miércoles, 19 de febrero de 2020

La azulada luz lo embargó todo y a todos. El temblor de la tierra les calaba hasta los huesos, vibrando hasta el dolor. Los oídos les zumbaban y sus voces de asombro se apagaban ante un zumbido que los hacía sentir lejos, distantes entre ellos y de la misma realidad. Luego, el azul se volvió negro y solo quedó oscuridad.

Durante un lapso de tiempo imposible de determinar, Raven se sentía flotando en un mar de sombras. Mirara donde mirara, con ojos pesados como si los párpados estuviesen hechos de acero, solo veía tinieblas danzando de forma siniestra de un lado a otro a su alrededor, tratando de abrazarle, rodeándole. De vez en cuando apreciaba pequeñas chispas azules que brotaban de la nada. Quería alcanzarlas, agarrarlas, pero no podía. Sus manos no respondían; su cuerpo entero no respondía a ningún deseo que el hombre tuviera. Solamente quedaba la incertidumbre, la impotencia y el miedo. Quiso gritar y llamar a Syra, a su Syra y a la nueva Syra, la que no le amaba y se le escapaba de las manos cada nuevo día. En aquel momento hasta hubiese llamado al malnacido Bladelyn para ver si sabía lo que estaba pasando, o si él sabía si Syra estaba bien, pero no. Nada más que oscuridad, cada vez más densa, como un profundo mar inexistente en el que se hundía cada vez más y más y más.

Entonces los ojos volvieron a abrírsele cuando oyó ruido, murmullos, susurros. Su cuerpo parecía menos pesado pero no sabía cuánto había transcurrido. Ni siquiera podía determinar si se había quedado dormido o inconsciente. Cada vez había más chispas azules a su alrededor pero las tinieblas eran cada vez más y más densas, más grandes. Ante él comenzaban a congregarse, a reunirse, a formar una silueta tan grande como él, siniestra y monstruosa. Quería gritar y a su vez quería destruir esa sombra. Su incertidumbre y su impotencia le estaban enfureciendo a niveles insospechados, pero sentía que aún no podía mover los brazos con soltura. Entonces la sombra tomó forma corporea definitiva. Era el Monstruo de Munshad. El Ren que él conocía, con sus ropas negras y aquella máscara oscura que le privaba de toda humanidad a los ojos de quienes le observaran. El Monstruo extendió su mano hacia Raven como si le estuviera buscando. Casi parecía desesperado por atraparle -¡Atrás!- consiguió gritar Raven dejándose la garganta -¡Ni se te ocurra tocarme, desgraciado!- vociferó -¡ATRÁS!- del cuerpo del Maestro surgió un destello azulado y el Monstruo se vio repelido hacia las sombras con visible decepción. Se miraba la mano y luego de nuevo a Raven para comenzar a desvanecerse. Fue ahí cuando las sombras se disiparon por completo.

El Maestro de la Guardia abrió los ojos por fin, llenando su visión de colores, fuego y humo. Quiso levantarse con cuidado, aturdido, sin saber aún qué había pasado exactamente. La nariz le sangraba, por lo que solo captaba el aroma metálico de esta. Su boca sin embargo le sabía a humo. A su alrededor estaban esparcidos los pedazos del coche, ardiendo. Por desgracia pudo atisbar que también estaban esparcidos algunos pedazos del conductor -Oh, dioses...- masculló, trastabillando con su propio peso, incapaz de estar en pie. Su uniforme estaba bastante destrozado: le quedaban uno de los brazos al aire con la manga arrancada y sus rodillas estaban también al descubierto al tener los pantalones agujereados. Por lo demás, el resto estaba cubierto de arañazos y desgarros -¿Dónde estoy?- se preguntó, mirando a su alrededor. No había verde, no había campo, ni carretera. Todo era tierra movida y humeante -¿Syra?- llamó -¿¡Syra!?- se alertó al no verla. No podía ser. No podía perderla de nuevo. El Maestro se recompuso y comenzó a moverse tan ágil como pudo entre los escombros, restos del coche e incluso del chofer para asegurarse de que no había nada que pudiese indicar que Syra se hubiese descompuesto de aquella misma forma. Se pasó un buen rato trabajando en ello hasta que llegó a la conclusión de que, afortunadamente, no era así. No había rastro de ella ni de Ren... ¡Ren! ¿Dónde estaban ambos? ¿Había tenido la osadía de llevársela? ¿Secuestrarla? De ser así, iba a encontrarlo y a descuartizarlo con sus propias manos.

Raven se dio cuenta al espabilar de que en la zona límite de donde se hallaba había unos salientes, por lo que dedujo que estaba metido en una suerte de agujero. Al salir con cuidado de aquel lugar, escalando hasta llegar a la cima, se dio de bruces con la realidad. Estaba justo donde había frenado el coche, a unos pocos kilómetros de Glamora. De hecho, podía ver la ciudad a lo lejos. Sin embargo, donde antes habían frenado ahora solo era un enorme cráter humeante. Entonces recordó el destello azul y el terremoto. Un fenómeno, una anomalía. Les había pillado de lleno y ahora Syra y Ren habían desaparecido de alguna forma -Tengo que hacer algo...- se dijo para darse ánimos -Tengo que...- se repetía, cojeando torpemente en dirección a Glamora. Trató de usar el teléfono móvil para contactar con el palacio, pero no funcionaba. Prácticamente el teléfono había sido destruido internamente -¡Mierda!- gruñó -Vamos, vamos, vamos...- aceleró el paso como pudo.

Pronto anochecería cuando Raven llegó a Glamora. Había muchas personas en la calle para lo tarde que se estaba haciendo, lo cual tampoco le pareció raro si realmente había vuelto a ocurrir un fenómeno. Cuando las primeras personas repararon en él, acudieron en tropel a tratar de ayudarle, pero le reconocieron como el guardaespaldas de la princesa y pasaron de ofrecerle ayuda a bombardearle con preguntas ¿Y la princesa? ¿Dónde estaba el Bladelyn? ¿Otro fenómeno? ¿Qué los causa? ¿Por qué Glamora? -Por favor...- pedía Raven -Un teléfono... ¿Alguien me puede prestar...?- pero nadie le hacía caso. Todo era acoso, preguntas y derribo. Nadie le ofrecía más ayuda que el sostenerle para que estuviese más cómodo, pero aún así, solo querían información ¿Podía culparlos a caso? No, en absoluto que no. Estaban aterrorizados... y él también lo estaba ¿Qué eran esas cosas que estaban sucediendo? Esas anomalías no las recordaba. Nunca lo había visto ¿Por qué se daban en ese momento? ¿Podría ser su culpa? No... sería más bien de Syra ¿Y si aquel intento desesperado por salvarle la vida mandándole a otro momento y lugar en el tiempo le estaba costando la salud al tiempo en sí mismo? Esas luces azules, las grietas en el cielo y los terremotos... Raven sentía muy en sus adentros que algo malo, muy malo, estaba por suceder.
-Basta, calma, dejadlo en paz- dijo la voz de la razon. Una mujer se acercó abriéndose camino entre la muchedumbre. Era la presidenta de Glamora, dirigente de la ciudad y gobernadora de la región. Al parecer, hasta ella estaba tan asustada que había salido a las calles -Este hombre es un guardia real de Solaris. No le avasalléis con más preguntas, necesita descansar. Ven conmigo, buen hombre- Raven se vio agarrado por ella como un muñeco. Estaba agotado -Ayudadme a llevarlo a mi casa. Allí le atenderé con mayor comodidad. Quizá pueda aclararnos asuntos importantes. Dejadle descansar- y así lo hizo la gente, obedeciendo a aquella mujer. Raven fue llevado a la casa de la presidenta, o más bien su mansión, donde fue atendido hasta la salida de la luna, reposando en una cama de invitados.

