jueves, 13 de febrero de 2020

Lo que restó de aquel día no fue más que incertidumbre. El palacio se convirtió en una suerte de hormiguero, donde los soldados y el servicio corrían de aquí para allá inspeccionando cada recobeco, cada esquina, buscando daños o problemas visibles que se tuvieran que solventar.

Por parte del rey, Aurum ordenó a sus hijos mantenerse dentro de los muros de palacio por si aquel extraño fenómeno volvía a reproducirse de alguna forma. En su rostro ceniciento se podía adivinar, al menos el más avispado, que tenía una ligera sospecha de qué podía ser aquello. Syra debía imaginar que él podía saberlo, pues no podía haber sido otra cosa que una gran manifestación de masa mágica descontrolada. Ren Bladelyn se pasó el resto de la jornada bastante calladito, extrañado. Era como si de pronto se le hubiese caido la máscara y su verdadera personalidad hubiese aflorado tras presenciar aquel extraño evento, cosa que hizo reflexionar a Raven sobre posibles formas de bajarle los humos al intruso. Sin embargo, aquello tendría que esperar. Pese a su papel de guardaespaldas, como Maestro de la Guardia, Aurum le asignó una misión importante aquel día que le obligó a separarse de su querida princesa.

Hasta la caída de la noche, el Maestro junto a un amplio séquito de soldados fue enviado a las calles de la ciudad. Repartidos en diversos coches, patrullaron las calles y recorrieron cada perímetro explorable. Bajo orden real, pidieron amablemente a los ciudadanos que se refugiaran en sus casas el resto del día y que trataran de salir lo menos posible. Aquello, por supuesto, no les hacía ningún bien a la familia real. Las gentes empezaban a cuchichear, algunos hasta se molestaban como era obvio por semejante limitación ¿Y a quién podían culpar? Evidentemente a los Chrone. Algunos manifestaban su enfado clamando al cielo que por qué tenían que pagar ellos por sus problemas con Munshad y la familia Bladelyn, ya que era demasiada casualidad que al llegar Ren y haber tenido aquella pequeña disputa en la entrada de palacio, a los pocos días sucediese semejante fenómeno terrorífico. Raven sentía dolor en la mandíbula de la tensión que estaba acumulando ¿Es que realmente no podía evitarlo? La llegada de Ren, la paciencia de Aurum, el enfado de los príncipes, el malestar de las gentes... Sí, el fenómeno en el cielo era nuevo, pero todo lo demás parecía estar repitiéndose, diferente, pero repitiéndose. Tenía que hallar una solución rápida para cambiar las tornas antes de que el malnacido Bladelyn alcanzara a posar sus manos en las aguas del Santuario o todo estaría perdido.

Con el ocaso, los guardias regresaron a palacio y con ellos, al parecer, la prensa. Cuando Raven bajó de su vehículo y caminó diligente a través del patio, allí se encontraban las cámaras entrevistando al rey, que tenía bastante mal aspecto -¿Y qué podéis decirnos, Majestad, sobre lo acontecido? ¿Es cierto que ha sido ocasionado por el invitado de Munshad? ¿O ha sido a causa de una disputa?-
-Ren Bladelyn está siendo un invitado modélico, por lo que rogaría que dichos rumores comenzaran a desaparecer- trató de sonreír -Munshad no tiene nada que ver con esto-
-¿Entonces de dónde ha provenido ese problema? No ha ocurrido con anterioridad- la entrevistadora parecía especialmente agresiva. Raven esperó pacientemente por si tenía que intervenir.
-Desconocemos su origen, pero estamos investigando...-
-Solo la familia Chrone tiene el poder suficiente para poder crear semejante descontrol mágico ¿Podría su Majestad confirmar que existen problemas en la familia? ¿Hay disputas entre los miembros?-
-No... A ver, escuchadme...-
-¿Estáis enfermo, Majestad? ¿Perdéis la facultad de controlar la legendaria piedra del Santuario?-
-Por favor...- el rey se llevó una mano al pecho y Raven tomó la decisión de intervenir, finalmente. Se puso en medio del rey y la entrevistadora, apartando el micrófono. Aurum lo miró con desaprobación a pesar de la debilidad que estaba mostrando, pues sabía que acababa de empeorar la situación.
-¿Qué haces?- preguntó la mujer, airada.
-La entrevista ha finalizado. El rey ha decretado que está todo bajo control y ha desmentido esos rumores que hablan sobre un problema con Ren Bladelyn. Suficiente por hoy. Su Majestad necesita descansar-
-¿Entonces nos confirma el Maestro de la Guardia que el rey está enfermo?- Raven obvió la pregunta y escoltó al rey de vuelta a la entrada de palacio. La prensa no se movió de allí hasta que las puertas se cerraron y los vigilantes de la entrada los invitaron a salir.

-Esto es un problema grave...- gimió el rey sentándose en su asiento del Consejo -La ciudadanía empieza a escaparse de nuestras manos...-
-Quizá deberíamos dejar que opinen libremente y no preocuparnos por eso- dijo Syra, atenta a su padre.
-Me temo que no- se sumó Raven -Todos sabemos que la opinión pública es primordial para esta familia- Syra y los hermanos lo miraron con curiosidad ¿Qué sabía él, exactamente? -Oh, no me miréis así- rio Raven tratando de disimular -Es simple lógica. Todos sabemos que todo el mundo posee algo de magia. Yo tengo algo de magia, pero incomparable a la vuestra. Vosotros estáis protegidos y bendecidos por la Acronita, seáis o no los elegidos. La gente lo sabe, los vasallos lo saben. En cuanto a un combate abierto, el rey puede mover una mano y hacer desaparecer a la mitad de la ciudad- Raven se cruzó de brazos -Pero lo cierto es que solo sois una familia de cuatro personas ¿Y el resto del mundo? Miles. Millones. Una gota de agua no apaga un incendio, pero todo un oceano puede secar un volcán-
-Raven tiene toda la razón...- señaló el rey.
-No podemos pasarnos toda la vida temiendo una insurrección, padre- Dusk se veía claramente preocupado pese a todo.
-Puedo mover a mis agentes para tratar de calmar los ánimos en la ciudad- ofreció Iran, dando un sorbo a un té humeante-
-Hazlo- asintió Aurum -Aunque se calmarán poco a poco, pero hazlo. Hay que propagar buenas noticias...- Aurum se mesó la barba -¿Has descubierto algo, por cierto?-
-No, me temo que no- negó con la cabeza el mediano.
-¿Y tú, Maestro Raven?-
-Nada en absoluto, Majestad. Lo lamento- bufó, mintiendo. Él tenía una ligera pesquisa, pero no debía hablar más de la cuenta -Pero ya que este tema está estancado de momento, sí se me ha ocurrido una idea con respecto al Bladelyn-
-Ilumínanos- se interesó el rey
-Desde el evento esta mañana, Ren Bladelyn ha estado curiosamente sosegado. Diría que hasta asustado- sonrió.
-¿Y?- gruñó Dusk -Por un rato que se la pase callado, no nos hará daño. De hecho, es una bendición-
-Claro que sí, Capitán. A eso me refiero. Si nosotros no sabemos nada de lo acontecido, menos él. Podemos usar la desinformación a nuestro favor. Quizá si le asustamos, le bajaremos los humos a él y a Munshad-
-¿Asustarlo? ¿Esperas que busquemos la forma de provocar eso otra vez?- se preguntó Dusk.
