jueves, 6 de febrero de 2020

Reino de Solaris
55º Dinastía Chrone


El cielo era fuego literalmente. No había sol, ni luna. Tampoco estrellas, solo fuego. Una inmensa bóveda roja como una llamarada candente era todo cuanto podían apreciar los ojos del antiguo Maestro de la Guardia Real, ahora prácticamente rey descoronado de Solaris mediante el matrimonio. Como estrellas fugaces llovían fragmentos de fuego candente sobre los restos de la otrora magnífica ciudad capital. Alcanzaba a verlo todo desde aquel balcón, mientras el fuego abrasador agitaba sus cabellos y la capa azul de sus ropajes reales, antes hermosos y elegantes. Sus ojos brillaban inundados de lágrimas ante la impotencia, pues lo único que podía hacer ante esa situación era huir y esperar a que su esposa, la reina Syra, recuperase el aliento.

La reina, joven para su edad, se encontraba apoyada contra la barandilla del balcón mientras se oían gritos y lamentos procedentes desde el exterior y el interior de palacio. Las columnas de humo se alzaban con violencia de forma imponente hacia el cielo como huracanes hechos de sombra y dolor. Todo el ambiente estaba sembrado de chispas igneas que flotaban como luciernagas malditas que quemaban los pulmones y las gargantas al respirar -Me temo que no podemos esperar más, Syra- dijo con la voz quebrada Raven, su marido -Debemos llegar al santuario-
-No sé si seré capaz...- la chica se miró las manos ennegrecidas, casi calcinadas, por el excesivo uso de sus poderes mágicos heredados de la familia Chrone. En breve, empezaría a caérsele la piel si seguía así.
-Déjame protegerte- pidió su marido, abrazándola suavemente -Déjame llevarte hasta allí-
-Rav...- ella le miró con expresión cansada. Su bello rostro estaba sembrado de quemaduras y manchas de hollín y suciedad. Su otrora imponente traje real rojo y dorado ahora no eran más que jirones que amenazaban con dejarla desnuda de un momento a otro si se descuidaba. Estaban ambos igual de destrozados por dentro y por fuera -No puedes...-
-Moriré por ello si hace falta- encogió la barbilla el hombre.
-No seas necio...- sonrió tristemente la reina -Si hago todo esto es para que no mueras tú...-
-No digas tonterías. Tú eres la reina legítima. Eres la que debe reponerse y solucionar todo este problema... Vamos- con esfuerzo debido a su cansancio, la apartó suavemente de la barandilla y se la cargó a sus espaldas-
-Eh ¡Eh!- se quejó la reina, aporreándole sin fuerza en el hombro. Raven casi lo sintió como un masaje.
-¿Vas a ser así de terca hasta el último día de nuestras vidas?- le recriminó su marido no sin un poco de sorna. La enternecía verla tan obstinada hasta en esos momentos tan difíciles. Ella, pese a su orgullo, no pudo evitar dejarse caer sobre la espalda de su marido.
-Soy la reina y me debes tratar con respeto hasta el fin...- suspiró ella, cansada, casi quedándose dormida de haber podido.
-Y eso hago, querida- el hombre comenzó a andar de vuelta al interior de palacio cuando se oyó un gigantesco estruendo en los pisos inferiores. Seguidamente, un mar de gritos recorrió los sentidos de ambos amantes -Maldita sea... Está buscándonos-
-El primer sitio en el que habrá mirado será el santuario...- pensó la reina -Al no darnos encuentro debe de estar recorriendo todo este maldito lugar...- la chica apretó los hombros de su marido llena de rabia y miedo, aunque no lo admitiría de palabra. Sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo -Esa maldita bestia...- trataba de ser tan fuerte como se la enseñó desde pequeña: ser valiente hasta rozar la vehemencia y dura como el diamante... y sin embargo se le quebraba la voluntad al recordar lo que ese monstruo que les perseguía le había hecho a su familia escasas horas atrás. Sabía que en el fondo si era reina no era porque lo mereciese, sino porque su padre abdicó a su favor. Ella aún no estaba preparada y la prueba de ello era que Solaris estaba estaba prácticamente extinta y la dinastía de los Chrone moriría con ella ese día -Volvamos- decidió -Demos un rodeo y quizá tengamos algo de tiempo para poder usar el cristal del santuario-
-¿Crees que lo lograremos?- la miró Raven por encima del hombro.
-Dímelo tú, Antiguo Maestro- dijo ella con sorna abrazándose al cuello del hombre. Raven solamente suspiró y sonrió levemente.
-A sus órdenes entonces, mi reina-

Haciendo acopio de todas las fuerzas que le quedaban, cargó con la reina a lo largo y ancho de los pasillos de palacio. En aquel momento detestaba la opulencia real ¿De qué servía tanto pasillo, esquina y habitación? En momentos de crisis como ese, solo eran una molestia. Convertía el palacio en un maldito laberinto en el que se jugaban las vidas, pero también era cierto que si era un laberinto, lo era para todos, incluidos los atacantes. Realmente, solo uno era el peligro real dentro de todos los que estaban destruyendo Solaris: el Monstruo de Munshad, un hombre tan grande en tamaño como el propio Raven, que ya destacaba entre la soldadesca, pero con una fuerza inalcanzable para un hombre común como era él. La única persona que podía hacerle frente en esos momentos era Syra y no se encontraba ya con las fuerzas necesarias para poder resistir un nuevo enfrentamiento contra ese ser, de manera que solo quedaba retirarse. Afortunadamente y contando con eventos similares en mente, el padre de Syra, anterior y difunto rey, construyó no mucho tiempo atrás un segundo camino hacia el Santuario, ya que la única vía de acceso previo era la sala del trono, que imaginaban estaba completamente destruida o custodiada por soldados de Munshad preparados para avisar a su diabólico capitán en cuanto los vieran aparecer. Ahora la familia real contaba con un acceso oculto desde la habitación del rey, o en este caso la reina. Tras una enorme estantería habían instalado un ascensor que bajaba directamente hasta el Santuario, de modo que allí fue hacia donde se dirigieron la pareja de supervivientes, en pos de intentar detener la masacre que se estaba llevando a cabo.

Al llegar, el lugar estaba patas arriba. Los pilares, tapices y cuadros que antaño decoraban la sala del Santuario con retratos de los antiguos reyes y reinas estaban destrozados y hechos pedazos. Las paredes estaban repletas de agujeros y el techo estaba casi vencido debido a diversas explosiones y destrozos en el palacio. Fue un milagro que el ascensor funcionase -Si lo llego a saber no me monto...- suspiró Syra.
-¿Crees que es momento para bromear sobre tus miedos, querida?- arqueó una ceja Raven.
-¿Quién ha dicho que bromeo?- cerró los ojos con pesadez -Bájame, anda. Puedo andar- su marido obedeció y la dejó en el suelo, caminando posteriormente junto a ella hacia el enorme altar blanco que presidía la gran sala del Santuario. Estaba compuesto de una gran fuente rodeada de pilares, bajo la cual, en el fondo de sus cristalinas aguas, reposaba un cristal brillante de colores cambiantes en distintos tonos de rojo. Era como un corazón palpitante que hacía que desde el centro de la fuente manase una onda de agua constante a base de pulsos, que agitaba el agua con gentileza pese a los estruendos en palacio. Era como si el agua y el cristal estuvieran en otra parte, como un reflejo.
-¿Qué vas a hacer?- preguntó Raven una vez frente a la fuente junto a su esposa.
-Daré todo lo que tengo por detener esto... Mi padre me contó una vez el secreto de la fuente, el cristal y nuestro linaje. La verdad detrás de la familia Chrone y nuestras capacidades. Como reina y heredera de unas habilidades dignas para la corona, se supone que debo de ser capaz de...- extendió la mano sobre las aguas y cerró los ojos -Si me ocurre algo...-
-No termines esa frase- pidió Raven -No pasará nada. Estaré aquí- posó la mano sobre el hombro de la chica, que a su vez dejó caer su otra mano sobre la de su marido, acariciándosela.
-Gracias- le sonrió y él se la devolvió.
-Adelante. Muéstrame de lo que eres capaz- Syra asintió tras esas palabras de ánimo y canalizó su energía y su atención hacia la fuente. Separó ligeramente los labios y dejó escapar una suave exhalación que, por imposible que pareciera, se vio reflejada en la superficie del agua. Las ondas recorrieron la superficie acuática hasta el centro, donde residía el cristal. Éste respondió con las mismas ondas de vuelta hacia donde estaba Syra y esta convulsionó por un instante, cayendo sobre el borde de la fuente -¡Syra!-
-¡No!- rugió ella -Es cosa mía- dijo con dolor en la voz. Le ardía la mano de forma insoportable. Sentía la piel agrietándose. Del agua parecía manar un calor similar al de un volcán aunque Raven no parecía ser capaz de sentirlo. Pero al parecer, que Raven no lo sintiera no parecía significar que nadie más pudiera sentirlo en palacio. La puerta del Santuario estalló en pedazos tras una fuerte sacudida, dejando una nube de polvo y humo por los incendios entrar a través del umbral. La tenebrosa y enorme figura de unas ropas oscuras y un rostro cubierto por una máscara negra se dejó entrever con decididos pasos, dirigiéndose hacia ellos. El Monstruo había llegado.

[FFXV Ep Ardyn OST - Somnus boss fight theme]

-Está aquí- Raven desenvainó la espada con suavidad -Lo distraeré- dio la espalda a Syra y comenzó a caminar despacio hacia su rival, que hacía lo mismo.
-¡Raven, no!- suplicó Syra -¡Te matará!- pese a su desesperación, la chica no podía separarse de la fuente si quería lograr el poder que necesitaba.
-Oh, ya lo creo...- se mofó Raven -Pero si estoy aquí es porque vine a morir por servir a la familia Chrone, a la que ahora pertenezco- hablaba más para sí mismo que para Syra -Y por los dioses que voy a cumplir esa misión ¿Me oyes, maldito bastardo?- gritó al Monstruo, comenzando a acelerar el paso. Su brutal adversario apenas se enervaba. Sabía que iba a llegar hacia la fuente y hacia la chica fuese quien fuese quien se pusiera por medio. De ese modo, comenzó el combate.

Raven se lanzó finalmente en carrera y comenzó a compartir golpes con el Monstruo, que con habilidad esquivaba los embites de la espada del antiguo Maestro para lanzar sus propios golpes con puños desnudos, sin arma alguna con la que defenderse. Raven debía de ser cauto si quería sobrevivir, pues sabía que un solo golpe bastaría para romperle cada hueso que tenía en el cuerpo. Ese hombre al que se enfrentaba era una mutación, un experimento, o sabían los dioses qué, pero no era un humano normal -No vas a tocarla ¿Me oyes?- un golpe descendente de la espada hizo que el Monstruo la sostuviera con una mano. Los ojos rojizos de aquella criatura le miraban a través de la máscara, inyectados en sangre -No mientras yo viva-
-Puedo poner solución a ese problema...- dijo la voz grave tras la máscara, tirando de la espada, ignorando el corte que se le estaba produciendo en la palma de la mano. Al hacerlo, Raven se vio arrastrado por su descomunal fuerza para ser golpeado en el estómago con aquella potencia única. Fue como si una aeronave se estrellase directamente contra su cuerpo. Fue lanzado contra la fuente casi al instante, estrellándose contra un pilar junto a su reina. Pese a parecer imposible, los pilares temblaron ante el impacto.
-¡Raven!- gimió dolorida la reina. El hombre yacía junto a ella, sangrando a borbotones desde los labios. Debía de tener unos cuantos organos seriamente dañados. Sin aire, con los ojos muy abiertos, extendió una mano hacia ella, desesperado.
-¡Syra...!- llegó a decir, viendo como el Monstruo se acercaba a ella extendiendo la mano. Fue entonces cuando la fuente desprendió un enorme resplandor que se reflejó en los ojos de la reina, envolviéndola en un aura cuasi divina. El gigantesco enemigo retrocedió un paso al ver aquel extraño fenómeno, que claramente no esperaba.
-Como reina he sido un desastre en este breve tiempo- musitó, robando el resplandor de la fuente para ella misma -Y como esposa...- rio entre lágrimas, acercándose torpemente a Raven. Ambos estaban prácticamente tendidos en el suelo -¿Cómo he sido...?-
-M-maravillosa...- musitó Raven tratando de acariciarle el rostro, pero no tenía fuerzas para mover un dedo. El mundo se limitó a ser ellos dos y nadie más. Ni siquiera importaba el Monstruo, que los observaba morir por su propia cuenta.
-¿Sí...?- su piel brillaba con la fina capa de la divinidad, pero a su vez se comenzaba a desquebrajar como una estatua de ceniza. Tenía frío pese a despedir un calor mágico insoportable y gracias a ello, el enemigo tampoco se acercaba -¿Serías de esos que ven tan increible a su esposa que es capaz de perdonarlo todo...?- Raven estaba perdiendo la capacidad de hablar, pero asintió con lágrimas en los ojos. Musitó un "siempre" mientras sentía cómo se le escapaba la vida.
-Gracias...- le dedicó una última sonrisa a su marido, le tomó la mano con un último esfuerzo y sollozó -...Perdóname- ambos cerraron los ojos en mitad de la música del fin del mundo, que ocurría fuera de palacio.

