La Acronita, el afamado cristal del Santuario de Chrone, el epicentro de todo Solaris. Aquella maravillosa roca mágica, cristalina y de tono azulado, despedía una incandescencia del mismo color, bañando por completo la enorme sala en la que se veía custodiada. Levitaba sobre las aguas tranquilas de la fuente que había bajo la misma, danzando de forma graciosa, girando sobre sí misma. Los ojos de Ren estaban completamente abstraidos por la magnificencia de semejante objeto, no solo por la belleza sobrenatural de la que hacía gala sino por el ingente poder que desprendía. El simple hecho de estar en su presencia ya imbuía al Bladelyn de una sensación superior a la que había sentido nunca, un bienestar que jamás había sido capaz de imaginar. Era embaucador, hipnótico. Parecía pedirle a gritos que posara su mano en el cristal, que se sumergiera en las aguas de la fuente sobre la que flotaba. Le pedía que se hiciera por completo con ese poder y cumplir con los deseos de aquel que le envió a ese lugar, al palacio ¿Debía? O más bien, la pregunta que debía hacerse era ¿Quería hacerlo? Tomar el poder, sí. Ceder ante las órdenes una vez más, no lo tenía tan claro. Desafortunadamente para él, el estruendoso eco de unas puertas cerrándose a sus espaldas le sacaron de su profunda reflexión.
-¿Se puede saber qué haces tú, de entre todos los habitantes de este palacio, aquí?- preguntó la futura reina con una voz tan severa que le hacía parecer ser otra persona. Impropia de ella, hasta lo que conocía Ren.
-Paseaba- dijo de forma distraida el invitado Bladelyn, cruzando las manos tras la espalda.
-Es sano el satisfacer la curiosidad y pasear por donde se te ha dado permiso. Este lugar, sin embargo, está fuera de tu alcance. Márchate ahora mismo- estaba tensa, confusa y algo irritada por la conversación anterior con Raven, de manera que no estaba de humor para soportar a Ren.
-No voy a irme- declaró el munshita, haciendo que ella se acercara a él con paso acelerado, intimidante y amenazadora.
-¿Vas a obligarme a llamar a la guardia, Ren? Te tienen tantas ganas que con solo sugerir que me estás molestando te despedazarían-
-Y habrá guerra. Además, no pueden conmigo-
-Guerra- repitió Syra con burla -Sólo sabes hablar de guerra, igual que mis hermanos. Todo cuanto queréis es guerra. Cualquier amenaza, cualquier chispa, es una guerra. Guerra, guerra, guerra...- gruñó -Pues bien, Bladelyn ¿Cuándo vamos a sentarnos a negociar de una maldita vez para que no estalle esa maldita guerra que tanto anhelais por ambas partes?- la mirada furiosa de la princesa estaba clavada en la elevada estatura del Bladelyn. Era curioso que él no la miraba como siempre lo hacía, con esa expresión de chulería y esa media sonrisa provocadora. Estaba serio. Muy serio. Tanto como ella.
-Cuando digáis, princesa- declaró -Yo también creo que ha llegado el momento, definitivamente-
-Gracias a la Acronita- la chica miró el cristal y luego de nuevo al Bladelyn -Vete, entonces. Prepararé la reunión y pondremos fin a toda esta pérdida de tiempo-
-No me iré- Ren le dio la espalda a la princesa y se acercó a la fuente para observar el cristal con más detenimiento.
-¿Es que estás sordo o simplemente eres...?- se contuvo para no insultarle. Por un instante parecía atender a razones, pero de nuevo volvía a creerse por encima de la autoridad en el palacio.
-¿Tonto?- concluyó él -¿Arrogante, insensato?- bufó -A ratos, sí. Cuando debo serlo. Pero os rogaría que no me malinterpretarais hoy, princesa. No os desobedezco por vehemencia o por descaro-
-¿Entonces qué se supone que haces si no es comportarte como si fueras el rey de este lugar?- bufó la princesa.
-Quiero saber- confesó él -Simplemente busco el conocimiento- la miró de nuevo.
-¿Sobre la Acronita?- quiso adivinar ella.
-Sobre vos- sonrió él. Aquella afirmación la hizo alzar las cejas y cambiar el planteamiento de su actitud.
