Dicho y hecho, tal y como Ren anunció, a las primeras luces del alba, si es que se podía considerar luces a una claridad empañada por la bruma que solía envolver a Munshad constantemente, la puerta de la habitación de Syra sonó de forma insistente. La muchacha se levantó de la cama algo somnolienta debido a que era realmente temprano y se aproximó a la puerta cuando esta se abrió sin que ella llegara a alcanzar el pomo. Casi se asustó al ver que un rostro casi desfigurado asomaba por el umbral. Su instinto natural fue echarse los brazos al cuerpo para cubrirse aunque no estuviese desnuda, pero era una clara invasión a la intimidad. Afortunadamente, parecía ser una mujer, o lo que quedaba de ella -Buenos días, mi señora- dijo con la voz rota, afónica, casi costaba entenderla -He venido para avisarla de que debe prepararse para la audiencia-
-¿A-audiencia?- se cuestionó la chica.
-Así es. Por favor permitidme pasar para arreglaros como es debido-
-Pero... ¿Tan pronto? ¿No desayunamos primero o...?- no es que le importase más la comida, pero qué menos que estar algo más presentable y saludable de cara al público. De hecho, lo que querría realmente era alargar el tiempo hasta ese momento.
-Me temo que tendréis que desayunar después-
-Bien... En ese caso, pasa. Cogeré algo que ponerme- se dio la vuelta para dirigrse al armario.
-De nuevo, debo negaros ese derecho, alteza- la mujer terminó de abrir la puerta para pasar al interior seguida de otra sirvienta. Después, cerraron la puerta para evitar miradas de curiosos. Es decir, de Raven. Syra las miraba a ambas con los ojos entornados, sopesando. Las dos chicas tenían claros signos de violencia en las caras. De hecho, a una de ellas le faltaba una mano. El muñón estaba oculto bajo el bordado blanco de su uniforme de sirvienta, un tanto clásico, sobrio y aburrido -Por favor, vestid esto. A petición de la señorita Claire- las mujeres tendieron el vestido sobre la cama. Básicamente era un traje largo, liso y de tela ceñida, algo brillante. No es que no fuera bonito, pero parecía digno de un velatorio o un entierro. No tenía bordado o decoración alguna que lo hiciera elegante. Era tan simple que era pavoroso.
-Creo que es un poco...- ladeó la cabeza, tratando de buscar las palabras más educadas posibles. No pretendía decir que no iba a ir disfrazada de condesa de las tinieblas y parecer aún más ridícula.
-La señorita Claire ha insistido- dijo la chica a la que le faltaba una mano -Asegura que es un vestido que ayudará a haceros ver como parte de Munshad y que agradará al gran señor Agro-
-Vaya...- chasqueó la lengua. Realmente no le gustaba nada la idea, pero si no le quedaba más remedio y le ayudaba, así lo haría -Está bien, entonces... Supongo...- se daba golpecitos con el dedo en la barbilla, pensativa.
-Maravilloso- dijo la del rostro desfigurado -Por favor, desvestíos- ambas se aproximaron a ella como dos fantasmas y sin pedir permiso la despojaron del pijama. Raven, desde fuera, oía las voces de Syra pidiendo clemencia y paciencia. El soldado llamó a la puerta de forma insistente para asegurarse de que todo estaba bien, pues no creía que pudiera fiarse ni de su propia sombra en aquel lugar. Al ser ignorado deliberadamente por las mujeres del servicio, abrió la puerta.
-¿Va todo bien?-
-¡No entres!- vociferó Syra. Afortunadamente, no estaba en el ángulo de visión, quedando prácticamente al otro lado de la puerta. Casi podría haberla visto semidesnuda de no ser por ese hecho.
-Vale, vale- suspiró el soldado -Pero más te vale contestarme la próxima vez o me dará igual que estés integralmente desnuda- dijo con una sonrisa, recordando aquellos tiempos -Llama si me necesitas- Raven se retiró cerrando la puerta y Syra bufó, relajándose de nuevo.
-Ese hombre no os respeta- señaló la chica desfigurada -Os habla como si fueseis una mujer más-
-No es asunto vuestro. Yo le permito que me hable así- se quejó, siendo manejada como una muñeca para lucir el vestido a la perfección. Para su mayor desgracia, ellas prepararon también el maquillaje.
-El amo Jiram no permitiría tamaña falta de respeto. El amo Jiram le haría comprender su lugar- decía mientras espolvoreaba el maquillaje sobre ella.
