lunes, 24 de febrero de 2020

Era bastante temprano por la mañana cuando el rey Aurum ya se encontraba perfectamente engalanado para la reunión y sentado en la Sala del Consejo con un café humeante y viendo la televisión, oyendo las noticias matutinas. Como esperaba, no se dejaba de hablar del terrible accidente acontecido en Glamora y en el que Raven había estado involucrado. De hecho, este ya se encontraba también allí, en la sala, sentado en su correspondiente silla pese a su papel de guardaespaldas. Aquel día, se sabía, la prioridad era estar en la reunión y Syra no iría a ningún otro lugar, de modo que podía esperarla allí pese a que el soldado evidentemente hubiese preferido acompañarla hasta el punto de encuentro -Es un maldito desastre- gruñó Aurum, dejando la taza de café de forma sonora sobre un fino y exquisito plato de porcelana -No podemos permitir que esto avance-
-Fue una desgracia, majestad, pero por suerte podremos sobreponernos-
-Ha muerto la presidenta, Raven-
-Lo sé, alteza. Yo estaba allí presente-
-Lo que quiero decir es que ha muerto una dirigente a manos de los munshitas. Esto ha pasado de castaño oscuro. Nuestra reputación está pendiendo de un hilo como nunca. Solaris, como reino, se encuentra al borde de una guerra civil- se rascó la barba, nervioso.
-¿Y por qué no permitirla?- se atrevió Raven -A fin de cuentas, Munshad perderá-
-Mi deber como rey es salvaguardar la paz, Maestro. Y la tuya también. Será mejor que no coquetees con ideas bélicas que no nos corresponden como ideal familiar- Raven asintió ante el comentario.
-Así será, Majestad-
-Por cierto ¿Qué tal tu herida?- le miró
-Mucho mejor- Raven se llevó una mano al costado, sintiendo un leve dolor al hacerlo, pero fingiendo estar algo costernado al respecto. El plan le salió de maravilla para haber sido improvisado: aprovechó la llegada de Sevastion para culparle de ser un criminal munshita, un asesino. Lo asesinó al igual que había hecho con Brissa para prevenir un nuevo aliado terrorista de Munshad, pero se autolesionó clavándose las tijeras en el costado provocándose una herida grave pero no fatal, sabiendo que sobreviviría a ella con unas prontas curas y suturas. Como Maestro de la Guardia y protector real de la princesa Syra, supuso que no dudarían en aceptar la versión de los hechos... y así fue. Nadie se atrevió a cuestionarlo ante el chocante suceso, pues a fin de cuentas ¿Por qué mentiría el Maestro de la Guardia? ¿Por qué uno de los hombres de mayor confianza del rey y el príncipe Dusk podía hacer daño a una presidenta regional? Obviamente, todo apuntaba a que el chico era verdaderamente un afiliado a los insurrectos de Munshad y que planeaba dar un golpe que, pese a la pérdida de Brissa, Raven pudo evitar. En la mayoria de Glamora se aclamaba a Raven como un salvador ignorando sus verdaderas acciones -Gracias por vuestro interés, Alteza-
-Bien...- suspiró el rey, cruzando las manos sobre la mesa, impaciente.

Pasaron los minutos, largos y en pesado silencio, hasta que los príncipes fueron llegando. Primero fue Syra, que vivía en palacio. Luego fueron Dusk e Iran que prácticamente llegaron juntos, como de costumbre: uña y carne. Ren fue el último en llegar, con un aire más despreocupado que de costumbre. Al entrar en la Sala, todos le miraron con sumo interés pero con particularidades; Syra le miraba con cierta simpatía, pues no había sido mala compañía y se lo hizo saber a su padre en cuanto volvieron a palacio. Iran y Dusk lo contemplaban como el heraldo del apocalipsis y parte del supuesto plan golpista en Glamora que Raven evitó. Éste último lo veía como el monstruo de siempre, al que estaba deseando dar muerte igual que a Brissa y al inocente muchacho ayudante de la presidenta, del que ya empezaba a olvidar su rostro.
-Bien ¿Todos estamos listos?- preguntó impaciente el rey, que se veía visiblemente cansado aún.
-Padre, si no te encuentras bien, aún podemos...-
-No se pospondrá ni un día más esta reunión- gruñó, recolocándose en la silla, incómodo.
-Podemos hacerlo sin ti- apuntó Dusk -Syra es más que capaz y cuenta con nuestro respaldo en el Consejo-
-Syra es capaz- asintió Aurum -Pero no es aún la reina- la miró -Lo comprendes, hija mía, lo sé. Y agradezco la preocupación, pero debemos poner punto y final ahora- pasó a mirar a Ren -Antes de comenzar con negociación alguna, muchacho ¿Qué tienes que decir sobre lo ocurrido en Glamora?- todas las atenciones fueron a parar hacia Ren. Este se cruzó de brazos en su asiento.
-Me encantaría poder satisfaceros con una respuesta certera, pero me temo que solo os puedo decir, Majestad, que no tengo ni idea de lo que ocurrió allí. Es evidente que he oido las noticias pero la familia Bladelyn no tiene cabida en tamaño plan descabellado-
-Y tan descabellado ¿Cómo se os ocurre?- intervino Raven
-¿Se nos ocurre? Acabo de decir que no es cosa nuestra, Maestro de la Guardia- añadió Ren de mala gana.
-¿Puedes asegurarlo formalmente ante el rey?- desafió Raven.
-Juro por el honor de mi familia y el emblema Bladelyn que nada que ver tenemos con el intento de golpe en Glamora- dijo solemne -¿Contento, soldadito?- la silla de Raven chirrió en el suelo al arrastrarse ligeramente en un amago de Raven por levantarse.
-No hay pruebas, aún así, que indiquen que los Bladelyn han tenido algo que ver- se incorporó Iran a la vista de la conversación -Ese chico ni siquiera era de Munshad. Su familia es oriunda de Sivara, pero se mudaron a Glamora antes de que él naciera. El tal Sevastion pudo haber tenido contactos y relaciones posteriores con munshitas que le terminaron por convencer en unirse a la causa, o quizá estaba siendo extorsionado por ellos debido a su cercanía con la presidenta Brissa- el rey asentía ante las explicaciones de su hijo, que a fin de cuentas, era el líder de la Inteligencia y por tanto, era sus oidos y sus ojos -La autopsia y la investigación no da lugar a dudas en la declaración de Raven tampoco. Todo ha parecido suceder tal y como él dijo- el mediano miró con interés al Maestro -Aunque rogaría al Maestro de la Guardia el intentar mantener enfundada "la espada" con miembros del Senado- concluyó.
-Así se hará- no dijo más Raven, que atraía la mirada curiosa del resto de participantes en la conversación.
-Bueno, pasando al tema que nos ocupa realmente hoy- carraspeó Aurum -Ren, creo que es hora de que acabemos con esto- le miró con firmeza -Independientemente de que los Bladelyn tengais algo que ver con el atentado de Glamora o no, es un hecho que vuestras reivindicaciones son la causa principal de todos los males que asolan ahora mismo el reino. Estáis sacudiendo los cimientos de una enorme nación hasta el límite de que las grietas están apareciendo por doquier y corremos el riesgo de hundirnos- Ren le mantenía la mirada con cierto aire desafiante -Así que pongamos las cartas sobre la mesa. A fin de cuentas, ya te hemos mostrado cómo vivimos y cómo tratamos a nuestra gente ¿Cuál es la verdadera razón por la que queréis una secesión?-
-¿Es mi turno, entonces?- preguntó tras el silencio del rey, esperando que alguno de los impulsivos príncipes o Raven intervinieran. Antes de comenzar a hablar, miró a Syra, suspiró y volvió a mirar al rey -Majestad, los términos no han cambiado ni un ápice desde el día en que llegué. De hecho, los términos son claros desde que comenzaron las peticiones de secesión y me atrevo a decir que a día de hoy están más justificadas que nunca. Munshad reclama el derecho a la autodeterminación, al autogobierno y a la capacidad de ser reconocido como un propio país soberano como Steela, al otro lado del Mar de Atempo-
-Ahorremonos la geografía- pidió Aurum.
-Bien- sonrió Ren. Syra veía que era esa sonrisa tensa y falsa, no la suya de verdad -La petición es simple: oficiemos una separación formal y que Solaris reconozca el Reino de Munshad-
-No- declaró Aurum con severidad -La decisión sigue siendo la misma. No permitiré que este reino se rompa en pedazos por culpa de un capricho de Agro Bladelyn-
-El deseo de separación precede a mi padre desde hace generaciones y lo sabéis, Majestad- insistió Ren.
-Y la misma respuesta recibieron sus precedesores. Solaris debe permanecer unida o seremos carne de cañón para Steela y el resto de reinos vecinos-
-¿Es esa la única razón? ¿Ser un gran reino con una fuerza militar equiparable a los vecinos? Eso es política infantil, Majestad- los príncipes gruñeron ante esas palabras, pues podía catalogarse de insulto. Aurum alzó una mano para acallarlos.
-Puede parecer infantil a aquellos que solo prestan atención a sus propios intereses, pero es política, a fin de cuentas. Todos debemos asociarnos. Si permito que Munshad se separe por capricho, algún día otra región tendrá un desaire con el gobierno central y el Senado e igualmente querrán separarse. Al final, Solaris solo será un pequeño pedazo de tierra en la capital-
-Sigue siendo la misma política de quién la tiene más grande- seguía Ren, tozudo.
-Veo que sigues sin entenderlo- negó Aurum con la cabeza -Y por esa misma razón no puedo otorgaros semejante petición-
-¿Cuál es el problema?- quiso saber Ren abriéndose de brazos.
-Eres corto de miras, Bladelyn- gruñó Dusk.
-¿Y ahora a ti qué te pasa?- perdió la paciencia Ren.
-¿Que qué me pasa? ¿Te atreves a hablarme así?- Dusk se puso en pie y Ren hizo lo mismo. Por tanto, Raven se levantó por igual llevando la mano a la espada.
-Basta- ordenó Syra, tajante, alzándose del asiento también y tomando palabra de una vez -Todos, sentaos- su mirada era severa y su tono más amenazador que el de Aurum. El rey no intervino en la demanda de su hija. Ya de por sí le costaba respirar con tranquilidad y se dejaba recostar en la silla.
-No toleraré salidas de tono- señaló Dusk, mirando a su hermana.
-Tolerarás lo que yo te diga- aseveró Syra -No me pongas a prueba Dusk, ni tú tampoco, Ren- pasó a mirarle a él, de forma que Ren le sostenía la mirada un tanto más sosegado que al rey Aurum -Tomad asiento. Ya basta de comportaros como críos- señaló a Raven después -Aparta la mano de esa espada, Maestro de gatillo fácil- Raven obedeció, por supuesto, pero no con menos ofuscación hacia el Bladelyn. Finalmente obedecieron y tomaron asiento. Syra se aclaró la garganta con las manos apoyadas en la mesa, mirando a Ren -Si hace falta decirlo claro, Ren, así se hará: no se trata de quién tiene el reino más grande ni más vasallos ¿Que es decisivo en una guerra? Sí ¿Que sirve de disuasión? También- asintió la chica -Pero en Munshad no parecéis comprender la gravedad de la cadena de reacciones que puede provocar vuestra separación. Si el resto de regiones os siguen, nos deterioraremos, pero el problema viene después. La guerra interna que queremos evitar ahora será mayor. Todas las regiones lucharemos entre nosotras por el poder, porque todas querremos conquistarnos-
-¿Os incluís?- dijo Ren sarcástico.
-¿Esperas que nos dejemos pisar por los demás? Si lucháis contra nosotros, los Chrone lucharemos. Y seguimos teniendo la Acronita-
-Hasta que alguien os la quite- dedujo.
-¡Confiesas!- rugió Raven -¡Eso es lo que buscas!-
-¡Cállate!- ordenó Syra, furiosa, mirando al Maestro como una loba hambrienta. Raven se quedó helado ante la respuesta de Syra -¡He dicho que basta! ¡Calmad los animos de una maldita vez!- aporreó la mesa -No vamos a llegar a ningún maldito acuerdo, solo saldremos de aquí a golpes si seguimos en ese dichoso tono, Raven. No quiero oirte graznar ni una sola vez más o serás expulsado de la Sala del Consejo. Y si me apuras, de tu puesto ¿Está claro?- el soldado asintió en completo silencio y se quedó helado como una estatua. Aurum no pudo evitar dejar escapar una sonrisa ante el temperamento de su hija. Sabía que en el fondo estaba nerviosa, tanto como los demás. Se sentía impaciente, impotente y a su vez, deseaba protegerle, a su padre, de más problemas que agravaran su salud.
-Parece que sí que queda carácter dentro de los Chrone- observó Ren.
-Más del que has podido ver hasta hoy- enfatizó Syra -Mucho más-
-Hubiese venido bien ese temperamento en Tarkav-
-No estamos hablando de Tarkav ahora mismo, Ren, más te vale que te quedes en los raíles que nos conducen a la decisión final-
-No hay nada que decidir- se inclinó hacia delante -Reino o muerte, Syra Chrone, futura soberana de un reino en guerra- sonrió y esta vez era sincero -O puedo llamarte soberana de un reino de paz con un vecino cercano como Munshad, con el que llevaros bien-
-No eligiré una guerra civil por encima de contentar a una sola familia, y menos a una que hostiga a esos vecinos a los que se supone que no quieren molestar ¿Quieres hablar de Tarkav, Ren? Lo que allí he visto yo es una necesidad de cuidados que no solo depende de la corona, también de que los munshitas dejéis de castigar esa región. Estáis secuestrando a un pueblo inocente a cambio de vuestra independencia y no pasaremos por ese aro- suspiró pesadamente -Por favor Ren...- la chica recuperó el tono más sereno. Por un instante tenía la mirada de la chica ilusionada por salir y conocer el reino que tenía en la cantina de Tarkav -Dejad de lado esto. Habla con tu padre y convéncele. Convence a tu pueblo. Esta locura no nos llevará a nada bueno, solo a más dolor y miseria, para todos...- apretó los puños sobre la mesa -No queremos cargar con muertes. No debemos traer más dolor a gente que es ajena a esta Sala. Los ciudadanos merecen vivir en paz sin ser castigados por los caprichos de los poderosos- al decir aquellas palabras, Ren se puso en pie.
-Estoy de acuerdo, Syra- asintió -Y por eso la corona debe ceder a nuestras exigencias- aquellas palabras hicieron que Syra se sentara, cansada por la presión, al ver que no había forma -Como heraldo de mi padre estaré aquí hasta esta noche- los miró a todos -Mañana por la mañana partiré de nuevo a mi hogar, a Munshad. Allí llevaré la respuesta. Si no regreso con la concesión de nuestro propio reinado declarado por el rey Aurum, pasado mañana os encontraréis con el reino en llamas- el Bladelyn caminó hacia las puertas para marcharse de la sala. Dusk se puso en pie de nuevo para detenerle cuando pasó por su lado.
-Munshad desaparecerá del mapa mañana por la mañana- amenazó el príncipe -Vete de aquí esta misma noche si quieres ver a tu familia- aconsejó -Porque no te concederemos nada. Por tanto, te aseguro que no esperaremos a que deis el primer golpe- ambos se miraron con enorme tensión, hasta que Aurum alzó de nuevo una mano con debilidad.
-Es suficiente. Márchate, Ren. Esta noche te daré una respuesta-
-Gracias, Majestad- el Bladelyn se marchó ante la atónita mirada de sus hijos.
-Padre ¿De verdad vamos a...?-
-No...- negó Aurum -Pero...- se llevó una mano a la frente -Dioses... esto es una pesadilla...-

El resto del día fue largo y pesado. El ambiente en palacio estaba enrarecido y hasta el servicio estaba con los pelos de punta. Saltaban chispas entre los criados, pues así era de grande la mala energía que vibraba en los pasillos de palacio. La propia magia de la familia Chrone era tan grande, potenciada por la Acronita, que en un exceso de ira se volvía negativa e influía a sus alrededores. La gente má débil, como eran los criados y demás equipo de trabajo en palacio, o los soldados y guardias que hacían sus rondas, se veían completamente arrastrados por esas corrientes de energía negativa y sus humores se volvían insoportables. Al caer la tarde, Ren fue visitado por un miembro de la guardia que hizo gala de ese humor. La mirada que disparó al Bladelyn fue fulminante hasta el punto de ser digna de un asesino. Ni siquiera esperó a que Ren diese permiso para que abrieran la puerta para pasar e informarle de que el rey quería verle a solas en su despacho, aunque ese hecho realmente tampoco importunó al Munshita.

El joven se dirigió hacia el despacho donde encontró al rey, de nuevo, tomando una bebida caliente y humeante en una taza. Tenía la mesa llena de papeles desordenados y le sudaba un poco la frente. Esta vez olía a té y uno bastante cargado -Majestad- saludó Ren. Aurum le instó a sentarse en una silla frente a él en el escritorio.
-Bienvenido de nuevo- suspiró, dando un sorbo al té. Ren esperó pacientemente las palabras del rey -Esperemos que ahora podamos mantener un tono más sosegado. Me temo que salvo Syra, mis hijos carecen de la templanza necesaria para tratar asuntos de este calibre-
-Concuerdo- asintió Ren.
-¿Un té?- ofreció el rey.
-No, gracias- el soberano volvió a dar otro sorbo -Parecéis cansado, Majestad-
-No me encuentro nada bien- sonrió con torpeza -Así que ponmelo fácil, Ren, te lo suplica un rey. No todos tienen ese privilegio-
-Siendo sinceros, Majestad, no siento privilegio alguno al ser suplicado por vos. Al menos no por vos en concreto- Ren se sentía un poco cercano a Aurum, ya que le recordaba a Syra. Su tono y semblante era similar que estando con ella, al contrario que contra los príncipes y Raven.
-Es... bueno saberlo. Supongo que a otros Bladelyn y munshitas les haría enormemente felices, sin embargo-
-No lo pongo en duda- confesó Ren -El odio hacia la familia Chrone es muy... elevado-
-¿Hablamos de odio, entonces?-
-Creo que sí, a mi pesar. Yo he podido ver que no sois los tiranos que siempre me han hecho creer desde mi infancia. Al menos vos y Syra, no-
-Lamento que mis hijos mayores no entren en esa mejor comprensión- bufó -Trato de que demos siempre la mejor impresión-
-Vuestros hijos luchan por lo que creen correcto, Alteza. Igual que nosotros. Realmente, en esta guerra no hay culpables. Cada uno persigue su propio interés, sus propios ideales. No les culpo, aunque ellos a mí, sí-
-Te veo especialmente comprensivo, al contrario que esta mañana- Aurum no pudo evitar soltar una carcajada -¿Has reflexionado durante este aciago día?-
-Con vos siento que se puede hablar, al contrario que en esa Sala llena de enemigos-
-Supongo que es comprensible... Un ambiente distendido siempre ayuda a tomar decisiones de forma más acertada-
-No estoy en desacuerdo, pero si me habéis llamado para hacerme cambiar de parecer a solas, me temo que no hay trato-
-Sé que no llegaremos a un acuerdo discutiendo el mismo problema una y otra vez, Ren, por eso te he llamado a solas. Ya has expuesto lo que persigue tu familia, pero ahora quiero saber de ti-
-¿De mí, Alteza? Yo solo soy un enviado de...-
-Eres el hijo mediano de Agro y eres un ser vivo, independiente. Me estás demostrando ahora mismo que eres capaz de razonar y que no eres tan arrogante como te haces ver. El apellido Bladelyn pesa en tus hombros ¿No es así? Y más aún un padre como Agro- Ren mantuvo el silencio. Incluso apartó la mirada un momento -Dame tu más sincera opinión, Ren ¿Por qué deberíamos aceptar?-
-Para evitar la guerra, Alteza-
-Entonces también la quieres evitar ¿No?- Ren asintió
-Todos queremos-
-Permíteme dudarlo- el rey se acabó el té con un último sorbo -¿Crees que puede haber otra forma de arreglar esto, hijo?- el rey entrelazó las manos por encima de la mesa. Ren le estudió con detenimiento.
-Mi padre busca soberanía por parte de los Bladelyn, reconocimiento hacia Munshad- dijo -Él cree que los Chrone habéis lucido la corona demasiado tiempo, tanto, que ya se os ha fundido en la cabeza y os creéis con el derecho divino de llevarla. Él clama que realmente sois una falacia, que tenéis un reino construido con los huesos de aquellos que nos precedieron. Que si vamos a la guerra, realmente no somos tan distintos a vosotros- Aurum le miró con una tremenda perspicacia, como si hubiese dicho cosas realmente interesantes que quizá Ren no debería saber.
-En resumen Agro quiere el control del reino-
-Solo puedo deciros lo que no quiere: que los Chrone tengáis el control de todo por más tiempo- Aurum se reclinó en la silla, acomodando la espalda.
-Esto es un callejón sin salida, muchacho... No quisiera verte en el campo de batalla contra mis hijos-
-Si me permitís, Alteza...- Ren tragó saliva -Se me ocurre que podría haber una solución por parte de ambos-
-¿Y cuál es esa?- preguntó, cansado -A estas alturas me vale hasta que tenga que hacerle la cena personalmente a Agro si así para esta locura...-
-Quizá os sorprenda o no os guste la idea y puedo comprenderlo, pero si unimos nuestras familias con un lazo de sangre quizá lo considere como una prueba de que no queréis guardaros el poder para vosotros-
-¿Lazo de sangre?- preguntó distraido -Mis hijos están casados, tienen hijos y...- entonces lo miró con la severidad de una tormenta, comprendiendo. Ren asintió, entendiendo esa mirada.
-Syra y yo, Majestad-

Antes de que llegara la noche, una fuerte tormenta junto a un aguacero aquejó toda la ciudad de Solaris capital. Aquella tarde la magia se tornó oscura y descontrolada por lo que quedó de noche...

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