-No, pero podemos hacerle otra demostración de fuerza. Oprimirle como él intenta hacer con nosotros-
-¿El Maestro de la Guardia está proponiendo que le demos una paliza?- preguntó Syra, perspicaz -Tu deber es proteger, no atacar. Vas a provocar una guerra-
-Yo no provoco guerras cuando entreno a mis soldados- sonrió pícaro. A ella le hablaba en un tonillo personal, incluso juguetón y cariñoso, que no empleaba con nadie más. Extraño -Podemos simplemente tratar de asustarlo con disimulo, dando todo lo que tenemos contra él; más bien lo que vosotros tenéis, altezas- miró a los príncipes -El problema es que se cree superior ¿no? Bien, aprovechemos esta incertidumbre para hacerle creer que es parte de vuestro poder y que debe controlar la lengua a partir de ahora. Y de paso os desfogáis un poco-
-Me gusta- sonrió Dusk.
-Es una estupidez. Una locura- observó Syra y su padre asintió a sus palabras.
-A mí también me gusta- añadió Iran.
-Entonces la decisión está tomada. Tres contra dos- sonrió Raven -Lo siento, Majestad-
-El Consejo ha hablado- el rey miró a sus hijos -Tratad de no matarnos a todos-

Al día siguiente, el plan comenzó. Los príncipes llegaron temprano para llamar la atención y junto a Raven, organizaron la supuesta sesión de entrenamiento especial. Dado el aburrimiento y la curiosidad que experimentaba el Bladelyn desde que llegó, ahora que se le había informado que podía deambular por donde quisiese, estaba tan claro como el agua que se pasaría a ver qué podía sacar de ello. Y así lo hizo. Apenas Dusk y Iran comenzaron a hacer una ligera demostración, el Bladelyn apareció con su estúpida sonrisa a observar como si se trataran de dos novatos cometiendo mil y un fallos a la hora de luchar. Raven aguardaba junto a Syra y el rey, que estaban allí presentes, precisamente, para llamar más la atención.
-¿Y este despliegue? ¿Os preparáis para una batalla?- preguntó Ren, provocador -¿Debería informar a mi familia?-
-¿Por qué, Bladelyn?- preguntó con tono ofensivo Raven -¿Sientes miedo, por casualidad? ¿Crees que algo se te puede escapar de las manos, como ayer?-
-¿Fue cosa vuestra entonces? Me pareció oír en las noticias que habíais dicho explicitamente que los Chrone no habían provocado esa abominación en el cielo. De hecho, la princesa parecía tan confusa como yo- se cruzó de brazos el forastero. Raven miró a Syra, que a su vez miraba a Ren. Sintió una pequeña llamarada en su pecho al verla mirarle de esa forma: sin odio, sin rencor. Lo miraba igual que le miraba a él, como a un hombre más, sin ver la bestia que era.
-No fue nada intencionado, al menos. Pero los príncipes, aquí presentes, parecían necesitar un poco de desahogo. Una severa acumulación de magia puede llevarnos a situaciones poco o nada deseadas- el tonillo desafiante de Raven no estaba asustando a Ren, para su desgracia.
-Interesante ¿Puedo participar?- el hecho de que se ofreciera voluntario sorprendió a todos, hasta a los príncipes, que detuvieron su demostración fingida -¿Qué? ¿Tan raro es?-
-Un poco, sí- dijo Syra -¿Quieres enfrentarte a mis hermanos abiertamente? ¿Es que quieres que te maten?- Syra no fue consciente de lo que acababa de decir. Acaba de sentenciar la disputa y nada lo iba a detener.
-Matarme- repitió Ren para después empezar a reír
-Pareces muy seguro de ti mismo, Bladelyn. Entra a la zona de entrenamiento, vamos- dijo Dusk, encendiéndose. En sus manos ya brillaba un aura cristalina de tono celeste.
-Será mejor que meditemos esto antes de...- el rey se vio interrumpido por la marcha de Ren en pos de encarar a los príncipes -Maldita sea...-
-¿Quién va primero?- preguntó Iran.
-Los dos- contestó Ren, crugiéndose los nudillos.
-¿Eres tonto?- aquella pregunta de Dusk podría haber ocasionado un conflicto severo, pero afortunadamente Ren se lo tomó como una bravata -Ni siquiera el rey podría contra nosotros dos a la vez-
-Yo no soy el rey- asintió Ren.
