El fin de la cena estaba próximo y no era de extrañar, pues no había comensal alguno que no estuviera dándose brío en la ingesta para salir de allí cuanto antes. El último en terminar su plato no fue otro que Ren, que parecía detenerse a degustar y distinguir los diversos matices de los sabores como si fuese un experto catador. De todas formas, a los demás les quedaba bastante claro que lo hacía por fastidiar, probando los límites de la paciencia de la familia real y hasta donde alcanzaba la capacidad de éstos para mostrar cortesía -Parece que la cena ha sido de tu agrado, Ren- dijo el rey con una pequeña sonrisa, esperando calmar los ánimos con un tema más suave.
-Mucho. La comida está deliciosa- ante la afirmación del Bladelyn, Aurum asintió -Gracias por la cena-
-No hay de qué, hijo. Eres nuestro invitado-
-Supongo que no todos los días uno come de forma digna allá por Munshad- dejó caer Dusk dando un trago a una copa de vino.
-Ah, sí. Ahora tocan las copas- observó Ren, tomando su copa personal.
-Cielos...- masculló el rey, negando con la cabeza.
-Ese comentario puede sonar desafortunado, Dusk- apuntó Syra -Retráctate-
-¿Por qué debería?-
-Básicamente me has llamado muerto de hambre- sonrió Ren de forma encantadora.
-Solo he sugerido que en Munshad no existe la riqueza alimenticia que tenemos aquí. Claro que eso se puede solucionar ¿No es así?- el mayor de los hermanos miraba con interés a Syra y a Aurum. Iran reía por lo bajo adivinando por dónde iban los tiros de Dusk.
-Ya veo- Ren dio un sorbo al vino y se lamió los labios despacio, saboreándolo -Me estás diciendo que si paran las revueltas y el gobierno Bladelyn cede ante nuestro derecho de un reino independiente, la capital nos aportará bienes alimenticios para que la población tenga una dieta rigurosamente sana-
-Yo no he mencionado política alguna ahora mismo- apuntó Dusk.
-¿Pero de qué vamos a hablar, si no? He venido a ello. Apuesto a que la futura reina tiene una opinión al respecto- la miró divertido, pero la interrumpió cuando Syra iba a hablar -No obstante, y me disculpará la princesa que la deje con la palabra en la boca, somos autosuficientes. Supongo, príncipe Dusk, que no has estado en Munshad como para saber con seguridad cual es nuestro nivel de vida- al decir aquello, Dusk dejó la copa violentamente en la mesa y miró a Ren, que le sostuvo la mirada y la sonrisa con mucha más altanería.
-¿Qué sabrás tú de dónde he estado y dónde no?- gruñó.
-Cálmate, Dusk- pidió el rey -Es evidente que nuestro amigo no está al tanto de los infortunios que han ocurrido por...-
-¿¡Nuestro amigo!?- aporreó la mesa. Los platos y copas tintinearon ante el fuerte golpe -¿Y de verdad pretendéis creer que no sabe lo que ocurrió? ¡Todo el mundo se enteró de lo que le ocurrió a Keira! ¡Y todo por esas...!- trató de contener la lengua, pero le pudo rabia -¡Por vuestras putas revueltas!-
-¡Dusk!- la voz de Syra y Aurum lo llamaron al unísono. Padre e hija se miraron, obteniendo esta última un gesto de aprobación por su padre. Ambos, ella incluida, debían actuar como soberanos y mantener el control. El mayor de los príncipes se puso en pie, apoyado en la mesa, respirando hondo
-Lo lamento- no lo lamentaba en absoluto, mentía desde lo más hondo de su alma, pero si no aparentaba arrepentimiento pronto vendrían las reprimendas y posiblemente el problema diplomático con ese desgraciado Bladelyn -Será mejor que me marche. Siento la salida de tono-
-Ve, hijo- invitó Aurum con suavidad.
-Disculpas aceptadas- dijo Ren dejando la copa de forma despreocupada sobre la mesa, ya vacía -Sé que las revueltas de Munshad siempre son un tema candente- de nuevo, Dusk y el Bladelyn cruzaron una mirada que podría cortar hasta la Acronita. Hacer referencias a Munshad y fuego era una clara pulla hacia las quemaduras graves que sufrió la esposa de Dusk allí, en las revueltas -Desgraciadamente...- infló las mejillas reteniendo un bufido en la boca, como si no supiera qué decir al respecto, aunque al final exhaló el aire y atrevidamente, habló -Son conflictos que sin duda dejan huella. Heridas profundas, difíciles de cicatrizar-
-Considero que es suficiente por hoy- Syra se puso en pie, con la presencia que debía tener una reina -Nos vendrá bien a todos digerir esta comida con mucha más calma de la que encontramos aquí, que es escasa-
-¿Es por algo que he dicho?- aquella pregunta estúpida por parte de Ren fue la gota que colmó el vaso.
-Representante de Munshad, creo que no eres consciente de lo provocadora que es tu presencia aquí. De hecho, me atrevo a decir que sí eres consciente y estás aprovechándote de ello. Si de verdad has venido a negociar una paz hipotética, como princesa y futura heredera al trono te pido que abandones esos aires de superioridad y dejaras de tentar a la suerte. Tu suerte- tras su sentencia, allá en la puerta, Raven se llevó una mano a la boca y giró ligeramente el rostro para evitar llamar la atención ante la risilla que se le estaba escapando. Syra fue consciente del gesto y lo miró con cierta diversión.
-¿Tentar a mi suerte?- Ren se puso en pie y al hacerlo, le siguió Iran y Aurum. Raven dejó de reir para apoyar la mano en la espada -¿Podría considerar eso una amenaza?-
-Considéralo como quieras, Bladelyn- ella le sostuvo la mirada -Pero estás en el palacio real, tratando con la familia real. Nosotros te tratamos con el respeto que merece un descendiente de una de las Grandes Casas de Solaris y tú no haces más que tensar la goma para comprobar su resistencia. Es sabio por parte de cualquiera, hasta para el que no es un soberano- aquella afirmación era una daga directa a la negación del reino independiente de Munshad -que cuando la goma se rompe, vuelve devolviendo un frío y lacerante golpe- entonces, se hizo un breve silencio.
-Creo que ahora sí empieza a interesarme el negociar con vosotros- afirmó finalmente Ren, pero sin dejar atrás esa capa de soberbia y falsas sonrisas provocadoras.
-Fin de la cena- sentenció Aurum -Podéis retiraros, todos- no hubo más que decir. Ninguno contradeciría una orden directa del rey.
Rato después de la cena, Syra por fin encontró a su hermano Dusk. Lo había estado buscando desde que todos se dispersaron para poder hablar con él a solas, pero parecía haberse vuelto un fantasma. Dio con él gracias a unas tenues luces que pareció ver en una caseta cerca de los barracones, un aula de entrenamiento. Allí estaba Dusk, lanzando hechizo tras hechizo contra una de las marionetas que usaban los soldados para entrenar. Eran una suerte de soldados de hojalata animados con una leve magia para que pudieran atacar y defenderse para hacer las prácticas mucho más realistas. A esas alturas y tratándose de Dusk, había al menos una docena de marionetas regadas por el suelo, destrozadas y chamuscadas hasta empezar a desmoronarse como si fueran ceniza. Aquello era una muestra del poder que encerraba Dusk... y de lo furioso que estaba.
-Padre fue muy inteligente al hacer estas marionetas en lugar de hacer entrenamientos con soldados. Habrías matado a medio escuadrón y estariamos con el agua hasta el cuello- dijo amablemente la chica, restando seriedad al asunto, con las manos tras la espalda.
-Para mí... todos son ese Bladelyn- gruñó.
-Debes relajarte, Dusk-
-No pienso relajarme. No puedo relajarme ¿Cómo voy a hacerlo cuando se pasa el día provocando? Está tratando de que le ataquemos, de que perdamos el control ¿¡Es que nadie lo ve!?-
-Claro que lo veo- la chica agarró a su hermano por el brazo para entablar contacto físico y la tuviera en cuenta -Todos lo vemos, Dusk, porque él persigue un objetivo. Y nosotros perseguimos el nuestro. Para que podamos llegar a buen puerto, hay que soportarle como él nos soporta. Obviamente tampoco quiere estar aquí-
-Pues que se marche el maldito desgraciado. Si tantas ganas tiene de volver a Munshad lo llevaré personalmente allí en mi aeronave y lo dejaré caer desde el cielo- volvió a gruñir.
-Esa no es la forma...- suspiró la chica.
-Ninguna es la forma- se soltó Dusk -Ninguna manera es la correcta de tratar con él ¿Soy el único que huele a carne quemada cuando lo ve? ¿El único que escucha gritos de horror en su mente cuando habla? Parece que le rendimos homenaje al nivel de los reyes de Valon o Steela, cuando no es más que un mensajero de unos asesinos revolucionarios...-
-Dusk- Syra volvió a tomarle el brazo -Te prometo, hermano, que estoy de tu parte. Iran y padre también. Todos lo vemos de la misma forma que tú. Todos hemos sufrido las pérdidas en aquellas revueltas, todos hemos lamentado las heridas de Keira y jamás lo olvidaremos ni lo perdonaremos... Todos hemos llorado contigo y seguiremos llorando a nuestro Chrone nonato. Iba a ser mi sobrinito...- dijo con una sonrisa nostálgica y triste.
-No hables de ello, Syra. No podré... contenerme si pienso en eso- Dusk se enjuagó una lágrima traicionera.
-Lo entiendo... ¿Pero y tú, Dusk? ¿Piensas que eres el único que ha perdido algo en las revueltas? ¿O que sólo tu esposa salió herida? Allí hijos perdieron padres, padres perdieron hijos... Hubo muchas bajas-
-¡Pero nosotros no iniciamos la guerra!- se excusó el príncipe.
-El culpable de una guerra no es solo quien la inicia, también tiene su parte de culpa el que la continúa participando en ella-
-Entonces estás justificando que éste tipo venga aquí a hacer lo que le de la gana para no ser nosotros los malos ¿Es eso?-
-No, tontorrón. Lo que trato de decirte es que debes entender que tenemos que entendernos para que no vuelva a estallar otro disturbio de ese calibre. Padre no merece mancharse más las manos de sangre, ni podemos permitirnos el ponernos a la población en contra. Si nos ven como a unos tiranos, pueden echársenos encima. Y nosotros no podremos contener a toda una nación-
-Tenemos la Acronita...-
-La Acronita no es un arma, Dusk. No... no debe ser tratada como un arma. Recurrir a ella sería... un genocidio a escalas nunca antes vista- le palmeó el brazo con cariño -No vuelvas a tener pensamientos así, por favor. No te conviertas en un tirano, en un monstruo. Eres mi querido hermano, te necesito fuerte, a mi lado- le sonrió -Dame fuerzas para ayudar a padre a tomar una decisión, alcanzar un buen puerto con ese petardo Bladelyn y que se vaya a su casa lo antes posible. Ten un poco de paciencia- Dusk la miró y ella le seguía sonriendo -¿Confiarás un poquito en mí?- hubo un tenso silencio entre ambos hasta que Dusk suspiró.
-Tanto como tu estatura, enana- bromeó con desánimo.
-Me vale- la chica lo abrazó y Dusk se dejó hacer. Cuando Dusk se dejaba abrazar de esa forma, era una clara señal de que necesitaba cariño -Deberías volver a casa. Te echarán de menos-
-Tal vez...- la princesa se puso en pie y se dispuso a marchar. Dusk vio que en la puerta estaba Raven, cosa que tampoco pasó desapercibido a Syra.
-¿Me estás siguiendo, Maestro?- preguntó la chica -Soy consciente de que has estado tras mis pasos desde que salimos de la cena ¿Sucede algo?-
-En cuanto a eso...- Dusk se puso en pie, rascándose la nuca -Me temo que es cosa mía, Syra-
-¿Perdón?- la princesa se giró para mirar a su hermano.
-No me fio de Ren Bladelyn, eso está más que claro. Hablando con Iran y con el Maestro Raven... llegué a la conclusión de que sería inteligente por nuestra parte que tengas un escolta en palacio. El Maestro Raven es el mejor candidato y está haciendo su trabajo- explicó
-¿Un escolta en mi propia casa?- preguntó Syra, dejando el tono cariñoso de hermana menor para adoptar el severo semblante de una futura reina -¿Así de inútil me ves, Dusk? ¿Que no puedo cuidar de mí misma?-
-En absoluto, Syra- trató de explicar Dusk -Pero si tiene malas intenciones, padre y tú sois los objetivos principales. Iran y yo nos podemos ocupar de proteger a padre, pero tú eres más...-
-¿Torpe? ¿Frágil? ¿Indefensa?-
-Inquieta- dijo finalmente su hermano -Padre no suele moverse demasiado de su despacho pero tú siempre estás llena de vida y te aburres anclada en un mismo lugar. Raven podrá seguirte con más flexibilidad que Iran y yo-
-Inquieta, claro- carraspeó Syra -Entonces no te extrañará no verme mucho en los próximos días. Me temo que voy a estar ocupada con mi innecesario guardaespaldas como para atenderte-
-Vamos... ¿En serio te vas a enfadar?- se consternó Dusk.
-Me place- sonrió Syra con frialdad -Aunque sea para la próxima vez tengas la decencia de consultármelo primero- la chica se alejó de su hermano en dirección a la puerta, donde la esperaba Raven -Y tú deja tu puesto. Te destituyo de tu papel de guardaespaldas. No te necesito-
-Como Maestro de la Guardia solo respondo ante el Capitán, que es vuestro hermano, y el Rey. Lo siento, Syra- sonrió. No podía evitarlo. Estaba con ella. Hablando con ella.
-No vuelvas a dirigirte a mí con ese tono confiado, soldado- le señaló Syra -Me habéis agotado la poca paciencia que me quedaba-
-A vuestras órdenes, princesa. Aunque procuraré caeros más en gracia, para mejorar nuestra relación- Syra arqueó una ceja ante esas palabras -Vamos a estar muy juntos a partir de ahora- aquellas palabras la terminaron de hacer explotar. Syra se marchó ahogando un grito de rabia y frustración y Raven la siguió sonriendo. Ah, Syra, realmente no era diferente. Tan fácil de picar, tan fácil de frustrar... pero tan dulce y amable como su padre, que pronto olvidaría la ofensa para continuar como si nada hubiese pasado. Dusk se marcharía también pronto de allí, ignorando que había alguien más escuchando toda aquella conversación. Alguien a quien se le daba muy bien esconderse en las sombras, un soldado con el uniforme de Solaris.
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