El Maestro abrió los ojos a la luz de una lámpara de aceite que había en la mesita de noche. Se encontraba mejor, pero aún el cuerpo lo sentía entumecido y pesado. Estaba sudando a mares como si tuviese una enorme fiebre -Sí que necesitabas descansar- sonreía la mujer, sentada en una silla junto a la cama. Raven reparó en ella, estudiándola. Sí, era Brissa Marev, definitivamente. De unos 30 y muchos años de edad, rubia, de semblante serio pero sonrisa amable. Estaba elegantemente vestida con una camisa verde y unos pantalones negros. Su perfume suave y fresco embriagaba los pulmones del soldado -Creo que has tenido una fiebre terrible ¿Te encuentras mejor?-
-Dónde está Syra...- quiso saber, con la boca seca.
-Eso quisiera que me contaras tú ¿Eres Raven Garland, no es así?- el hombre la miró -Eres el Maestro de la Guardia, tu nombramiento fue emitido en la televisión- asintió ella -Uno de los hombres más guapos del reino- se atrevió a flirtear con tono jocoso.
-Syra...-
-Sí, la princesa. No hay rastro de ella por ningún lado ¿Ha pasado algo con ese fenómeno?- quiso saber la mujer, inclinándose hacia la cama -¿Por eso estás así?-
-Nos...- tosió. Brissa le acercó un vaso de agua y Reven lo bebió con ansiedad para aclararse la garganta -Nos alcanzó justo encima de nuestras cabezas. El coche, el chófer...-
-Lo sé- suspiró la mujer -Envié un equipo a investigar el humo que veíamos a lo lejos tras tu llegada. Es un completo amasijo de acero y carne- bufó -Pero no hay rastro de la princesa ni del Bladelyn que os acompañaba- Raven solo negaba con la cabeza -¿No tienes ninguna pista de lo que ha podido ocurrir?-
-Ni la menor idea- mintió -Solo se me ocurre que haya podido raptarla aprovechando la confusión...-
-Son acusaciones serias, Maestro de la Guardia- dijo la presidenta, cruzándose de brazos -Se suponía que queríais evitar una guerra-
-Guerra, guerra, guerra...- Raven se fue a levantar de la cama, pero se detuvo tan pronto se dio cuenta de que estaba completamente desnudo bajo las sábanas.
-Por mi no te cortes- sonrió la presidenta, un poco interesada.
-No estoy de humor para bromas, mujer-
-Te dirigirás a mí con el respeto que merezco, Maestro. Sigo siendo una superior a tu cargo- desafió ella.
-Cuando la familia real sufre peligro la Guardia toma el control-
-¿Y por qué sufre peligro la familia real? La princesa está desaparecida pero los príncipes y el rey están en Solaris, aún ajenos a todo esto. Oficialmente, aquí mando yo y seguiré mandando- Raven frunció el ceño mirando a aquella mujer. Así que esa era la "lealtad" hacia el reino. Solo importaba el puesto y el poder, no el bienestar de la familia. No debía extrañarle, claro estaba. Su relación con Syra, su boda, todo ello le alejó de la vida pública y se acostumbró a que todo era de color de rosa hasta que estalló el conflicto final contra Munshad. Ahora volvía de nuevo al barro, a mancharse las manos y a ver lo que no veía el rey: que el reino de Solaris, el feliz y próspero reino, era una farsa que se sostenía por la pugna de poderes. Glamora podría ser la siguiente Munshad, o quizá lo sería Danovyl, solo era cuestión de tiempo y que las condiciones se diesen adecuadas.