-Eso está claro- Dusk podría haber esperado a que oficialmente se diera por comenzada la demostración, pero se lanzó al ataque de forma traicionera, para disgusto del rey y de Syra.

La contienda podría describirse como veloz. Pese a las ganas que ambos príncipes tenían de encarar al desgraciado del Bladelyn, atacaban físicamente en lugar de utilizar la magia abiertamente. Para sorpresa de todos, Ren los manejaba con una soltura que helaba la sangre. Evadía sus ataques con las manos desnudas, sin dolerse ni sangrar por los golpes de las espadas. Al ver los príncipes cómo el enemigo era inmune a las armas, comenzaron a lanzar hechizos menores: un rayo, una llamarada, pero todo igual de inútil. Ren desviaba los hechizos a manotazos y los redirigía hacia el cielo sin apenas inmutarse. Los soldados que contemplaban el combate, así como Raven, Syra y el rey, estaban visiblemente incómodos ¿Qué demonios era ese tipo? De hecho, se podía apreciar que cuando Ren no quería que un arma le tocase, no le tocaba. Bloqueaba abiertamente las armas para ejercer dominación sobre sus rivales. La demostración finalizó cuando el gigante de Munshad sendos aceros con cada una de las manos, tiró de ellos hacia sí y utilizó los brazos como lazos para golpear a los príncipes en el cuello, arrojándolos unos metros lejos de él. Dusk e Iran cayeron como trapos, tosiendo debido al golpe en las gargantas. Decenas de espadas se desenvainaron ante aquel ataque.
-¡Guardad las armas!- ordenó el rey. Los soldados se miraron entre ellos, confusos, pero obedientes envainaron las armas -Ha sido vergonzoso- observó con dureza, finalmente. Los príncipes aún tosían, luchando por levantarse. Raven, por su parte, apretaba los puños hasta dolerle ¡Ese no era el Ren que él conocía? ¿Cómo era posible que tuviera semejante poder? ¡Era inconcebible! ¿Significaba eso que no tenía modo de detenerlo cuando decidiera poner un pie en el Santuario?
-Esperaba más- suspiró, aún provocador -Mucho más. Supongo que lo de ayer realmente no fue cosa vuestra- dijo con orgullo y soberbia.
-Esto es malo...- masculló el rey en baja voz, negando con la cabeza.
-¿Es este el poder de Chrone? ¿El que se supone que es tan elevado que puede protegernos a todos?- alzó la voz Ren -¿Es estala supuesta habilidad superior a la que temen los reinos vecinos? Yo no soy un Chrone, soy un hijo más de Agro Bladelyn, y yo solo he podido derrotar con mis manos desnudas a los príncipes ¿Quién me queda? ¿Un rey anciano y una princesita heredera?- rio, mirándolos a ambos -No os ofendáis, Majestades. Pero es un hecho- Syra miró a su padre, que era incapaz de responder. Las manos le temblaban de pura impotencia ¿Cómo podría descedir a Ren, si había demostrado que sus hijos, los capitanes más fuertes de Solaris, habían caido como moscas? Su padre parecía olvidar que ella también era una Chrone en la que podía confiar, por lo que decidió recordárselo.
-Me toca, entonces- dijo Syra, caminando hacia la zona de combate con tranquilidad.
-Syra ¿Qué haces?- preguntó Raven, estirando un brazo hacia ella. Syra le apartó la mano de una bofetada y le señaló con el dedo. Solo su mirada ya bastó para recordarle su lugar como soldado y que se estuviese quieto.
-Hija, vuelve aquí- ordenó el rey.
-Soy la heredera del trono Chrone. La futura reina de Solaris. Me corresponde, como a mis hermanos, mi derecho a defender nuestra situación ante los ojos de un revolucionario- dijo seriamente
-¿Revolucionario?- ladeó la cabeza Ren.
-Estás dando un discurso de odio. Estás clamando contra nosotros por debilidad ¿Crees que si te oyera la gente, no se alzarían contra nosotros?-
-Así que todo esto es por la gente- Ren miró a todos los que le rodeaban -¿Solo os importa el qué dirán y no los hechos?- abrió los brazos
-Nos importa el reino: su opinión y su credibilidad. Su confianza-
-Eso es algo que hay que ganarse, princesita-
-Y eso haré, empezando por ti- Ren estalló en carcajadas al decir aquello. Syra, por fin, pudo ver que lo que le pasaba al invitado era que los subestimaba. Había llegado a palacio creyéndose superior y lo peor es que lo estaba demostrando. El plan de Raven y sus hermanos era un completo desastre que más le valía solucionar. Por fortuna para ella y para Aurum, el rey siempre había manifestado devoción por el cerebro antes que por el músculo, cosa que los príncipes tenían tendencia a dejar de lado. Ren no era un enemigo al que vencer con fuerza y poder, era un enemigo que se podía derrotar haciendo uso de la estrategia y utilizando su fuerza contra él.
-¿Y bien?- de nuevo, Ren abrió los brazos y ladeó la cabeza -¿Cuál es tu arma?- Syra extendió la mano, apareciendo una luz ante ella: magia espacial. En su mano se materializó una fina vara de madera, típica para azotar ramas de árboles para hacer caer la fruta o para quitar el polvo a diversos objetos, como alfombras, algo que aprendió de Pritzila -¿En serio? Puedo considerar eso insultante, princesita-
-Princesa Syra, Alteza o Majestad para ti, Bladelyn- corrigió la chica con dureza. Estaba grabado en piedra que Ren se estaba divirtiendo como nunca. Syra se cuestionó si realmente llevaba deseando enfrentarse a ellos desde que llegó. Su actitud, su semblante, su forma de mirar... no estaba fingiendo, realmente se lo pasaba en grande luchando y eso era otro problema que solventar.
-Gánate el derecho- exigió -¡Vamos! Considera esto una oportunidad de diálogo real. Si consigues tocarme un pelo, negociaremos seriamente sobre la independencia de Munshad o la subordinación a Solaris- era tan egocéntrico que enervaba. No obstante, sería igual de divertido para Syra humillarle como lo era para él combatir.
-Subo tu apuesta, Ren. Si te toco no os subordinaréis, solamente dialogaremos sobre el por qué debéis aceptar que formáis parte de un reino y que somos verdaderamente dignos de vuestar aceptación. En mi reinado no hay cadenas-
-Eso decís siempre-
-Y lo mantendré hasta el día de mi muerte. Nadie es nuestro esclavo-
-Mentiras y más mentiras. Lo demostraré- la exitación de Ren empezaba a tornarse en rabia. Syra iba por buen camino. Provocarle significaba sacar fuera sus trapos sucios y entonces perdería el control.
-¿Por qué os cuesta tanto a los Bladelyn aceptar que sois iguales para nosotros que el resto de vasallos? ¿Que la corona se sostiene por vuestros brazos y no por vuestras espaldas?- quiso saber Syra, entornando la mirada y esgrimiendo la vara.
-Espalda o brazos, qué más da- gruñó Ren -Acaparáis un poder que también nos pertenece. Tenéis un trono teñido de sangre al que no queremos rendir pleitesía. La familia Chrone es una farsa, un vil montaje para controlarnos a todos-
-¿De qué estás hablando?- aquellas palabras sorprendieron a Syra, que incluso miró a su padre extrañada. Aurum parecía estupefacto por aquellas palabras.
-Ya es hora, princesita, de que aprendáis que no sois dignos de el poder que ostentáis. Que es hora de que un reino legítimo nazca de los huesos putrefactos de esta gran mentira ¡Y lo voy a demostrar aquí y ahora, el cómo Munshad es tan digno de un trono como los Chrone!- Ren apretó los puños con ira y una enorme aura mágica se desprendió de él. Era muy similar a la de la familia Chrone, pero teñida de una extraña limitación. El suelo a los pies de Ren se desquebrajó y la hierba a su alrededor danzaba como si hubiese una feroz tormenta. Raven, que lo observaba todo con el corazón en un puño, sentía que estaba a punto de morir. Ese aura, ese poder... ahora sí le reconocía: el Monstruo de Munshad iba a atacar a Syra una vez más en sus narices.
-¡Detened esto!- ordenó Raven -¡Apresad a ese monstruo!-
-¡Si alguien mueve un pie quedará desterrado de Solaris por una eternidad!- alzó la voz Syra.
-¡Pero Syra...!- Raven se sentía impotente ¿Cómo podía hacerla comprender?
-¡Puedo valerme por mí misma!- dijo consternada -Y lo veréis enseguida...-
-¡Empecemos!- esta vez fue Ren el que comenzó el combate. Se lanzó contra ella en un salto, concentrando su poder. Tanto era éste que pareció desaparecer y aparecer ante Syra en un simple guiño de ojos. Su furioso puño se descargó contra la princesa, de modo que con solo alcanzarla podría haberla mandado gravemente al ala médica. Sin embargo Syra ya preveía el ataque, pues Ren luchaba como en un baile. Siempre repetía los pasos: ataque, esquiva, bloquea, ataque o bloquea, esquiva, ataque. Era un fanfarrón y siempre quería lucirse, de manera que esa vez no sería menos. En cuanto Syra se apartó hacia atrás para esquivar el puño, Ren ya estaba preparando los brazos para cubrirse del golpe de Syra, pero esta solo lo miró divertida. Aquello provocó que el combate se detuviera por un instante, dejando a Ren expuesto a una amplia vergüenza
-Crees que todo va a tu ritmo-
-¡Cállate!- otro golpe, otra esquiva de Syra, sin contraatacar
-Que todos vamos a bailar al son que tú tocas-
-¡Lucha, maldita seas!- un combo de golpes que Syra volvió a esquivar y no contraatacó
-Eso es lo que quieres, porque temes que cuando algo no va como tú crees...- en lugar de esquivar el siguiente golpe, contraatacó directamente. Mientras el golpe de Ren iba directo a su cara, ella extendió la vara de forma que le azotó directamente en la frente antes de que el puño llegara a ella. El estridente y agudo latigazo acalló todo el ruido del combate. La mano de Ren estaba inmóvil a escasos centímetros de ella -...todo te saldrá mal- sonrió la chica -Y efectivamente es así, porque no eres capaz de ser flexible. La sabiduría está por encima de la fuerza, siempre. Si seguimos luchando en un intercambio, Munshad y Solaris jamás llegarán a un acuerdo- Ren retrocedió un paso. Curiosamente, el varazo le dejó una herida sangrante en la frente mientras que las espadas de los príncipes ni le hicieron un rasguño -Aprendamos, a partir de hoy, a exponernos a la vez y no esperando turnos- la princesa hizo desaparecer la vara y se alejó de Ren, permitiendo respirar a todos por fin. El rey la abrazó con calidez, con una sonrisa cariñosa y los ojos al borde de las lágrimas de puro terror. Raven estaba helado ante semejante demostración de poderío, pero a su vez se sentía terriblemente orgulloso y seguro por el bienestar de Syra. Pero de Ren emanaba un aura mucho más terrorífica que antes mientras se alejaba limpiándose la sangre de la frente, dejando a sus espaldas aplausos y vítores hacia la princesa que le había humillado. De todas formas, ajeno a todos, comenzaba a sonreír. Ahora era cuando empezaba lo interesante, cuando las fichas empezaban a moverse sobre el tablero.

En cuestión de horas, la gente de la ciudad comenzó a oír y ver lo que había sucedido, el cómo los príncipes encararon en un injusto dos contra uno a un Bladelyn que se defendía con uñas y dientes y aún así los derrotó, el discurso de un joven munshita que expresaba el derecho a no someterse a una corona que no era capaz de protegerlos. Alguien había grabado audio e imagen de la contienda. La inestabilidad estaba a punto de nacer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario