jueves, 27 de febrero de 2020

El siguiente día amaneció con una extraña sensación de constante vigilancia por parte de Ren. Desde que abrió los ojos, tendido en su cama, ya sentía que tenía ojos constantemente en la nuca. Conocía de sobra esa sensación, no obstante. Había pasado toda su vida bajo la tutela de un padre que más que un padre era un jefe militar, que le había enseñado todo lo que sabía y que constantemente le instaba y hostigaba para romper sus límites, de modo que la magia que tenía en su interior pudiera por fin romper sus cadenas. Tristemente para Ren nunca lo consiguió, pero se liberaba como simple fuerza física ¿Pero y ahora qué? ¿Por qué de nuevo esa sensación? No se sentía así desde que era adolescente y entranaba diariamente ante los ojos de su padre ¿Qué más podía querer de él? Era ya sabido por el mediano de los Bladelyn que era una invitación indirecta por parte de Agro para que acudiese a verle, cosa que, por otra parte, no apetecía en absoluto a Ren desde hacía ya mucho tiempo.

El muchacho se incorporó y se sentó al borde de la cama, pensativo. Miró a su alrededor para estudiar su propia habitación como si fuese extraña. Inevitablemente, la comparó con la de invitados de Solaris. Pese a que no estuvo demasiado tiempo allí, comenzó a entender el significado de la palabra "acogedor", pues allí tenía de todo: desde estanterías con libros, como cuadros con arte, cuadernos y elegantes bolígrafos con los que escribir, una ventana con unas vistas espléndidas de la ciudad y qué decir ya del palacio en sí. Su habitación en Munshad era un simple habitáculo, grande, pero oscuro, lúgubre y con poco más que un escritorio y un armario. Sí, como hijo de Agro podría proponerse redecorar el lugar y tornarlo más como un refugio personal, su santuario privado... pero para ello ya tenía su lugar secreto y personal en el bosque junto a la mansión. Aquella casa, a fin de cuentas, carecía de alma y por ello, su habitaicón tampoco la tendría por mucho que la redecorase. De todas formas, se halló perdiendo el tiempo de sobremanera perdido en esos pensamientos, de modo que se levantó, se cambió el pijama por un jersey negro y un pantalón igualmente negro y salió rumbo al aposento de su padre, pues no dejaba de llamarle con aquella insistente sensación.

Como de costumbre las puertas se abrieron con el estruendo de una tormenta. Ren ya se sabía esa música oxidada de memoria y, de la misma forma, sabía que se oía en toda la mansión. Syra, Raven, sus hermanos, todos los presentes se habían enterado, por tanto. Siempre el constante misterio de si era Agro el que entraba o salía, o era otra persona. Siempre la sempiterna curiosidad de qué se cuece en el corazón de la siniestra mansión Bladelyn -Has tardado- sentenció la voz carrasposa de Agro, sentado en su provocador trono, aguardando aparentemente paciente. Ren como de costumbre dejó que las puertas se cerraran a sus espaldas y caminó diligente hasta posicionarse frente a su soberano, hincando de nuevo rodilla y bajando la cabeza ante él.
-Querías verme- afirmó el muchacho.
-Quería, sí- sentenció Agro -Mírame, hijo- Ren obedeció, alzando la mirada hasta encontrarse con los crudos y muertos ojos de su padre. A día de hoy se seguía preguntando si podía ver realmente -Creo que hay cosas que nos quedan por hablar...-
-Todo cuanto ha sucedido en Solaris ya te lo he contado- asintió Ren -No quedan más detalles que discutir salvo los eventos venideros. No se me ocurriría ocultarte nada- se explicó demasiado.
-Tu excesiva verborrea no es propia de ti...- observó. Sus viejas manos se enredaron en torno a los reposabrazos mientras se inclinaba hacia delante tan despacio que encogía el alma. Era amenazador como ningún otro ser vivo. Esa masa mágica y oscura que emanaba de él se sentía vibrar en el aire como si estuviese empujando las paredes. Cualquier día, pensaba Ren, la mansión se haría pedazos debido a esa presión en el ambiente -Dime una cosa, muchacho... ¿Qué ha llevado a mi silencioso hijo, mi oscuro y siniestro elegido, a plantarse nervioso ante mí?-
-El respeto, padre. Como siempre- al decir aquello, Agro se puso en pie y caminó hacia Ren con suma parsimonia, disfrutando del leve temblor que recorría el cuerpo del joven.
-¿Sabes...?- pasó junto a Ren en ese instante y se colocó a su espalda, dándole a su vez la espalda a su hijo -Sé que no he sido precisamente una... figura paterna... para ti o tus hermanos- lentamente se giró hacia Ren y éste giró la cabeza para mirarle por encima del hombro. La enorme capucha de Agro impedía que se le viese algo más que la barbilla debido a la tenue luz que había en aquella habitación, completamente parca -He sido como he considerado que debía ser... Duro, frío, severo... pero siempre por vuestro bien-
-Lo sé, padre. Todos lo sabemos, los tres- asintió Ren.
-No obstante, muchacho...- se inclinó y posó su delgada mano en el hombro de Ren. Apretó lo suficiente para que su hijo sintiera los dedos como cuchillas clavarse ligeramente en su piel. Sus afiladas y descuidadas uñas ayudaban a dejarse notar, pinchando la carne -Tú siempre has sido especial... Lo sabes- Ren asintió, tembloroso -Mi Elegido, mi favorito...- sonrió Agro con una mueca espantosa -Que pese a mis constantes exigencias superaba mis espectativas hasta estar preparado para viajar a Solaris... y comezar a mover el gran engranaje que llevo décadas construyendo contra esta corrupta y vil corona...- exhaló un pesado suspiro muy cerca del oído de Ren. El muchacho no supo sopesar si era afortunado por no oler su aliento o era sobrenatural que él no despidiese olor alguno, solo aquella opresión mágica. Era como estar frente a un espejismo tangible -Estoy orgulloso de todo cuanto has hecho... hasta ayer- aquella afirmación terminó por poner nervioso al joven, que alzó los ojos para mirar hacia la sombra de la capucha. Los ojos de Agro de pronto eran más humanos, con unos dorados iris bañados en rojas venas teñidas de sangre; ojos llenos de furia -Pese a todo cuanto he pedido, cuanto te he obligado a hacer, cuanto te exigido y te he forzado y torturado con inhumanos entrenamientos y pruebas imposibles para cualquiera de tus dos torpes e inútiles hermanos. Pruebas que hasta a los príncipes de los Chrone les costaría superar- iba alzando el tono conforme hablaba y cerraba la mano en torno al hombro de Ren. El Bladelyn sintió que le corría humedad por el hombro, seguramente sangre -Tú, Ren Bladelyn, mi heredero en todo cuanto he logrado y lograré en esta burda existencia, jamás has temblado como hoy- alzó más la voz, furioso -¡Tiemblas como tiemblan los culpables! ¡Tiemblas como ahora tiemblan los Chrone!- una oleada de inmenso poder mágico penetró el cuerpo de Ren hasta sacudirle internamente como un terremoto a escalas inmedibles. El chico cayó al suelo con brutales espamos, emitiendo alaridos de dolor que si no se oían en la mansión, era porque Agro tenía preparada su aposento para que nada se oyera desde el exterior, de modo que poco importaba cuánto gritara Ren, nadie acudiría a su rescate -Y ahora mírate...- gruñó Agro -Sufriendo como deberían estar sufriendo ellos...- al decir aquello, el cuerpo del joven se fue calmando y Ren pudo por fin mirarle de nuevo, respirando agitadamente.
-¿Por qué...?-
-Perdiste los nervios ayer, Ren...- declaró Agro -Te enervaste y dejaste salir tu frustración contra nuestro pueblo sin necesidad... ¿Que odian a Syra Chrone y a su familia? Claro que sí, como debe ser- asintió escalofriantemente calmado tras haberse enfadado de aquella manera -Y tú no tienes por qué ofenderte porque quieran su muerte... porque tú, Ren- le señaló -Tú deberías desear igualmente esa muerte- Ren trataba de recuperar el aliento mientras su padre le acusaba.
-Yo... no he cambiado en absoluto mi dirección en nuestros planes, padre- explicó, tratando de ponerse en pie, luchando contra su cuerpo. Agro lo observaba atentamente -Yo solo...-
-"Solo" has dejado que te influencien sus apariencias... Algún día, Ren, verás que tengo razón... y espero que no sea demasiado tarde para ti- ladeó ligeramente la cabeza -Demasiado tarde para comprender que te equivocas al cambiar de bando y olvidar a quién le debes tu verdadera y férrea lealtad...-
-Jamás olvidaré a quién debo mi lealtad, padre, ni mi respeto- bufó, sintiendo dolor en todo el cuerpo.
-¿No...?- comenzó a reír de forma críptica -Pues acabas de olvidar el volver a arrodillarte...- Ren se percató enseguida de su error, pero Agro lo solucionó. De una de sus manos disparó una salva de relámpagos que electrocutaron a Ren, envolviéndole en un abrazo tormentoso. El muchacho no tardó en caer de rodillas, humeando cuando los relámpagos cesaron -Nosotros no nos debemos al camino de la clemencia, Ren. Es algo que te he enseñado durante años y parece que empiezas a olvidar-
-N-no... te juro... que...- trataba de respirar. Se sentía próximo a la muerte si su padre volvía a azotarle con aquel inmenso poder. Finalmente, dejó de estar arrodillado para apoyarse con los brazos en el suelo. Sentía que sus fuerzas se escapaban de su cuerpo.
-Dime... ¿Es la chica?- quiso saber. Ren hizo acopio de fuerzas para mirarle a la cara -¿Sientes algo... por ella?-
-Absolutamente nada- declaró -Nada... Todo esto no es más que... un plan-
-Un plan que parece, a ratos, muy real...- frunció los labios Agro -De hecho no estaba en mis planes que vosotros os casarais... Es algo que has hurdido tú, por tu cuenta, tras conocerla...-
-Se supone que antes de iniciar la guerra debemos incendiar el reino... ¿No es así?- dijo inteligente Ren -¿Qué mejor forma de incendiar el reino que esta...? Cuando llegamos aquí y te conté todo lo acontecido te pareció perfecto ¿Por qué dudar ahora, padre?-
-Vehemente pregunta- Agro extendió la mano hacia Ren y éste se dio por asesinado, pero no sucedió nada. Solo fue una muestra de poder y dominio, intimidación, por parte de su padre -Controla tu tono- ordenó.
-S-sí...- asintió Ren, asustado.
-Lo que me preocupa, hijo...- suspiró Agro, calmando un poco su enfado -...es que olvides tu lugar. No puedes manchar tu imagen de esa forma, mostrándote agresivo con aquellos que nos apoyan en esta cruzada. Tus emociones deben estar en todo momento bajo control, tus relaciones con los Chrone tienen que estar duramente delimitadas por tu deber... y tu deber, como Bladelyn, es encaminar esta rebelión hasta el final. Eres mi Elegido y por ello, mi rostro, mis manos y mi voz, mi ejecutor. El apellido Bladelyn y nuestro interés depende de ti ahí fuera. No lo olvides jamás...-
-No lo haré, padre... Siento haber perdido el control- el joven cerró los puños.
-Sé que es mucha responsabilidad, muchos pensamientos, muchos sinsentidos...- Agro se dirigió de nuevo al trono y tomó asiento con sumo cansancio, se le veía anciano y dolorido -Perdóname, Ren...-
-N-no... no hay nada que perdonar...- una punzada de lástima recorrió el alma del muchacho al mirar a su padre en ese estado tan deplorable. Realmente no dejaba de ser un anciano con unas ambiciones demasiado elevadas para su edad ¿Pero y si de verdad era lo mejor para Solaris...? ¿O se equivocaba?
-Necesito que hagas algo hoy, hijo...- exhaló pesadamente -Convoca una nueva rueda de prensa y discúlpate por la escenita de ayer. Di que comprendes su exaltación, su miedo, sus dudas y reservas pero que deben confiar en que todo esto es un paso más, que hará que las nuevas relaciones con Solaris sean prometedoras y demás...- sonrió.
-¿De verdad les... calmará eso?- Ren se puso en pie de nuevo con reservas y dudas, temiendo otra acometida mágica.
-Seguro que sí- mintió Agro, sabiendo que solo los enfadaría más. Conocía a la población munshita a la perfección porque él se había dedicado desde su juventud a moldear sus ideales y a adoctrinarlos en un odio irreparable contra Solaris. Dijera lo que dijera Ren, los munshitas siempre pensarán que los Chrone son unos manipuladores que tratarán de solventar la crisis de Munshad absorviendo a la familia Bladelyn y tomándolos como rehenes políticos indirectos, sobre todo a partir de la boda, obligando a las gentes a calmar sus ánimos si no quieren perder a sus líderes y vagar como pollos sin cabeza, para acabar muriendo de hambre y frío al ser ignorados deliberadamente por la capital como venganza por tantos años de batalla. No, sin duda alguna, la herida era tan grande y profunda entre el norte y la capital que la reconciliación era imposible. Demasiados años de odio, mentiras y manipulación. Para Agro ya solo quedaba terminar de dar una gran puntilla que hiciera germinar las semillas del odio, y ahora que Ren se marchaba y la princesa se quedaba sola, comenzaría a observarla y a forzarla a hacer movimientos que pudiera aprovechar a su favor. Por ello, una vez Ren abandonó la sala y se dispuso a prepararse para sus quehaceres para limpiar su imagen personal y la de los Bladelyn frente a la ciudad, Agro dedicó su poder mágico a rodear a Syra, abrazarla como si fuese un espectro colgado a su espalda, estrangularla y oprimirla, a agobiarla... Pronto comenzarían a moverse de nuevo los engranajes y él solo debía ser el aceite que les facilitara el movimiento.

La oscuridad estaba cada vez más cerca y pronto la luz de Solaris se apagaría para siempre.

En la noche, solo la luna brillando con fuerza ilumina el camino.

Y para brillar con fuerza suficiente, necesitaba para sí misma toda la luz del sol.

No hay comentarios:

Publicar un comentario