-¿Dónde está mi ropa?-
-Sevastion te las quitó, tranquilo. No te he puesto una mano encima- seguía jocosa -Te traerá algo digno de vestir ahora que has despertado-
-Tengo que informar a palacio de lo sucedido. Déjame un teléfono-
-No funciona absolutamente nada en la ciudad desde el nuevo estruendo. Sea lo que sea lo que está pasando, nos está jodiendo pero bien. Aunque creo que a ti, más- ella le miraba con cierta perspicacia. Sospechaba que Raven sabía más de lo que ella sabía y no se equivocaba. El Maestro debía ser más precavido en su actuación y no mostrarse tan ansioso si quería salir de allí sin pasar por un interrogatorio. A fin de cuentas, decir que no funcionaba absolutamente nada significaba que tampoco habría cámaras, ni grabadoras, ni seguridad. Si ella quisiera podría amarrarlo a la cama y torturarlo para sacarle cualquier información y él no tendría pruebas. Acusarla o tomar represalias llevaría a un nuevo conflicto. Brissa sonrió de pronto, pues al parecer se dio cuenta de que Raven había pillado la indirecta.
-No sé cuales son tus intenciones, pero te equivocas si...-
-Oh, señor Garland- suspiró -Permíteme dejarte claro lo que pasa aquí. Soy una mujer que ocupa un puesto importante en el reino. Soy la presidenta de Glamora, como bien sabes. He estado viendo a tu princesa venir y hacer un abracadabra con el hospital para luego marcharse con la misma sonrisa con la que vino. Ahora resulta que tras el arreglo, aparece otro sismo extraño en el que esta vez ella desaparece- frunció los labios -Verás...- se levantó de la silla y comenzó a caminar alrededor de la cama de un lado a otro -Yo nunca he sido aficionada a las vidas ajenas. Siempre me ha importado poco la familia real. De hecho, si no he ido personalmente a la visita al hospital es precisamente porque me importa poco la compañía de los Chrone. No quiero beneficiarme de falsas sonrisas e hipocresía. Dejé que la princesa se ganara su jornal, como se suele decir- Raven la miraba con suma seriedad -La popularidad de los Chrone cae en picado y cada vez se oyen más claros los vientos de la rebelión y qué curioso que justo ahora cuando las cosas se tuercen, resulta que la princesa, que casi nunca aparece fuera de palacio, se presenta aquí y arregla un hospital con solo chasquear los dedos- Brissa los chasqueó, para enfatizar sus palabras -¿Y sabes qué? Me resulta repulsivo. Yo vivo bien, muchos en Glamora viven bien, pero otros no. En todo Solaris hay gente rica, media y pobre. No obstante, me parece de un mal gusto terrible eso de venir a pavonearse no solo de la belleza y de una ropa elegante, sino de hacer gala de una escala de poderes que está al alcance de nadie, solo de los Chrone, para enseñar que se puede solucionar todo con mover las manitas como un hada madrina- imitó aquel gesto de Syra con las manos.
-¿A dónde quieres ir a parar con esto?- inquirió Raven, molesto por el tono insultante de Brissa.
-Quiero ir a parar a que a yo tengo también poderes que no voy usando a la ligera para solucionar la vida a los demás-
-Ese es tu problema- gruñó Raven -Syra ha hecho lo correcto y pretende hacer más-
-¡Syra acaba de mostrar ante las cámaras lo crueles que son los Chrone!- vociferó la mujer, dejando patidifuso a Raven -¿Qué más pueden hacer, eh? ¿Qué será lo siguiente? ¿Curar a los enfermos? Porque si ocultan esa información, te aseguro que pronto el palacio real se bañará en sangre ¡La gente sufre mil y un problemas cotidianos que ellos pueden solucionar y no lo hacen, pero son lo bastante egoistas para demostrarlo! ¡Para demostrar que pueden y no quieren! Me arde la sangre solo con pensarlo-
-Yo diría más bien que lo que tienes es envidia- dijo Raven de pronto, sonriente -Envidias el poder de los Chrone. No tienes ni idea del desgaste que produce usar un poder tan grande. Nada en esta vida es gratis-
-Oh, lo sé- rio ella -Sé que nada sale gratis, y por eso te digo todo esto. El precio a pagar por sus acciones bondadosas es este- Raven ladeó la cabeza ligeramente -Rencor- sentenció ella -La han aplaudido ahí fuera, la han adorado al arreglar el hospital ¿Pero sabes qué decían todos cuando ha vuelto a estallar un fenómeno? "¿Dónde ha ido la princesa?" "¿Volverá?"- tanto Brissa como Raven mantuvieron un ferreo duelo de miradas durante unos instantes.
-Tú...- Raven la estudió -No estarás planeando unirte a los Munshad en la rebelión ¿Verdad?- Brissa sonrió y aquello fue más que suficiente -No voy a permitirtelo-
-No puedes impedírmelo- desafió ella. Raven se puso en pie, dándole igual su desnudez. A Brissa no le incomodó en absoluto y hasta se atrevió a bajar la mirada y hacer una observación. El hombre caminó hacia ella y ella, a su vez, retrocedió hasta dar con la pared. Se vio arrinconada por el fornido y desnudo hombre y pareció excitarle más que asustarle -¿O sí?- ronroneó -¿Vas a convencerme de alguna forma que me... satisfaga?-
-Tal vez. No soy idiota, sé que has flirteado antes de soltarme tu discurso contra la familia real ¿Es que acaso quieres que te satisfaga, como dices? Si lo hago... ¿Dejarás ese absurdo plan de alzarte contra los Chrone- Raven la miraba con intensidad. Las manos de Brissa se atrevieron a acariciarle el torso.
-Mmm...- fingió pensar -¿Crees que podrás mantener ese flujo constante de satisfacción para mantenerme desinteresada en una rebelión?-
-De forma indefinida, sí- Raven alzó una mano para acariciarle la mejilla, luego los labios. Ella le mordió el dedo con suavidad y emuló una felación con el mismo. Después, el soldado bajó la mano hasta acariciarle el cuello y Brissa soltó un suspiro excitado.
-Oh, dioses...- corrió a comenzar a desabotonarse la camisa -Trato hecho, soldado-
-Trato hecho- la mano de Raven se cerró como una pinza en el cuello de la mujer hasta cerrarle las vías respiratorias. Finalmente, le estrelló la cabeza contra la pared con tal violencia que se oyó un crujido. Los ojos de Brissa miraban intensamente a Raven hasta que fueron perdiendo la luz. Finalmente, con el peso muerto del cuerpo, se deslizó hasta el suelo dejando una estela de sangre en la pared. Raven observaba su hecho con frialdad. No podía permitir que nacieran más rebeldes, pues todo aquello empezaba a escapar de las manos de los Chrone. Debía proteger a Syra a toda costa.

Sin embargo, los problemas no acababan ahí. La puerta se abrió de mano de Sevastion, que entró distraido con ropa limpia: un jersey marrón y unos pantalones color mostaza perfectamente doblados. Sobre la ropa traía vendas, hilo y agujas para coser algunas heridas que aún estaban abiertas en el convaleciente soldado y que necesitarían algo de sutura para que curasen mejor. También traía tijeras para cortar las vendas y el hilo -Aquí lo traigo todo. Creo que servirá, señora presidenta. Los ropajes son de su ex-marido pero creo que le quedarán bien al soldado. Quizá el jersey un poco apretado pero... Por los cielos... ¡Por los cielos!- exclamó al ver a Raven en pie, desnudo, frente al cuerpo inmóvil de la presidenta -Ayuda... A-ayuda- las piernas le temblaron al muchacho. Apenas habría llegado a la veintena. Era flaco, paliducho, con ojos azules como la luz de la propia Acronita. Raven se aproximó a él como un gigante imposible, un coloso imbatible -P-por favor. No me haga...-
-Eres Sevastion- dijo Raven, ido como un robot.
-S-sí-
-¿Te han dicho alguna vez que pareces un munshita, Sevastion?-
-¿Eh...?- antes de poder decir nada, la enorme mano de Raven se cerró en torno al cuello del muchach. El silencio reinó en la habitación a partir de entonces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario