Fue tras aquel largo día de vigilia por la salud del rey cuando ya la princesa se encontró con el equipaje realizado con ropa para varios días dado que no sabían con exactitud cuánto tiempo estarían de visita. Ren había recogido por igual todas sus pertenencias y ambos futuros novios se encontraron tras la noche del anuncio por parte de Aurum, por primera vez, a los pies de la rampa de embarque de la aeronave que los aguardaba en el helipuerto en lo más alto de la torre principal de palacio, donde Dusk e Iran solían ir a airearse. De hecho, allí estaban, aguardando junto a Raven la, de nuevo, tardía llegada del Bladelyn -Sigo pensando que lo hace a posta- decía Raven dando una profunda calada a un cigarrillo al que Dusk le había invitado. El príncipe mayor también fumaba, mirando a su hermana dar vueltas de un lado a otro, nerviosa, a punto de morderse las uñas.
-No lo hagas Syra, es malo para los dedos- aconsejó.
-Déjame, Dusk- pidió la chica con la voz triste.
-Esto es un infierno- gruñó el Maestro -La comprendo con toda mi alma-
-Pues si la comprendes, no la dejes sola- aconsejó Iran
-Nunca- volvió a dar una calada -Si va al abismo, la acompañaré. De eso no cabe duda-
-Eres un buen hombre Raven- observó Dusk -Cumples las órdenes a rajatabla y eres leal como nadie. Ojalá mi hermana pudiera casarse con alguien como tú. Seguro que te prefiere antes que a Ren-
-Deja de decir tonterías Dusk. No estoy de humor- gruñó Syra. Raven simplemente la miraba con gran pesar.
-Ahí viene- señaló Iran, metiendo las manos en los bolsillos. Ren apareció con la maleta colgando de una mano, acercándose hacia la aeronave. Se detuvo a unos pasos de Syra, mirándola fijamente.
-Supongo que Agro Bladelyn no se molestará si llegamos más tarde ¿no?- preguntó Raven con hostilidad -Parece ser que es costumbre vuestra el hacer esperar-
-He ido a presentar mis respetos al rey antes de marcharme- al decir aquello, se hizo un tenso silencio entre todos los presentes.
-Pues te aconsejo que si quieres vivir no vuelvas a acercarte a mi padre sin nuestra presencia- advirtió Dusk.
-Soy el futuro marido de Syra. Soy parte de la familia. Lo haré cuando considere- desafió Ren no sin cierta desilusión, pero no iba a permitir que lo pisotearan cuando él realmente trataba de evitar un conflicto mayor.
-¿Vamos?- preguntó Syra airada. Prefería marcharse antes de seguir mencionando una y otra vez la boda.
-Vamos...- asintió Ren, pasando a subir la rampa tras ella. Raven apagó el cigarro, inclinó la cabeza ligeramente a los príncipes y se dispuso a seguirlos.
-Cuida de ella, Raven- pidió Dusk, agarrándole un hombro -Por favor, que no le pase nada. No dudes en... Bueno...-
-Haré lo que sea necesario- aseguró el soldado -Lo que haga falta, sin miramientos- asintió -Os lo prometo, a ambos. Nada le pasará a la princesa mientras yo sea su guardaespaldas-
-Gracias, amigo- sonrió Dusk. Raven le devolvió la sonrisa, un tanto petrificado mirando al mayor. Aquel tono de voz, aquella sonrisa, el llamarle "amigo", lo retrajo a días pasados que no parecía que fueran a volver. La complicidad con Dusk era algo que añoraba justo por debajo de a la propia Syra. Eran felices, todos ellos, en aquellos días. Hasta que el Monstruo lo estropeó todo.
Finalmente la aeronave despegó con gran estruendo, perdiéndose entre el horizonte antes de que los príncipes pudieran fumarse otro cigarrillo. De haber ido en coche, el viaje hubiese durado prácticamente un día entero. Afortunadamente, la vía aerea era mucho más rápida y solo sería cuestión de horas. Además, la aeronave era lo bastante grande como para que la princesa y el heraldo de Munshad no tuvieran que verse las caras en el transcurso del viaje. Solo se trataba de Raven y la princesa, apartados en uno de tantos habitáculos, los únicos que se hacían compañía.
-¿Cómo estáis?- preguntó el hombre, apoyado contra la pared, mirando a la chica.
-¿Cómo crees que estoy?- gruñó -Prefiero no hablar, Raven. El silencio ahora mismo es mi mejor compañía-
-El silencio es una agradable compañía cuando la mente está en paz, princesa. Cuando está envuelta en la oscuridad de los problemas, el silencio es el peor aliado de la mente- sonrió el soldado -Por eso estoy aquí, para daros la murga y no permitiros pensar- la princesa le miró y no supo qué decirle. Odiaba que le hablara pero a su vez era reconfortante. Se encontraba entre dos aguas.
-¿Me estás avisando entonces de que me vas a estar molestando?-
-Durante cada minuto que pasemos en el infierno munshita, sí-
-Iré preparando la horca para cuando volvamos a Solaris capital entonces- suspiró Syra.
-Conforme, siempre que me deis el honor después de ser una bonita alfombra a vuestros pies para seguir molestandoos- era una estupidez, pero aquella despreocupación y descaro de soldado, en vez de irritarla como de costumbre, la hizo soltar una risilla.
-Eres raro hasta decir basta, Raven. Nunca me cansaré de decirlo-
-Ni yo de oiros- ambos se miraron con cierta simpatía. Quizá, comprendió Syra, le iba a venir la mar de bien tener a un apegado guardaespaldas en ese rincón del país al que se dirigían.
Cuando la nave tomó tierra Syra ya se sentía extraña. El piloto avisó por megafonía el momento en que entraron en la región de Munshad y justo en ese instante la princesa ya se había sentido extraña. Aterrizar no lo mejoró, ni mucho menos abrir la rampa para desembarcar. Una densa bruma amenazó con colarse dentro de la nave cuando se abrió al exterior y el frío les heló las carnes a todos los pasajeros. Ren estaba mucho más acostumbrado, por supuesto. La princesa se había cubierto con una capa de piel mientras que Raven lucía la gabardina oficial de la guardia, de color negro, elegante y reconfortantemente abrigada. Al salir fuera, Syra terminó de confirmar sus sensaciones. Había estado en Tarkav días antes con Ren y había visto el deplorable estado de la frontera con Munshad pero no había sentido en absoluto el pavor y el terror que la recorría ahora por dentro. La región, los árboles, la ligera nieve que cubría las calles, la bruma... todo apestaba a muerte, a miedo. Sentía la magia electrificándole la punta de los dedos como si estuviese justo en frente de la misma Acronita. Munshad estaba cargada de un aura poderosa, tanto o incluso más que la de su propio padre, el rey ¿Cómo era posible? ¿De dónde manaba? No imaginó que llegaría a sentir curiosidad por Munshad, pero empezaba a tenerla, dado que aquella cantidad de magia en el ambiente era peligrosa, realmente peligrosa.
La aeronave no los dejó muy apartados de palacio, ya que la ruta estaba bastante bien estudiada por el equipo de pilotos para tampoco llamar demasiado la atención de las masas munshitas que clamarían sangre contra Syra. Ren también dio datos de cómo podrían tomar tierra en la zona privada tras la mansión Bladelyn donde nadie les llamaría la atención, más que la guardia privada de Agro. No obstante, estos soldados se calmaron en cuanto vieron aparecer a Ren y lo custodiaron, junto a sus invitados, hasta la entrada de la mansión. Vista desde fuera ya parecía ser bastante ostentosa, a la par que siniestra, pero fue el interior lo que realmente sobrecogió a Syra y a Raven. Las paredes, los suelos, todo estaba salpicado con baños de colores rojos, dorados y de vez en cuando grises o negros. La apriencia era tétrica, gótica, como de cuento de terror. La princesa apenas podía dar crédito a que hubiese un lugar tan diferente al resto del reino de Solaris. De hecho jamás creyó poder ver algo así con sus propios ojos -Apuesto a que Agro Bladelyn es un vampiro- le susurró Raven cerca del oido.
-Raven...- advirtió la princesa no sin una sonrisilla. Parecía hablerle leido la mente, pues ella estaba pensando lo mismo.
-Cubríos el cuello, princesa- añadió para relajarla aún más, en tono jocoso.
-¿Os divertís?- preguntó Ren, interrumpiéndoles. No oyó lo que decían, pero sí sabía que balbuceaban entre sí. El Maestro y el Bladelyn se miraron con suma intensidad, al borde de las chispas. Allí, en el hall principal, unos miembros del servicio acudieron a llevarse el equipaje a toda velocidad. Dieron la bienvenida a Ren con un respeto similar al miedo, como pudo comprobar Syra. Además eran extraños, oscuros, macilentos, pálidos. Uno de ellos, el que se llevó el equipaje de la princesa, parecía tener heridas algo recientes en la cara ¿A qué se debía aquello? ¿Quizá a las revueltas? -Venid conmigo, sé que aunque no hayamos avisado, ya nos está esperando-
-¿Quién?- preguntó Syra con seriedad.
-Mi padre- declaró Ren con un hilo de temor en la voz.
[Star Wars - Emperor Palpatine Suite]
Desde el propio hall de entrada se extendían unas escaleras a cada lado de una enorme puerta negra que daban al piso superior de la mansión, pero las protagonistas en ese instante fueron las puertas. Ren las abrió no sin cierto esfuerzo, cosa que llamó la atención de la princesa ¿De qué estaban hechas? ¿Eran para proteger a Agro? ¿Y cómo sería ese hombre al que jamás le había puesto cara? Pronto lo sabría, pero antes supo que era de él quien procedía esa macabra oleada de magia negra que había sentido nada mas llegar a Munshad. Su oscura silueta se dibujó al frente de la sala, sentado en un siniestro trono de marmol negro lleno de vetas rojas en lugar de blancas, como si fueran hileras de sangre chorreante a su espalda y bajo sus decrépitas manos. Agro, de figura anciana y un tanto encorvado, lucía una larga túnica negra con una amplia capucha que ensombrecía su rostro. Aún así, conforme Ren los conducía hacia la presencia de su padre, las sombras se disipaban a ojos de Syra y le permitían ver el rostro casi desfigurado de aquel hombre. Sus ojos casi parecían brillar con luz propia pese a parecer ciego, pues carecía completamente de iris y pupila en sus globos oculares -Padre- anunció entonces Ren, hincando rodilla ante el presidente de Munshad. Syra se cuestionó si sería la única en sentir escalofríos, pero percibió por el rabillo del ojo que Raven estaba temblando a su lado. El simple hecho también de ver a Ren clavar la rodilla de esa forma, como si le pesara el cuerpo ante ese hombre demacrado, ya parecía ser una muestra enorme de poder. No imaginó que pese a ser la futura heredera del trono Chrone podría llegar a sentirse tan enormemente indefensa ante una simple persona ¿Pero por qué? Todo de pronto se convortió en una gigantesca incógnita que no sabía por donde comenzar a descifrar.
-Mi hijo, Ren, regresa de las ricas y brillantes tierras de Solaris sin avisar... Qué agradable sorpresa- la voz de Agro sonaba anciana, rasposa, como piedras cayendo por la ladera de una montaña muerta y desgastada. Su voz hacía eco en aquella enorme sala que parecía burlarse de la idea de la sala de un trono. Además, el hecho de no denotar emoción alguna, era también inquietante -La princesa Syra me honra con su... presencia- observó el hombre. Saltaba a la vista que él si conocía su aspecto, tampoco era de extrañar.
-Vengo junto a ella para traer buenas nuevas-
-¿Ah, sí?- el hombre fantasmal se inclinó hacia delante -¿Y qué buenas son esas?-
-Verás...- Ren echó la vista atrás un instante para mirar a Syra, que no podía apartar la mirada de Agro -Tras arduas deliberaciones... el rey Aurum y yo hemos llegado a la conclusión de que, para evitar una sangrienta batalla en que ambos bandos perderian muchas vidas, la princesa Syra y yo, tu hijo, contraeremos matrimonio y uniremos nuestras familias en pos del trono. Reinaremos juntos y de esta forma, evitaremos más derramamiento de sangre. Ambos bandos daremos nuestras manos para poner fin a tantos años de conflicto- tras el anuncio, se hizo el silencio. Agro comenzó a levantarse del trono lentamente, como si el cuerpo le pesara toneladas. Acto seguido, comenzó a caminar lentamente. Al principio parecía que se dirigía hacia Ren y éste bajó la cabeza aún más en señal de sumisión, pero pasó de largo. Se dirigía hacia Syra. Y por la Acronita, verlo tan de cerca provocaría pesadillas a la princesa. Raven intervino sin que ella dijera nada, colocánose entre ella y el extraño y siniestro líder Bladelyn.
-Veo que la princesa de la luz trae a su perro de presa...- comentó Agro sin dejar de mostrar una inquietante sonrisa que heló los huesos a Raven -¿Quiere el perro un hueso que masticar...?-
-Como presidente de una región del gran reino y súbdito de la corona Chrone, mostrará el señor más respeto hacia la princesa- dijo Raven, un tanto perdido. Nunca había llegado a conocer a Agro Bladelyn y no sabía de lo que era capaz. Se sentía desnudo e indefenso.
-¿Has dicho... súbdito...?- al oírle decir aquello, con ese tono, Syra fue la que se interpuso dando un paso al frente y dejando que Raven quedase atrás.
-Hemos venido para anunciar nuestro enlace, no para enfatizar más los enfrentamientos. Da igual ahora mismo todo el protocolo, señor Bladelyn. No haga caso a mi guardaespaldas-
-Ella tiene razón, padre- añadió Ren -No más condlicto, no más discusiones, no más batallas. Por fin se ha acabado-
-Oh, no... Nada ha acabado- aclaró Agro -No hasta que se celebre la boda-
-Aún no tenemos una fecha aclarada- dijo la princesa -Mi padre está algo enfermo y...-
-La aclararemos nosotros- la interrumpió -Como comprenderéis querida princesa, hace días que no sé nada de mi hijo y me temo que mis ansias por conocer los detalles de su estancia allí me impiden quedarme con vos por más tiempo en este momento- estaba mintiendo y Syra lo sabía. No, es que directamente no trataba de ocultar que mentía. Estaba ignorándola deliberadamente. Sólo quería hablar con Ren. Realmente ella esperaba que Agro fuese una persona desagradable siendo el cabecilla de los Bladelyn y la chispa que incendió más que nunca la rebelión munshita pero no esperaba que fuese tan insultante y vanidoso -Ella es Claire- con sus blancas y huesudas manos, señaló hacia las sombras de un rincón. Allí había una joven menos fantasmagórica que Agro, pero igualmente algo oscura. Tenía la mirada cargada de malicia. Había estado observando todo el tiempo y ni siquiera había percibido que estaba allí. Al contrario que Agro o Ren, ella no parecía emanar algún tipo de aura mágica llamativa, para alivio de Syra. Era una chica normal y corriente, pese a su aspecto: cabello negro aparentemente teñido, tez algo pálida, ojos maquillados con ahumados negros y labios igualmente pintados de negro, así como las uñas. Vestía una minifalda negra con una camiseta morada y una chaqueta negra de cuero sobre la misma. Podría haberse considerado que debía estar muriéndose de frío, pero realmente el palacio era muy cálido en el interior. La princesa no pudo evitar considerar que se debiese a la magia de Agro -Os enseñará vuestras habitaciones, perro guardián y señora...-
-Es mi hermana pequeña- agregó Ren, ya que Agro parecía tener prisa por despedir a Syra y Raven de la sala del trono.
-Siento ser la única presente para conoceros. Mi hermano mayor, Jiram, está un poco ocupado- comenzó a reir como si hubiese contado un chiste. Syra miró a Ren pese a estar furiosa con él, porque aquella risa le dio mala espina. Ren miraba al suelo, algo cabizbajo ¿Qué le pasaba ahora a ese tipo? -Venga, venid ambos conmigo. Os enseñaré el camino y cómo poneros cómodos. Lo vais a necesitar- el sonreir hacía que pareciera que sus dientes eran blancos como perlas, al contraste con el negro de sus labios. Syra y Raven comenzaron a seguirla a través de la sala del trono.
-Sed bienvenida, princesa Syra- decía Agro mientras esta y su guardián marchaban -Sentíos como en casa...- concluyó, para pasar a reir luego en baja voz. La chica estaba realmente segura de que se habían metido de lleno en la boca del lobo. La compañía de Raven nunca había resultado, de pronto, tan bienvenida y atesorada.
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