-¿Sobre mi?- por un instante no supo cómo mirarle a la cara. Parecía una situación un tanto embarazosa -¿A qué te refieres?-
-Me heristeis- Ren se llevó una mano a la frente y se la acarició -¿Cómo?-
-Ah, eso- se alivió visiblemente la chica -Mientras te enfrentabas a mis hermanos me limité a observarte. No solamente con los ojos, sino con sensaciones. Tienes un enorme poder mágico, demasiado grande diría yo, para no ser parte de la familia Chrone- declaró -Y lo usas para tener semejante fuerza y tamaña resistencia a los golpes-
-No- negó Ren -Eso es lo que más curiosidad me causa. Yo no "uso" magia alguna. Es inherente en mí. Forma parte de mí como lo forma mi voz, mis pensamientos y mis sentimientos. Este poder mío del que habláis se manifiesta prácticamente solo. Y supisteis ver una debilidad que ni yo mismo conocía- sonrió.
-Yo lo sentí con claridad- se encogió de hombros -Cuando atacas, tu defensa baja. Es como si tu poder fuera un torrente de agua que se distribuye entre dos bombas de presión: una de ataque y otra de defensa- Syra se rascó un poco la mejilla tratando de dar una explicación simple, pero arrancó una risa de Ren en su lugar -¿Qué te resulta tan divertido?-
-La futura reina sabe de distribución de agua, bombas de presión y tuberías- se mofó -¿Puedo llamarte también si necesito poner una estantería en mi habitación?-
-Lárgate de este santuario, Bladelyn- ordenó Syra entornando la mirada, molesta.
-Solo bromeaba- carraspeó Ren, restándole peso a su comentario -Agradezco la observación sobre mi... poder- se miró una mano. Entonces Syra llegó a la conclusión más sencilla.
-Ahora entiendo- sonrió maliciosa -Quieres saber el cómo entendí tu poder para que puedas entenderlo tú mismo. No lo controlas-
-Chica lista- sonrió Ren.
-Quién me lo iba a decir... el tan temido coloso de Munshad, el terror de mi guardia y el implacable enemigo de mis hermanos, es solo un niño con una espada que no distingue la punta de la empuñadura- se mofó Syra esta vez. Ren frunció ligeramente el ceño ante el comentario, lo que hizo que Syra empezara a reirse.
-¿Qué?- gruñó el Bladelyn.
-Mírate...- Syra fue calmando su risa. Fue más un estallido de liberación de estrés y nervios que verdadera diversión -¿Dónde está tu bravuconería? ¿A dónde ha ido a parar esa fachada de hombre seguro que creía tenerlo todo bajo control? Porque casi parecía que así era, hasta ahora. Estás tan perdido como nosotros ¿No es así?-
-Todos buscamos algo, princesa. Vosotros evitar una guerra y yo los intereses de mi pueblo, así como respuestas personales-
-Es curioso que después de tantos días aquí, es la primera vez que te veo como a un humano- Syra se llevó las manos a la cara y se la frotó con cansancio. Empezaban a ser altas horas de la noche, a fin de cuentas -Deberías practicar más esa faceta. Creerte superior solo te hace detestable-
-¿Me detestáis?- sonrió Ren.
-Algo- afirmó Syra frunciendo los labios -Un poco-
-Vuestros hermanos y vuestra guardia me detesta mucho. Supongo que vos me detestéis un poco es un halago-
-Es una advertencia- suspiró Syra. Con esas palabras el ambiente que empezaba a parecer amable volvió a tensarse -Ren, no miento si digo que este pequeño instante en el que ha parecido verse tu alma tras esa dura coraza que tienes por cuerpo ha sido agradable y un poco desestresante. Como protectora de Solaris, me satisface saber que no estoy encarándome contra un ser descorazonado y despreocupado con el que no se puede negociar- hablaba seria, con el porte de reina -Y por esa razón ahora puedo decirte con más seriedad que nunca que el tiempo se te ha acabado. Declararemos por fin una mesa de diálogo y se llegará a una respuesta inmediata. No te merece la pena ganarte la completa enemistad de palacio y conmigo ya te falta poco. No metas la pata hasta ese punto-
-¿Entonces puede llegar a darte igual una guerra?- Ren alzó ligeramente el rostro, altivo y desafiante.
-Una guerra es una tragedia que queremos evitar a toda costa, pero empezamos a cansarnos de hacerte ver que nos acongoja esa amenaza. Hoy no tengo ganas de soportar bravatas, así que te lo diré bien claro: si buscáis sangre, si provocáis heridas, recibiréis un trato recíproco. Dadnos paz, y tendréis paz-
-¿Para qué dialogar si acabáis de sentenciar el trato?- el hombre se cruzó de brazos.
-Es algo que debemos aceptar todos en el Consejo y ante tu presencia. Es una negociació formal. Lo que te digo ahora son palabras que debes usar para reflexionar, Bladelyn. El exceder tus límites acaba hoy, con tu entrada en este Santuario en el que no se te permite el acceso-
-Oh... Parece que he firmado mi sentencia- bromeó.
-Ahí estás... otra vez- Syra frunció el ceño de nuevo -Esa máscara de actitud jocosa que no parece tomarse en serio lo que sucede a tu alrededor ¿Por qué vivir así? Acepta que hemos sido bondadosos y que ahora te toca a ti extender la mano-
-La mano está extendida desde que llegué- se encogió de hombros -Sabéis de sobra a qué he venido y qué es lo único que aceptaré. Sobre mi actitud, soy como soy-
-Mentiroso...- dijo cansada. Había podido ver más de lo que él creía. De hecho, parecía hasta algo nervioso ante la situación de que de verdad hubiese podido ver más de él en un momento de lo que creía: un hombre con un gran poder ignorante de como usarlo, con dudas, con preguntas y seguramente con miedos que aún podría descubrir.
-Parecéis cansada, de modo que os dejaré en paz- dijo por fin -Ya tengo lo que quería por hoy y de paso me llevo la hermosa vista de este Santuario- con algo de prisa, pasó junto a la princesa en dirección a la puerta.
-Ren- Syra le llamó. Éste ya estaba abriendo la puerta del Santuario, de forma que el lejano estruendo de un relámpago se dejó oír. El hombre se quedó inmóvil, mirándola por encima del hombro -¿Realmente vienes a negociar con nosotros... o es una tapadera para permanecer aquí y hacernos daño?- ante la pregunta, la puerta se cerró. La princesa suspiró creyéndose que se había ido, pero los pasos del hombre sonaron cerca, tras ella. Se giró para encontrarse con el rostro de Ren, del verdadero Ren, sin mentiras ni máscaras.
-Puedo ser bruto, descarado, provocador y un tanto tocapelotas- los labios de Syra se curvaron ante esas palabras -Pero no soy ningún criminal, ni un asesino- declaró -He venido por asuntos políticos-
-Está bien. Puedes irte-
-¿Por qué me has preguntado eso?- sonó autoritario. Syra pasó por alto esa forma de hablarle una vez más.
-Eres un Bladelyn- dijo Syra sin más, girándose hacia el cristal. Ren la tomó del brazo y la giró de nuevo para encararla.
-Mi apellido no me define. Las acciones de mi pueblo no me define. Las reclamas de mi padre no me define. Yo solo hago mi trabajo- gruñó -No permitiré que se me acuse de algo que no soy- Syra le miró la mano que fuertemente le agarraba el brazo. Ren procedió a soltarla con prontitud -...Lo siento-
-Así que sabes disculparte- pinchó ella con la mirada más fría que le podía dedicar -No vuelvas a tocarme, Ren, o serás culpado de lo que supuestamente no eres- Ren asintió. Era terriblemente extraño para Syra tener la sensación de que por ese instante, lo tenía sometido de alguna forma -Compórtate y demuestra quién eres si no quieres que vuelva a preguntarme la razón por la que estás aquí, Bladelyn- ante las últimas palabras de Syra, Ren procedió a marcharse.
-Prefiero que me llames Ren en lugar de Bladelyn- dijo volviendo a abrir la puerta -Es mi nombre. Mi nombre propio. El que me define únicamente a mí- sin esperar respuesta, se marchó del Santuario, dejando a Syra a solas frente al cristal con tantas dudas, tantas preguntas y tanto aún por terminar de saldar ¿Quién era el verdadero Ren, y cuáles eran sus verdaderos planes? ¿Decía Raven la verdad o solamente estaba afectado por las tensiones entre los reinos? ¿Sería ella capaz de apoyar a su padre, o de llevar las riendas del reino cuando éste no pudiera hacerse cargo de Solaris?
-Acronita...- Syra se arrodilló frente a la fuente y se dejó caer en el borde, jugando con las aguas de la fuente con uno de sus dedos -Ayúdame a despejar la mente...- suspiró y cerró los ojos, tratando de calmarse. Todo se estaba volviendo difícil y aún podían llegar a complicarse mucho más...
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