Ante la precipitada advertencia del servicio y pese a las cámaras, el rey se dirigió a toda prisa hacia la entrada de palacio para comprobar qué era lo que estaba ocurriendo, seguido por sus hijos y la guardia, presidida por el recién nombrado Maestro de la misma. Afortunadamente no tardarían demasiado en llegar debido a la gran cantidad de atajos que había en el interior de palacio, siendo más difícil para la prensa en el exterior, teniendo que bordear por completo el territorio de la realeza que ya de por sí era bastante amplio.
Una vez allí, lo que sus ojos contemplaron fue digno de sorpresa. Las puertas de palacio estaban regadas de soldados rasos de la guardia, cada uno en un lugar, vapuleados hasta la extenuación. Se quejaban, gañían y gemían de dolor, se retorcían en el suelo, mientras que un solo individuo se mantenía en pie en el centro, rodeado de todos los caídos. Sus cabellos negros caían ondulados sobre sus hombros y su mirada fiera estaba distraida observando el caos producido a su alrededor. Vestía un elegante traje gris conformado por un pantalón y chaqueta de dicho color sobre una camisa negra como la noche. Estaba ahí, impávido, con las manos en los bolsillos como si nada hubiese ocurrido.
-¿Qué... qué significa esto?- ante la pregunta extrañada del rey, la Guardia no tardó en envainar toda arma que tenían a mano, desde espadas hasta lanzas.
-¿Quién osa irrumpir así en el palacio de Su Majestad?- preguntó Dusk, avanzando a paso lento hacia el extraño.
-¡Dusk!-
-Tranquila, Syra- la calmó, extendiendo la mano hacia ella. -No me hará nada- la princesa estaba ligeramente alterada, al igual que su padre. Pero sobre todo le llamó la atención el Maestro, Raven. Éste estaba a su lado, y temblaba. Dioses, temblaba como un flan sobre una mesa a la que le faltaba una pata. Su respiración estaba tan agitada que se le oía por encima de los murmullos de los demás soldados de la Guardia
-¿Estás...?-
-Preséntate- ordenó Dusk alzando la voz, autoritario, opacando la preocupación de Syra.
-Es él...- murmuró más atrás Raven, acercando su temblorosa mano hacia la espada que se le había entregado minutos atrás en la ceremonia de nombramiento.
-¿Lo conoces?- la nueva pregunta de la chica hizo que Raven la mirase por un momento, provocando que dejase de lado por ese instante esa ansiedad que le estaba invadiendo.
-Y-yo...-
-Me llamo Ren Bladelyn- dijo con aquella voz grave que Raven tan bien conocía -Y vengo, como bien sabéis, de Munshad. Mi familia me envía para negociar una tregua y una futura paz, con el entendimiento entre los dos reinos-
-¿Dos reinos?- se carcajeó Dusk -¿Qué dos reinos?-
-Solaris y Luniel- sonrió el pronunciado Ren. Y aquellas palabras fueron como una chispa que provocaron una explosión. Raven obvió a la princesa y desenvainó su espada al escuchar aquellas palabras, "Luniel". El maldito pseudo-reino de Luniel que tanto dolor le había traido, el desgraciado Ren Bladelyn, el Monstruo de Munshad, en persona ante él como si nada hubiese pasado. Raven perdió por completo el control.
-¡Maldito seas!- con garbo, el Maestro se lanzó en carrera sanguinaria contra el violento recién llegado.
-¡Espera, Raven!- gritó el rey
-¡Maestro Raven!- llamó Dusk, que fue tan ignorado como su padre.
-¡MUERE!- gritó desesperado, con lágrimas en los ojos, enrojecidos por la furia desmedida. La espada cayó sobre la cabeza de Ren como un relámpago en una tormenta. Más de uno de los presentes cerraron los ojos para no presenciar semejante barbarie violenta, pero solo hubo silencio en respuesta a aquel ataque. Al mirar, Ren estaba ahí, tan grande e imponente como el propio Raven, sosteniendo la espada como si fuese una hoja otoñal caida de un árbol -¿Qué...? Pero si no has llegado al Santuario...- se confundió Raven. Ante aquellas palabras, sin embargo, Ren frunció el ceño.
-Conste a Su Majestad que he sido atacado- anunció Ren -Procederé a tomarme la justicia por mi mano en retribución-
-¡No!- ordenó el rey -¡Detente!- extendió la mano hacia el recién llegado, pero antes de actuar, un muro flamígero apareció de la nada entre Raven y Ren, haciendo que el Maestro retrocediese dejando la espada en manos del enemigo. Desde la entrada de palacio, la flamante figura de Iran avanzaba con su gabardina ondeando al viento que despertaba su hechizo. La mano extendida hacia el frente mientras le rodeaba un aura rojiza debido a la magia le daba un aspecto amenazante.
-Bastardo... Llegaba tarde- sonrió Dusk a su hermana, visiblemente aliviado. El rey suspiró bajando su mano, como si estuviese cansado.
-El rey ha ordenado que pare esta locura, y así será- dijo Iran, apagando el muro de fuego. Era inquietante aún así que el tal Ren no se había inmutado lo más mínimo ante aquel hechizo.
-Príncipe Iran Chrone- saludó Ren mirándolo fijamente.
-¿Quién te crees que eres?- gruñó malhumorado el mediano de los príncipes.
-Ren Bladelyn-
-¿Bladelyn?- aún más frunció el ceño el príncipe al oír el apellido -¿Te presentas aquí, un miembro de la familia terrorista número uno de Solaris, montas este espectáculo y desobedeces a tu rey? ¿Qué esperas conseguir?-
-¡Es un asesino!- rugió Raven -¡Debe ser castigado por el peor de los crímenes!- le señaló -¡Ha venido a matarnos a todos, a destruir Solaris por su propio placer!-
-Eso...- Dusk hizo un leve gesto de mano que no pasó desapercibido a Syra, junto a él. Iba a invocar su arma, pero su padre se interpuso dando un paso al frente y agarrándolo del brazo.
-Esa es una grave acusación-
-Padre...- masculló Dusk
-Estamos en la entrada de palacio, hay invitados- entonces todos repararon en la prensa -Entremos por hoy, incluido tú, Ren-
-¿¡Qué!?- Raven miró al rey incrédulo y de la misma forma le miraron de vuelta a él. Era la primera vez que un soldado cuestionaba la decisión del rey. Dusk le habría mirado con desaprobación, pero no esa vez. Estaba de parte del Maestro sobre las sombrías intenciones de un Bladelyn.
-Soldados- anunció -Llevad a los heridos al ala médica y que comprueben que no tienen heridas graves. Por el bien del propio Ren. No se tolerará nuevos incidentes de este tipo-
-Os aseguro Majestad que no están malheridos en absoluto. Solo abatidos. Me atacaron ellos antes, yo solo me defendí- explicó el extraño
-Eso ya lo veremos- gruñó Iran
-Pasemos dentro- miró a un guarda -Despide a la prensa con amabilidad y explica que ha sido un malentendido de la Guardia, que han confundido al invitado con un extraño peligroso-
-Padre, no debemos ser tan bondadosos con esa chusma- se indignó Dusk.
-Syra- se dirigió el rey a su hija ignorando a su hijo mayor -Prepara la sala del Consejo. Debemos reuniros de forma inmediata para tratar este asunto cuanto antes. Ordena a Pritzila que acoja debidamente a nuestro invitado y le enseñe una habitación en la que descansar si así lo desea mientras nos reunimos-
-Sí, padre- asintió la princesa, pasando su mirada a su hermano mayor, que la miraba con la misma decepción con la que miraba a su padre.
-"No lo hagas"- masculló, gesticulando para que su padre no lo oyera. Le pedía que no se pusiera de su lado y apoyara a sus hermanos a la hora de expulsar de inmediato a esa amenaza en lugar de darle acogida. Syra, sin embargo, se debía a su padre y mentor en su papel como futura reina.
-Dusk, ve con Iran a la Sala del Consejo- ordenó con severidad el rey.
-...Sí, Majestad- sin mirarle a los ojos, Dusk pasó de largo junto al rey. Aurum sabía que cuando le llamaba "majestad" en lugar de "padre" significaba que estaba enfadado con él, un gesto doloroso para el rey, pero que con los años había aprendido a soportar. Iran, que estaba junto a Ren y Raven, siguió a Dusk tras un gesto de éste en el que le pedía que lo acompañase. Finalmente solo quedaron el Maestro y el Bladelyn. Ambos se miraron largamente.
-Hay muchas cosas que no comprendo- suspiró lenta y pesadamente Raven -Hay mucho de extraño en todo esto, pero es como si estuviese viviendo un retorcido deja-vu en el que no todo es exactamente igual...-
-No sé de qué me hablas- dijo Ren, devolviéndole la espada. Raven la tomó de su mano con violencia, aprovechando que el Bladelyn la agarraba por la hoja. Su intención era cortarle la mano, pero este ni se inmutó. No se hizo rasguño alguno ¿Cómo era posible? ¡Era incapaz de haber alcanzado aún el Santuario para obtener semejante poder!
-Sé qué quieres- le apuntó con la espada al cuello -Y te juro por lo que más amo en esta vida que no vas a volver a arrebatarmelo todo-
-¿Volver?- Ren ladeó ligeramente la cabeza.
-No te hagas el tonto conmigo. Sé a qué vienes, sé qué quieres y qué pretendes. No vas a alcanzar el Santuario. Me encargaré personalmente de que el rey en persona te ejecute antes de que salga la luna- Raven escupió a los pies del Munshad
-Maestro- el rey lo sorprendió a su espalda -Acude a la Sala del Consejo de inmediato-
-Mi señor- Raven bajó la cabeza en señal de respeto, cuadrándose ante el rey -A sus órdenes- una última mirada furibunda hacia Ren anunció la enemistad perpetua entre ambos. El rey observó marchar a su nuevo Maestro de la Guardia mientras se quedaba a solas con Ren, en lo que los pocos soldados que quedaban en el suelo eran llevados por sus compañeros al ala médica.
-Una fuerza soberbia, la que posees...-
-Ren-
-Eso, Ren. Disculpa, ha sido una presentación un poco tosca- el rey sabía que la prensa estaba aún espiando pese a las peticiones de los soldados de que se marcharan, por lo que debía ser lo más amable y solemne posible hasta que estuvieran dentro de palacio.
-Lo mismo digo. Os aseguro, Majestad, que ellos atacaron primero. Como comprenderéis, no me limitaré a ser un muñeco de paja al que azotar. Si me siento acorralado atacaré como una bestia-
-No me cabe duda- el rey estudiaba a Ren. Era frío, perspicaz, pero en su tono había un deje jovial que no le hacía parecer peligroso -¿Entonces te traen asuntos políticos?-
-Así es. Mi padre y jefe de la nación desea la paz con un acuerdo satisfactorio para ambos lados-
-Sin avisar- sonrió sarcástico el rey
-Sin avisar- asintió sonriendo Ren -¿Desde cuando los amigos se pasan a saludar pidiendo audiencia?- se hizo un breve silencio entre ambos.
-Amigos, claro- acabó riendo el rey, poniéndole la mano en la espalda al enorme Ren -Pasemos, hijo. Estaremos más cómodos y me temo que he de acudir al Consejo en breve-
-Por supuesto, no se atreverán a decretar una ejecución hacia mi persona sin vuestra presencia- decía Ren caminando junto al rey.
-¿Ejecución?- volvió a carcajearse Aurum -¡Pero qué barbaridades dices!-
-Claro, barbaridades de bárbaros- correspondió con una agradable risilla el Bladelyn -Pero será lo primero que pongan sobre la mesa, majestad. Y lo lamento. Solo queremos la paz-
-Y nosotros, por supuesto- aseguró el rey.
-Nadie que desea la paz ataca a primera vista, si me permitís contradeciros- el rey se detuvo para mirar de nuevo a Ren a los ojos -Deberíais pensar en la situación. Como representante de una nación creciente y con la que estáis a punto de entrar en una cruenta guerra, os pido que analicéis cada situación que os ponen por delante, Majestad. Quizá no somos nosotros precisamente los que clamamos sangre. Solo queremos negociar-
-Ya- Aurum se vio claramente confuso -Debo acudir al Consejo- las puertas ya se cerraban a espaldas de ambos, por fin a salvo dentro de palacio -Te veré pronto- Aurum y Ren se despidieron con una ligera inclinación de cabeza.
-Hasta pronto Majestad. Y no olvidéis en la reunión que no he sido yo el que ha esgrimido arma alguna en el incidente de antes- aquellas palabras resonaron como un eco una vez más en la mente de un rey que hacía tiempo había comenzado a dudar si estaba haciendo lo correcto.
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