras que, ya de por sí, despedían un hedor nauseabundo. Se tapó la nariz y la boca con una manga del jersey que se había puesto y se envalentonó a bajar.

Los escalones crujían y se lamentaban como si de pronto hubiese entrado en una casa abandonada de hacía décadas. Aquella zona no estaba cuidada ni modernizada en absoluto. Al bajar sentía alguna que otra telaraña pegársele en la cara y el olor cada vez era más intenso e insoportable. La claridad que provenía de la superficie también era cada vez más tenue conforme bajaba más y más, pero afortunadamente Jiram no parecía tener visión nocturna, de forma que la princes acabó por darse de bruces con un interruptor  aéreo que colgaba aparentemente del techo una vez terminó de descender por las escaleras. Un poco a ciegas, la muchacha buscó con la mano el escurridizo interruptor que se balanceaba de un lado a otro, juguetón, tras haberlo golpeado con la cabeza al bajar. Cuando pudo apresarlo y jalar de él, se encendieron unas parpadeantes y tristes luces amarillentas, viejas un tanto tétricas que bañaron el lugar, dejando maravillada a la vez que repugnada a la princesa: el sótano era enorme. Gigantesco, más bien. Parecía extenderse casi cuan larga era un cuarto de la mansión. Allí había de todo; mesas, ordenadores, pilas de libros, estanterías y herramientas de todas clases y colores. Lo más llamativo a primera vista y lo más escalofriante sin embargo fue una cama con distintos cinturones para las manos y los pies. También, a su lado, había una sillón giratorio típico que usaría un dentista, pero estaba tan lleno de sangre seca y moscas revoloteando que dejaba claro a Syra que no era utilizado por Jiram para hacer prácticas de odontología, precisamente -Esto es... asqueroso- dijo la chica para sí misma, caminando despacio por el lugar. El mayor error que cometió fue el no ponerse zapatos pensando que así sería más sigilosa como otras veces, pues cada paso que daba sentía que los calcetines se le pegaban al suelo, un tanto viscoso, desagradable hasta decir basta. Aún así y estando muy lejos de las comodidades y la higiene a la que acostumbraba, reunió valor para comenzar a explorar aquel lugar. Obvió la silla y la cama pues estaba claro lo que ese monstruo hacía ahí. Sentía verdadera lástima por los que hubiesen pasado por esa cámara de tortura que se había montado bajo su propia casa, con herramientas incluidas: sacacorchos, sierras, martillos, tijeras, pinzas... todas ellas sucias, llenas de sangre y manchas que la chica prefería ignorar de qué eran exactamente. El olor que llegaba a las escaleras no era más que el de esa podredumbre. A su vez, los ordenadores y libros que había por todas partes indicaban a Syra que Jiram trabajaba allí de manera constante ¿Qué clase de degenerado era capaz de pasar sus días encerrado allí, trabajando en lo que fuese, con semejante peste a muerte además de ser partícipe en ello? Cada vez tenía más ganas de salir de allí, porque creía que había visto suficiente. Entonces, alcanzó los ordenadores. En uno de ellos había mapas de Munshad, nada llamativo. Curiosa, sin embargo, exploró el resto de archivos abiertos en aquella pantalla y aquello ya fue más preocupante. Mapas de Solaris, de Glamora, de Tarkav, Yenda, Vadhila... En general, mapas de todas y cada una de las regiones de todo Solaris, que no eran pocos. Y no eran mapas políticos o geográficos, eran planos de las ciudades más grandes, con sus sistemas de alcantarillado y demás ¿Por qué querría Jiram algo así? Empujada por la sed de conocimiento, Syra comenzó a hojear los cuadernos y libros que había por la mesa. Allí había decenas, miles de nombres, designaciones de presupuestos, fechas e historiales de suministros. Lo que disparó las alarmas de Syra es que los suministros eran tanto armas como materiales con los que poder fabricar explosivos -No puede ser...- como si le fuera la vida en ello, pasó de cuaderno en cuaderno, de libro en libro y a cada cual encontraba detalles más escabrosos: desde fotografías de personas clave hasta actas de reuniones donde se decidía, literalmente, el próximo objetivo de algo que llamaba "asalto". Syra no era estúpida, siendo Munshad, era fácil imaginarse a qué se refería. Esa lista de actas tenía un historial amplísimo y las fechas cada vez retrocedían más y más y más y más. Aquello hizo deducir a Syra una posibilidad terriblemente oscura, por lo que retrocedió hasta hacía aproximadamente unos 10 años de actas en distintos cuadernos hasta que encontró lo que esperaba no encontrar:
"-Asalto a Bastión Ferro, Munshad.
-Objetivo: Dusk Chrone y Keira Chrone. *Dato interés: Hija de Osmian Macbeth -> Posible objetivo de importancia ¿?
Agentes: Jiram Bladelyn/Kran Kraiv
Resultado: Fallido. Objetivos han sobrevivido. Prioridad 1 próxima posible intervención."

Syra soltó el cuaderno sobre la mesa y se apoyó en el mismo con ambas manos, alucinada, casi sin aliento por lo que estaba leyendo. No solo era la confirmación de que en el atentado en la revuelta de hacía 10 años donde sus hermanos participaron y Keira, esposa de Dusk, perdió a su hijo nonato fue causa perpetrado por Jiram Bladelyn, sino que su nombre aparecía en cada acta y los firmaba. Jiram Bladelyn era, directamente, uno de los cabecillas de la organización terrorista munshita además de su proveedor de materiales y armas. Había bajado esperando encontrar a un tipo con problemas mentales y resultaba ser un monstruo en cada sentido de la palabra. Uno contra el que había asuntos personales que resolver.
-¿Te has entretenido bastante?- la voz de Jiram la sobresaltó, sacándola de su ensimismamiento. La chica se tensó como un resorte al alzar la mirada y verlo allí, junto a la silla de tortura y las herramientas. Estaba jugando distraidamente con una especie de bisturí viejo. Quizá era un cuchillo oxidado y desgastado que se había reducido a apenas una cuchilla.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?- preguntó Syra entre el miedo y la rabia descontrolada.
-El suficiente como para verte tan entretenida leyendo que me ha parecido de mala educación interrumpirte- dejó caer la cuchilla sobre la mesilla de herramientas con un estruendo metálico -No sabía que mis PERTENENCIAS- enfatizó de mal humor -eran ten importantes para una princesita del tres al cuarto- Syra maldijo en silencio ¿No se iba a ir durante un par de horas? -Deja esos libros y ven aquí- ordenó Jiram.
-¿Quién te crees que eres para hablarme de esa forma?- entornó la mirada Syra. Le temblaban las manos de pura impotencia.
-Quién te crees que eres tú- gruó Jiram, caminando hacia ella -¿Cómo tienes los SANTOS COJONES DE ENTRAR EN MI CÁMARA PRIVADA?- vociferó. La voz se hizo eco a lo largo del sótano.
-Si vuelves a alzarme la voz, Jiram, no respondo. Te dirigirás a mí como tu futura reina, que es quien soy- dijo adoptando una postura elegante a la par que un tono amenazante -No olvides tu lugar-
-¿Mi lugar?- soltó una carcajada -Tú has olvidado el tuyo. No eres bienvenida en Munshad, ni tú ni tu rastrera linea de sangre. Sois unas sanguijuelas, un montón de moscas que revolotean alrededor de la mierda que es el reino ¡MIRA!- extendió los brazos, abarcando todo el sótano -¿¡Ves todo esto, maldita desgraciada!? ¿¡Y ahora me vienes con tonitos autoritarios!? ¿¡Dónde has estado tú para salvar a todos los que han muerto aquí!?- la princesa frunció el ceño y apretó la mandíbula.
-¿A cuántos has hecho daño, Jiram?-
-A incontables- rio -Verdaderamente incontables. Y a ti todos y cada uno de ellos te dan igual. Porque si te importaran sabrías cuántos han desaparecido a lo largo de todos estos años ¡Pero ni en las putas noticias los habéis mencionado! Son tan inútiles e irrisorios para vuestras petulantes vidas de oro como para mí, malditos traidores a su patria que no saben valorar la lucha de los munshitas por la libertad-
-Definitivamente estás loco. No tienes ni la menor idea de lo que vale una vida por encima de unos estúpidos ideales. Tratas de justificar toda esta carnicería en un imposible. No hay soberano que pueda lidiar con este macabro circo que tienes montado mientras tratan de mantener la paz en las fronteras-
-Ahora somos la frontera ¿eh?- se acercaba más y más, hasta prácticamente medirse frente a ella. Le sacaba una cabeza, pero no era tan grande ni imponente como Ren -Cuando os interesa ni siquiera somos parte del reino, pero no nos dejáis ir-
-Politizais lo que os da la gana con tal de tener razón ¿eh? Mi padre siempre tuvo razón cuando me decía que el guerrero no debe olvidar que es humano, o la propia batalla le devora y lo convierte en un monstruo sin criterio- acusó Syra, conteniendose como nunca imaginó que lo haría. Debía llevarlo ante la justicia indemne para ser juzgado, pero no le faltaban ganas de desollarlo personalmente. Ese hombre que tenía en sus narices había herido a su hermano y a su cuñada, además de arrebatarle la vida a un sobrino que podría haber conocido y nunca haría por sus malditas acciones
-Monstruo sin criterio- sonrió Jiram -Tú no sabes aún lo que es un monstruo, niñata engreida- y sin apenas verlo venir, Jiram azotó a Syra con tal puñetazo directo a la boca que en el instante, se le llenó a la chica de sangre. Debido al golpe, la princesa se tambaleó y retrocedió hasta una pared, donde Jiram la apresó del cuello con ambas manos y apretó con todas las fuerzas que tenía su cuerpo desde el primer instante. La sensación de asfixia fue infernal, el cómo su garganta dolía por cómo se costreñían los músculos. Jiram la miraba con los ojos muy abiertos, apretando la mandíbula y mostrando los dientes. No quería extrangularla tal cual, quería partirle el cuello -Aprende lo que es un monstruo- decía entre dientes -Un monstruo creado por vosotros. Por vuestra incomprensión, por vuestro desinterés... ¡Vuestro olvido! ¡Muérete, maldita seas! ¡Tú y los tuyos!- incapaz de contenerse más, Syra relajó su cuerpo y liberó el bloqueo que se estaba imponiendo.

Como quien abre una presa y deja que el agua salga en cascada, el poder de la princesa manó de su interior con un torrente imparable. Jiram se vio a sí mismo volando por los aires de un segundo a otro hasta estamparse contra uno de los muros de carga del sótano, con tanta fuerza, que llegó a sufrir lesiones y heridas debido al golpe. El hombre soltó un alarido de dolor tan grande, que de nuevo, hizo eco en todo el sótano. Trató de mirar a Syra, que ahora se acercaba a él envuelta en un manto de energía semitransparente que era capaz de torcer la realidad misma y distorsionar todo a su alrededor. Sus cabellos danzaban salvajes como si tuviesen vida propia, expuestos a la fuerza invisible de su propio poder. Le sangraba profusamente el labio pero eso le daba igual. Sus ojos, ahora fulgurantes de un destello azulado, miraban a Jiram como una bestia insensible a la que quitar del medio -Vamos, hazlo- decía Jiram -¡Hazlo, zorra! ¡Asesíname como solo vosotros sabéis hacer!-
-Estoy cansada de escucharte...- se lamentó Syra mientras sin mover un dedo, provocaba que Jiram se arrastrara por el suelo, atraido por la fuerza invisible hasta postrarlo a sus pies -Harta a absurdas acusaciones- una lágrima cayó por uno de sus ojos -Fuiste tú quien le hizo eso a mi hermano...- frunció los labios y le sangraron más aún, la herida era profunda -Fuiste tú quien le estropeó la vida...-
-Aquello no fue nada para lo que pienso haceros- rugió -¡El plan salió mal!- bramó -Al menos impedimos que ese bastardo naciera ¡Y no descartes lo que habría disfrutado de haber nacido y haber podido secuestrarlo y atarlo a esa camilla!- sonrió, desquiciado -Siempre quise ver cómo sois los hijos de puta por dentro-
-¡Agh, cállate!- repugnada y furiosa, Syra extendió una mano hacia él y Jiram comenzó a alzarse en vuelo frente a ella -Cállate, cállate, cállate, cállate...- repetía en un mantra hiriente y desgarrador. Pensaba en su hermano, pensaba en Keira. Pensaba en todas las personas a las que había hecho daño ese desgraciado, a las que planeaba seguir haciéndoselo. Pensaba en lo desastrosamente imposible que era la familia Bladelyn, en lo que había vivido la noche anterior. Estaba saturada. Saturada y terriblemente enfadada. Sentía en su pecho latir su corazón junto al pulso mágico de la Acronita, allá en Solaris. A pesar de la distancia, su conexión con ella se fortalecía cada vez más. Casi podía oirla susurrar en su mente: "hazlo". Se lo decía. Se lo pedía de verdad. Que lo defenestrara, que lo redujera a cenizas ahí mismo. Que lo borrara de la faz del tiempo y el espacio en esa y en cualquier otra realidad. La princesa comenzó a dejarse llevar y a cerrar la mano frente a Jiram solo para verle gritar, para ver cómo su cuerpo lentamente comenzaba a torcerse en ángulos cada vez ma´s dolorosos, contorsionándolo. Pronto comenzarían a chascar los huesos y finalmente lo haría pedazos.
-¡Syra!- gritó Raven, bajando las escaleras a toda velocidad -¡Syra, por los dioses!- vociferó una vez la vio -¡Detente!- corrió hacia ella a toda velocidad, pero un pulso mágico lo empujó. Raven hizo acopio de su propio poder, que no solía utilizar nunca, pero lo necesitó para mantenerse estable ante ella -¡Syra!- el soldado se envolvió en un aura mágica de tono rojizo que le permitía avanzar, a paso lento -¡Tú no eres así, entra en razón!-
-¡Es un monstruo!- sollozó la princesa -¡El mundo estaría mejor sin él!-
-¡Eres la reina!- clamó consternado -Está en ti mostrar misericordia y tender la mano ¡Piensa en ello!-
-Estoy harta de aparentar. De tragar...- negó con la cabeza.
-Apóyate en mí entonces ¡Estoy aquí!- casi sucumbía. El poder de Syra era abrumador, espantoso y visceral -¡Confía en mí! ¡Dame una oportunidad de demostrarte que merece la pena no dejarse llevar!- pese a que parecía un imposible, Raven no desistió. Consiguió llegar hasta Syra y la abrazó con fuerza -Confía en mí, por favor. Es lo mejor para ti- le susurró -Cálmate, cielo... y respira- Syra hizo lo contrario. Necesitaba gritar y así lo hizo. Cada ordenador, cada cristal, cada pieza de mobiliario, los libros, todo comenzó a estallar, a arder, a explotar en una marabunta de hechos caóticos. Tras ese desfogue, Jiram cayó al suelo aturdido, prácticamente inconsciente y tremendamente dolorido. Syra finalmente se calmó, controló su poder y lo encerró de nuevo dentro de ella, abrazándose por igual a Raven y dejando fluir un poco el llanto -Eso es...- Raven se tomó la libertad de darle un beso en la frente -Gracias por creer en mí, Syra...-

Exigir la presencia de Agro Bladelyn no era algo común. De hecho era imposible exigirle nada a un hombre así, y sin embargo aquella mañana fue reclamado con toda la autoridad de la corona, por parte de Raven Garland, guardaespaldas de la princesa y Maestro de la Guardia Real, en el sótano de su mansión. Debido a ese hecho, a que era una petición seria y formal por parte de aquel soldado tan leal a la princesa, Agro no demoró demasiado en ir hasta aquel lugar. Su boca quedó vacía de palabra alguna al presenciar aquel espectáculo, todo destrozado, aún ardiendo o humeando. La princesa Syra con un algodón en el labio, acompañada por una sirvienta que trataba de curarle lo mejor posible y su hijo prácticamente agonizando en el suelo -¿Qué significa eso, Maestro de la Guardia?- gruñó Agro.
-La princesa se lo explicará, presidente- lo custodió hasta la altura de Syra, donde ésta no podía apartar la mirada del gimiente Jiram-¿Qué...?- Agro iba a formular la misma pregunta, pero Syra lo interrumpió con un gesto de la mano.
-Su hijo es un criminal. Es uno de los cabecillas de los terroristas de Munshad y partícipe en un atentado personal contra mi hermano. Es por tanto un terrorista oficial y un enemigo personal de la corona de Solaris. Por la presnete, como princesa Chrone y futura reina, lo declaro reo bajo custodia de la familia Chrone a la espera de un juicio oficial-
-Espero que sepa, presidente- se cruzó de brazos Raven -Que ha sido él quien ha agredido personalmente a la princesa y aquí tenemos pruebas, aunque en mal estado, pero lo bastante válidas y legibles para considerarlo culpable ahora mismo y saltarnos el juicio. Es una mera formalidad para que se haga justicia con la familia Bladelyn en caso de que decidáis apoyarnos y condenar las acciones de Jiram. De no ser así, toda la familia Bladelyn será culpada de apoyo a organización terrorista- Agro ignoraba a Raven. Sus ojos solo estaban posados en su hijo.
-Mucho me temo, princesa...- la miró por fin -Que ignoraba por completo las acciones de mi hijo-
-¿De verdad?- dijo Syra altanera. Era difícil de creer.
-Yo siempre lo consideré un hombre excéntrico pero con cabeza... De ser todo como decís que es me temo que no tengo cabida en mi seno familiar para alguien como él-
-Lo pone muy fácil- observó Raven.
-¿Y qué esperas?- le miró Agro furioso -¿Que trate de asesinaros ahora que habéis descubierto este lugar de perversión que mi hijo se ha montado aquí?- señaló la silla y la cama llenas de sangre seca, aventadas por doquier -No quiero ni saber de dónde sale todo esto ni qué ha estado haciendo aquí con exactitud-
-Significa eso que no quiere ver las pruebas ¿No?- se cruzó de brazos Raven y Agro miró a Syra.
-Si lo llevaréis a juicio, el jurado decidirá. Y yo estaré para verlo- decidió y miró a Jiram -Aunque viendo todo esto...- oculto y amparado por la capucha, dedicó una sonrisa macabra y significativa a Jiram, que miraba a su padre con una expresión de horror desencajada -No considero que sea inteligente por mi parte posicionarme... a su favor- borró la sonrisa de su rostro y se dirigió a la princesa de nuevo.
-Haced lo que debáis. Tomaos el tiempo que haga falta. La hospitalidad es lo menos que puedo ofreceros tras todo esto y la agresión. Lo siento de corazón- incluso inclinó ligeramente la cabeza ante Syra, hecho que sorprendio tanto a la chica como a Raven y procedió a marcharse en silencio para pedir a la guardia de la mansión que detuvieran a Jiram y lo pusieran a disposición de la princesa cuando ella quisiera. Era toda una sorpresa tener a Agro de parte de Syra, pero una bienvenida, sin duda.

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