-¿Amo Jiram...?- arqueó una ceja la chica. Era la primera vez que oía a alguien en la casa referirse a él así. De hecho, todavía no le había conocido personalmente -Oid... No quisiera ser impertinente ¿Pero estáis bien? ¿Qué os pasó?- algo le olía muy mal de pronto, demasiado mal. Esa servidumbre, ese comportamiento carente de alma, el llamar señorita y gran señor a Claire y a Agro respectivamente pero "amo" a Jiram... algo no cuadraba, precisamente. Al preguntarles, las chicas cesaron en su trabajo y se miraron la una a la otra. En el reflejo del espejo del tocador en el que sentaron a Syra para maquillarla, la princesa pudo percibir cómo la chica que había perdido una mano le negaba insistentemente con la cabeza a la muchacha desfigurada, indicándole que no dijera nada.
-Accidente laboral- dijo finalmente con un deje de desilusión. Aquello cada vez parecía más y más terrorífico.
Aproximadamente una hora después, Syra por fin pudo aparecer en el hall de entrada, seguida por Raven y las sirvientas. Allí estaba Ren, además de Claire y, por fin, el misterioso Jiram. Ren no iba distinto a ella, pues llevaba un traje de chaqueta íntegramente negro, con camisa negra y corbata negra, igualmente sobrio y aburrido. Claire lucía sus ropas típicas, descuidadas e igualmente con tonalidades oscuras, pero sí se permitía que su falda esa vez fuese rojo burdeos al igual que su pintalabios. Jiram lucía unos pantalones y chaqueta grises sobre una camisa blanca. Destacaba demasiado entre sus hermanos y el resto de la casa. Además, fumaba profusamente. Parecía una chimenea de tanto humo que salía de su boca -Veo que estás preparada- dijo Ren, mirándola fijamente.
-Menudo cuadro- se atrevió a decir Jiram con frialdad y desvergüenza.
-¿Perdón?- quiso saber Syra.
-Parece que vas a enterrar a tu padre- exhaló humo. Tampoco mentía. El maquillaje era digno de un cadáver. La base en polvo era varios tonos más claros que su propia piel, de modo que la hacía ver pálida hasta rozar la enfermedad y sus ojos estaban igual de oscuros y mal maquillados que los de Claire. Los labios, al menos, se los dejaron de un color púrpura oscuro en lugar de completamente negros. Era horrible.
-Es el estilo que me han obligado a vestir- miró Syra a Claire.
-Estás encantadora. Arrebatadora. De muerte- inquirió al final, arrancando una carcajada a Jiram.
-¿Os estáis burlando de la princesa en mi presencia, malnacidos?- amenazó Raven, dando un paso al frente y llevando la mano a la espada.
-¿Por qué no le has puesto bozal al perro?- preguntó Jiram a Ren.
-Raven es su guardaespaldas. No lo desarmaré- explicó el mediano de los hermanos, visiblemente avergonzado y consternado por la actitud de sus hermanos hacia Syra.
-Tú mismo, pero delante nuestra no portará armas- advirtió Jiram -Así que aparta la mano, perro, si no quieres que te la corte. No es que me falten ganas ni experiencia- gruñó. Raven miró a Syra y ésta asintió. El soldado retrocedió hasta ponerse al lado de la chica y apartó la mano.
-Esto es indignante- le susurró a la chica.
-Lo sé- contestó ella.
-¿Nos vamos?- preguntó Ren, deseando salir tanto como Syra de esa casa.
El coche oficial los condujo a través del maltrecho bosque hasta acercarlos al centro de la ciudad. Ya se había dado anuncio a un discurso por parte de Ren Bladelyn en Munshad, de modo que al lugar al que se dirigían ya estaba poblado por gente a pesar de que era tan temprano. Syra al igual que Raven sintieron escalofríos con solo pensar en estar delante de esa gigantesca turba que se arremolinaba frente a un edificio. Afortunadamente, al parecer, ellos iban a estar dentro, donde había más prensa que otra cosa. Raven aguardaría en el backstage al igual que Syra mientras Ren salía en primer lugar. Claire y Jiram estarían junto a él como figurantes, de manera que tendrían un rato de paz entre ellos antes de salir al matadero -¿Está todo listo?- preguntó Ren, repeinándose los cabellos hacia atrás. Sudaba un poco en la frente.
-Todo listo. Sal ahí y gánatelos, guaperas- sonrió Claire, guiñándole un ojo. Después disparó una feroz sonrisa a Syra antes de salir ella primero junto a Jiram. Recibieron aplausos y vítores como si fueran una especie de fuerza política. El alivio de estar dentro del edificio se esfumó al comprender que, periodistas o no, eran independentistas apasionados. El clamor, por tanto, fue mucho mayor cuando Ren salió en dirección al atril. Decenas de flashes de cámaras fotográficas bañaron con su luz aquel pequeño anfiteatro mientras que una orilla de pilotos rojos mostraban que las cámaras estaban grabando. Junto a Syra y Raven había unas pantallas que mostraban cómo se veía la imagen en las televisiones de Munshad y posiblemente en las pantallas que había fuera, donde la turba vitoreaba la figura de Ren Bladelyn. Sus voces apasionadas se oían desde el interior. La princesa y el guardaespaldas se miraban con preocupación.
-Saludos, hermanos y hermanas munshitas- empezó Ren, aferrándose al atril con señorío -Hoy vuelvo a presentarme ante vosotros para anunciar mi regreso, pues por fin he culminado mi misión en las tierras de Solaris- dijo contundente. A sus palabras, solo respondian los constantes "clicks" de las cámaras haciendo fotos -Seré breve, pues hoy no es día de discursos. Hoy no es un día de batallas, de guerras y cánticos por la libertad. Hoy es un día de júbilo para el pueblo, para nuestra región ¿Por qué? Os preguntaréis. Pues bien, he vuelto de mi visita a Solaris y he podido conocer a la familia Chrone: he convivido con ellos, dialogado con ellos... y sí, luchado con ellos, incluso- sonrió de una forma tan falsa que hasta Syra lo notó. Estaba forzadísimo -Sin muchos preámbulos, os anuncio a vosotros, hermanos y hermanas luchadores, trabajadores y sufridores, que he logrado regresar con buenas noticias para todos vosotros y para la familia Bladelyn- al decir aquello, hasta los periodistas empezaron a clamar.
-Estos pobres diablos creen que va a anunciar la independencia ¿A que sí?- comentó Raven cruzándose de brazos.
-Quiero salir de aquí- suspiró Syra -Esto no va a salir bien-
-Saldrá bien- la apoyó el soldado -Y si sientes que flaqueas, recuerda que estoy contigo. No estás sola ni lo estarás nunca ¿De acuerdo? Vas a ser una gran reina y para ello debes sortear esta clase de problemillas menores- Raven era el primero que se oponía a la boda, pero sabía que debía apoyar a Syra para ganarse el derecho a ser su amigo, y más, con el tiempo. Odiaba verla desanimada, siempre lo hizo. Contemplarla brillar con luz propia y con seguridad en sí misma era lo que más le gustaba de ella. No podía permitir que Munshad y su ambiente la empequeñecieran -Cuenta con mi apoyo, siempre-
-Gracias Raven...-
-En este buen día, quisiera dar las buenas nuevas en compañía, pues no he vuelto solo de mi viaje. Hoy me acompaña la persona que, de hecho, me acompañará el resto de mis días- aquellas palabras fueron agujas tanto para Syra como para él -Por favor- tendió la mano hacia el backstage -Ven conmigo, querida- ¿Querida? A Reven le ardían las venas. Syra no pudo hacer otra cosa que mantenerse en el papel y salir ahí, a la luz de los focos y las cámaras. Entre los periodistas comenzó a montarse revuelo. Empezaban a oirse voces, murmullos e incluso insultos. Aquello comenzó a quebrar a la chica.
-Aquí tienes tu papel- le susurró Ren -Te ayudará- Syra se posicionó a su lado, para su disgusto personal. Sí agradeció un guión, ya que temía quedarse en blanco en aquel ambiente hostil en el que se sentía. Para su desgracia, se oían los clamores violentos del exterior.
-Yo... Eh...- miró para un lado y para el otro -Hola- sonrió torpemente.
-Disculpad, estamos emocionados- se aventuró Ren de nuevo sonriendo falso y radiante.
-Eh... Em...- estaba más que acostumbrada a hablar a las cámaras ¿Dónde estaba el problema? Ella misma se estaba haciendo un interrogatorio interno y la respuesta más evidente era el miedo. Miedo a meter la pata, miedo a que tuviera que defenderse. Miedo a hacer daño a alguien sin querer. Tenía el pulso acelerado pues no estaba acostumbrada a ese tipo de abersión hacia su persona ¿Ren se sentía allí así, en palacio? Porque era horrible. Por suerte, encontró apoyo en Raven, como éste le prometió. Al mirarle en el backstage, allí parado, el soldado le sonreía con una calidez impropia de un trabajador y más digna de un familiar. Le levantó el pulgar en un gesto simple y campechano, pero que la animó de sobremanera al no tener formalidad ninguna, lo cual lo sintió más cercano.
-Lee- aconsejó Ren entre dientes.
-Gentes de Munshad- inició la chica -Soy la princesa Syra Chrone, heredera al trono de Solaris. Me conocéis bien, tanto como yo a vosotros- leyó veloz las líneas -Me complace estar aquí, junto a Ren Bladelyn, para anunciaros junto a él y el resto de la familia Bladelyn- Claire saludaba efusivamente a las cámaras mientras que Jiram solo se cruzaba de brazos, aburrido -que como resultado de su visita a mi hogar y tras el tiempo que hemos compartido juntos, se ha iniciado una chispa que ahora arde con fuerza en... nuestros corazones- acabó un tanto fría, interpretando el guión con torpeza.
-Tal y como surgió nuestra chispa por la esperanza y la rebelión que hoy arde con pasión en las almas de todos los munshitas, también arde un brillante futuro para las dos familias. Los Bladelyn y los Chrone se unirán en un sagrado lazo a ojos de los dioses, pues Syra y yo vamos a contraer matrimonio de forma oficial- tras las palabras de Ren, se hizo un ominioso silencio. Ni siquiera se realizaban fotografías del momento. Ren mantenía la sonrisa y Syra no sabía hacia dónde mirar exactamente. Por un instante hasta hubo silencio en el exterior... hasta que estalló la tormenta. Las puertas del recinto empezaron a sonar como si un tornado amenazara con llevárselas. Los periodistas gritaban enfurecidos y clamaban la sangre de la princesa, allí presente. Se les oía claramente. No eran agradecimientos ni felicitaciones. Le pedían a Ren, explícitamente, que le cortara la cabeza allí mismo. Syra retrocedió del atril cuando una cámara apareció de ninguna parte y casi la golpea de lleno en la cara. Estaba asustada, acorralada, en grave peligro. Raven salió de backstage para protegerla rodeándola con los brazos y cubriéndola con su espalda para recibir cualquier cosa que le tirasen a ella en su lugar. Syra sentía hormigueo, cosquillas en los dedos. Su corazón latía con fuerza, estaba empequeñecida mientras que en su interior ardía demasiada ansiedad que hinchaba su poder como un globo a punto de estallar. Si no salía de allí pronto iba a pasar algo, lo notaba, lo presentía, no podía controlarlo...
-¡SILENCIO!- tronó entonces la voz grave de Ren mucho más alto que la propia turba enfervorecida. Aunque no apaciguó el exterior, los periodistas y la gente del interior del anfiteatro sí comenzaron a calmarse -Si alguien tiene el menor jodido problema con esta situación que levante la PUTA MANO- enfatizó, golpeando el atril. Obviamente, lo redujo a astillas debido a su poder -No voy a tolerar salida de tono alguna ¿¡Queda claro!?- vociferó. No le hacía falta micrófono para que su voz restallara como látigos en los oídos de los presentes.
-¡Os está utilizando!- clamó entonces una periodista del montón -¡Ese matrimonio está pensado para acallarnos! ¿¡Es que no lo véis!?- solo hizo falta esa única opinión para que se extendiera como el fuego sobre un mar de brea. De nuevo se alzaron las voces, de nuevos las aclamaciones.
-¡Matadlos ahora! ¡Acabad con ella! ¡Mandad un mensaje, señores Bladelyn!- gritaban distintas voces -¡La boda es una tapadera! ¡Solo quieren ponernos una correa! ¡Se desharán de vosotros como familia, os absorverán y os destruirán sin que podáis hacer nada!- al ver que nada se podía hacer, Ren caminó hacia Raven, que seguía cubriendo a Syra.
-Vámonos- le dijo al soldado -Acompáñame al coche. Yo te cubro. Tú protégela- no le dio tiempo a contestar, porque así era la única forma en la que podía ser.
El coche ya estaba rodeado por personas que se habían saltado las vallas y las protecciones. Clamaban, gritaban, pero no se atrevían a tocar a Ren. Algunos hasta trataba de tacharlo de traidor y vendido para provocar su ira contra la princesa, pero no lo conseguía. Raven trataba de pasar tras Ren como un enorme escudo que era, pues no había munshita que se atreviera a poner un dedo encima sobre un Bladelyn. Los adoraban demasiado como salvadores y precursores de su independencia y de su forjadores de una futura nación. Y ahora, sin que Syra o Raven lo hubiesen visto venir, se habían convertido de la noche a la mañana en mártires. Ahora, de pronto, los Bladelyn eran las víctimas de un macabro plan de absorción por parte de los Chrone ¿Es que estaba todo planeado? ¿Ren ofreció la boda sabiendo que todo esto iba a suceder? Los munshitas hasta clamaban que Syra se estaba burlando de ellos al señalar sus vestimentas, pues lucía "como visten las viudas de Munshad". Todo estaba yendo mal, demasiado mal... y aún las cosas podían empeorar. Por suerte para la princesa, el coche arrancó y la sacó de allí junto a Raven y los Bladelyn. Nunca imaginó que se sentiría a salvo volviendo a esa sórdida mansión...
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