Solaris
53º Dinastía Chrone

La luz del sol entraba a través de la ventana con una suavidad digna del otoño. Hacía días que no llovía pero a veces el ambiente aún olía a tierra mojada. La suave brisa agitaba con delicadeza la cortina, permitiendo que la luz se moviese a través de la pequeña habitación. Los haces solares alcanzaron el rostro de Raven, que se despertó suavemente, sobresaltándose al abrir los ojos por completo y no reconocer dónde se encontraba -¡Syra!- gritó, mirando a todas partes -¿Syra?- nada ni nadie a su alrededor. Solo una habitación pequeña con un par de camas literas en la que se encontraba completamente solo y semidesnudo, vistiendo solo unos pantalones de pijama. Se miró velozmente el cuerpo para comprobar que no tenía heridas ni cicatrices, más allá de las típicas de diversos entrenamientos y situaciones de combate en la Guardia. Tampoco le dolía nada por dentro y podía respirar con normalidad -¿Qué... demonios...?-
-¡Raven!- la puerta se abrió con un veloz estruendo, haciendo que el hombre se pusiera en pie con velocidad para coger una silla que había junto a la cama y prepararse para lanzarla -¡Eh, eh! ¿Qué mosca te ha picado? Buf, menudo mal despertar tienes-
-¿Quién...?-
-¿Te pasaste anoche con las Claralunas, eh? Está bastante buena pero el alcohol te pega de sobremanera. Tienes que aprender a beber- era un muchacho alegre y extrovertido, pero no le sonaba de nada. Al ver que Raven estaba visiblemente desorientado, suspiró -Venga, espabila. Que soy yo, Blitz- entró en la habitación y cogió de los pies de la litera el resto del uniforme de Raven y se lo lanzó a la cara -Vistete, veterano ¡Que es tu gran día!-
-¿De qué estás hablando? ¿Dónde está Syra? Responde- dijo alarmado
-Oye, en serio- se acercó a él -Mira, hermano... Somos los guardianes de la familia Chrone, pero de ahí a llamar a la princesa por su nombre así como así como si fuese tu novia no me parece adecuado, y menos hoy-
-¿Princesa...?-
-¡Venga ya, joder!- le abofeteó y Raven no daba crédito -¡Espabila! El príncipe Dusk manda a llamarte enseguida ¡Hoy es el día de tu ascenso a Maestro de la Guardia, por los dioses! Deja de hacer el imbécil o lo vas a joder todo- empezaba a perder la paciencia
-Pero... ¿Y Munshad? ¿Y el Monstruo?-
-Munshad está donde siempre ha estado ¿Y de qué Monstruo hablas?-
-Dioses...- devastado, cayó sentado sobre el colchón -¿Qué está pasando aquí...?- se llevó las manos a la cabeza
-Lo que va a pasar es que como hagas esperar un mínimo minuto a Dusk, te van a expulsar de la Guardia para siempre y vas a perder la oportunidad de oro, imbécil- pese a ser notablemente más joven que él, parecía hablarle como un compañero más ¿Realmente no era el Maestro de la Guardia? ¿Y Syra princesa? ¿El rey seguía vivo y los príncipes también? Nada tenía sentido pero... si quería descubrir qué estaba sucediendo, más le valía seguir el curso de los eventos y comprobar con sus propios ojos que la batalla había terminado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario