La llegada del alba fue una caricia de calidez de lo más apreciada por parte de ambos. Thaned, así como Munshad, eran las regiones más frías del reino de Solaris, pero la diferencia entre día y la noche era más que palpable, sobre todo en la primera ya que estaba más al sur. Sin embargo, la gran humedad que hacía al caer la noche, junto al frío, solían provocar mañanas cubiertas de niebla, de modo que así fue como les recibió el amanecer. La capa de bruma era tan densa que casi no se veían el uno al otro y la fogata se había apagado -Buenos días, supongo- dijo Ren, estirando los brazos hacia delante y provocándose crujidos en la espalda. Estaba hecho polvo de tratar de descansar en esas condiciones.
-Una suposición muy atrevida- se quejó la princesa, acurrucada en la chaqueta. A esas horas ya no le surtía apenas efecto pero solo con amagar con quitársela se helaba de frío, por lo que no se apresuró en devolvérsela al Bladelyn. Ren se percató de ello al verla abrazarse a sí misma, de manera que no se la pidió, sino todo lo contrario.
-Quédatela el tiempo que necesites- asintió él
-¿Y tú?- carraspeó ella. La humedad se cerraba en la garganta -Ahora es cuando deberías decirme algo del estilo "Si cojo un resfriado, habrá guerra", por ser mi culpa o lo que sea- bromeó Syra con un pequeño ápice de verdad.
-Habrá guerra si me resfrío, sí- las palabras de Ren fueron tan contundentes en esa inesperada respuesta que Syra lo observó entre la preocupación y la rabia ¿Realmente sería capaz de eso? -Es broma- tuvo que aclarar el muchacho. La princesa terminó por soltar un pesado bufido al oírle decir eso.
-Eres un pésimo humorista, Ren-
-No soy humorista- se encogió de hombros -Tampoco se me da bien gastar bromas-
-A eso me refería ¿Tan malo eres que ni entiendes el sarcasmo al respecto?- ambos se quedaron mirando en silencio tras esa pequeña reflexión.
-Eso parece- acabó por sonreír, sintiéndose estúpido. Syra, inesperadamente, también soltó una risilla que se vería interrumpida por el inevitable rugido del estómago. Llevaban muchas horas sin comer nada y aquella situación desgastaba más de lo que lo hacía la vida palaciega, de manera que ambos estaban deseando echarse algo a la boca -Supongo que deberíamos buscar algo para comer- observó Ren.
-Deberiamos observar- recalcó Syra -Porque con esta niebla no se ve nada-
-¿Ha vuelto tu magia?- preguntó interesado, por si ella podía hacer algo al respecto. La chica alzó una mano para intentar disipar aquella niebla con un hechizo simple, pero no funcionó. No sentía aquella canalización de energía característica, no sentía nada.
-Nada...- se miró las manos, preocupada -¿Y si no vuelve?-
-Dudo que no vuelva- se levantó Ren, repeinándose los cabellos húmedos hacia detrás. La herida de la cara aún seguía sangrándole pese a las horas transcurridas pues era algo más profunda de lo que parecía. El menor movimiento y la humedad parecían evitar que cicatrizara secándose.
-Oye... ¿Estás bien en serio?- quiso saber Syra -No sangra profusamente pero no para. Si te desmayas olvídate de que pueda arrastrarte hasta alguna parte-
-Estaré bien- dijo restándole importancia. Su única determinación para tomar una solución en ese momento fue pegarse un tirón de la manga de la camisa y arrancársela para hacerla después jirones más finos.
-¿Per qué haces? Te vas a helar- cuestionó Syra viendo cómo se construía una suerte de venda torpe y frágil con un trozo de la manga y se la ataba a la cabeza como si fuese un parche rudimentario.
-¿Qué tal?- se abrió de brazos para mostrarse.
-Cielos... Te atacaron al llegar a palacio e ibas como un pincel, imagínate si dices ser un Bladelyn y vinieras como un pirata alcohólico desfasado que ha pasado su vida viviendo en una cueva- bromeó Syra al verle de esa guisa. Realmente parecía que estaba disfrazado para algún tipo de fiesta. No pudo evitar reirse.
-¿Sabes algo, princesa Syra?-
-¿Qué?-
-Tú tampoco eres una buena humorista-
Estar allí parados sin hacer nada no iba a mejorar su situación y solo iban a conseguir enfriarse más al no moverse, de manera que acordaron tomar camino. No había ninguna pista clara de hacia dónde debían ir para poder encontrar civilización, pero Ren estaba seguro de que no debían de estar muy lejos ya que la arboleda tampoco era excesivamente espesa, por lo que la posibilidad de estar en bosques profundos y alejados de la mano de la Acronita no era algo que tener muy en cuenta, o eso quería pensar. Obviamente no tenía reglas ni nociones básicas para saber que eso era así, pero prefería ser un poco optimista para no cargar con una princesa quejica todo el camino. De ese modo, mientras avanzaban a paso lento para no cansarse demasiado, iban observando los árboles y algún que otro animal salvaje que daba saltos entre ellos, como ardillas, aves y demás. No estaban en demasiada disposición para hablar, pero sí que al menos quedándose con lo mejor que la situación podía brindar, Syra no dudó en señalar lo bonito que era el bosque. No es que estuviera acostumbrada precisamente a ver la vida salvaje -Yo algo, sí- apuntó Ren.
-¿Los Bladelyn salís? Pensaba que por lo general los regentes no abandonaban mucho sus casas, como nosotros los Chrone-
-Mi padre es un poco difícil de soportar, a ratos. Sobre todo conmigo- recordó toda su vida en un instante -Más de una vez he tenido la necesidad de salir a dar una vuelta y despejarme. Munshad es un gran bosque helado, una estepa helada y un par de pueblos. Como todo es naturaleza, mi única opción era darme un paseo por los bosques y regresar-
-Con razón pareces estar más cómodo que yo- se encogió de hombros Syra, viéndose en desventaja.
-No te equivoques. Es la primera vez que duermo a la interperie y tan desabrigado. Estoy tan incómodo como tú- gruñó -Pero al menos no me resulta innovador este paraje- realmente, para la princesa, era triste. No tanto lo que le contaba Ren como su propia vida. Sorprendida y agradada por las vistas de un bosque y la fauna salvaje más sencilla que se podía encontrar entre los árboles. No es que fuera una paleta, pues tenía la educación mas exquisita de Solaris. Evidentemente sabía lo que eran las ardillas, esos tipos de pájaros y muchísimos más tipos de animales. Los había visto en documentales, libros, estudios y demás... pero verlos en persona, cruzar el bosque a pie aunque estuviese descalza y destrozándose la planta de los pies, era una experiencia no tanto pesadillesca como un poco embriagadora. Quizá en el futuro, con un mejor equipamiento, se podría divertir dando un paseo o practicando senderismo en esos bosques donde las cámaras no la captaran con facilidad.
Por fortuna para la pareja, tras un buen rato de caminata, consiguieron vislumbrar un pueblo en la distancia. La niebla ya empezaba a disiparse y parecían estar saliendo del bosque puesto que cada vez había menos frondosidad de arbustos y árboles. Pocas veces imaginaron que se alegrarían tanto de ver un cúmulo de edificios, aunque no fueran muy altos y tuvieran unas pintas marginales que daba hasta escalofríos. Syra había sonreido con ilusión al verlo al primer instante, pero conforme se acercaban y lo veía con más claridad, esa sonrisa iba desapareciendo gradualmente -Por fin- bufó Ren -Nunca pensé que me alegraría de ver a gente de Thaned- miró a Syra para encontrársela pensativa y con el rostro macilento -¿Qué ocurre?-
-¿Esto es Thaned?- preguntó la chica con algo de preocupación.
-No es la capital, me atrevo a decir que es Tarkav. Si es así, estamos increiblemente cerca de Munshad, básicamente en la frontera-
-Pero... esto no parece Solaris- Ren la miró con seriedad al oirla decir eso -Todo parece tan...-
-¿Estropeado? ¿Abandonado?- preguntó crítico el hombre -Pues sí, porque es así como está. Abandonado por la casa real, cerca de Munshad. Reciben ataques constantemente de mi gente-
-¿Eso te enorgullece?- le preguntó ella enfadada. Volver a la política eliminaba y borraba la pequeña línea de confianza que empezaba a nacer entre ellos -¿Esta situación es cosa vuestra?- señaló a los edificios que se veían agrietados, sucios y desvencijados -¿Y te atreves a hablarme como si fueramos los culpables de que estén abandonados?-
-Yo personalmente no obligo ni hostigo a los munshitas a atacar. Quienes provocan los ataques son los dirigentes del reino que se niegan a aceptar sus condiciones. Cuando el diálogo fracasa, hay que pasar a la acción-
-Ese pensamiento es completamente criminal y terrorista-
-El terrorismo real es olvidarse de la gente y de sus deseos-
-Bueno, basta- bufó airada -Fin ¿Vale?- se pasó las manos por la cara, consternada, tratando de calmarse -No vamos a lograr nada así-
-Es verdad- suspiró Ren -Olvidemonos de todo esto ahora y cooperemos. Será mejor que nos busquemos algo de abrigo y comida ahí dentro- Syra carraspeó mirándole. Ren le devolvió la mirada -¿Qué?- ella no decía nada, solo le miraba con una sonrisa bobalicona -¿Por qué me miras así?- se señaló la cara y Ren ladeó la cabeza. No la entendía. Ella se señaló con más énfasis, alzando las cejas varias veces -Tienes unas cejas muy expresivas ¿Y qué?- finalmente la chica se desesperó.
-Que soy la princesa, Ren. Si entro ahí me van a reconocer-
-Mejor- se encogió de hombros el Bladelyn -Así nos ayudarán-
-¿Tú crees? Lo que va a pasar es que se van a preguntar qué hace la princesa perdida con el Bladelyn en un bosque de Thaned, con las ropas desgastadas y desaparecidos desde su visita en Glamora. Lo mejor que podría pasar es que se crean que nos hemos fugado a tener un tórrido romance entre árboles y ramitas-
-¿Lo mejor?- preguntó confuso Ren.
-¿Preferirías que creyeran que me has secuestrado?- Syra reflexionó al respecto -Maldita sea... muy posiblemente eso es lo que creerá mi familia. Nos espera una buena hasta poder explicar todo esto...- durante un breve silencio, ambos reflexionaron.
-Iré yo- decidió Ren -Es cierto que en Tarkav hay muchos munshitas, demasiados. En ocasiones se hacen pasar por ciudadanos o turistas para espiar y buscar problemas. Supongo que no sería en absoluto inteligente que te vieran por ahí y trataran de secuestrarte-
-No es muy tranquilizador- suspiró la chica.
-Aguarda escondida por aquí- señaló Ren, pues aún había árboles -Te traeré algo-
-Búscame unos tacones bonitos, un bolso y algún dulce de chocolate para comer. Ah y si ves un peluche de un gatito también, a ser posible tigrado gris. Suave. De tamaño mediano- Ren se quedó helado al oirla decir todo eso. Luego compuso un gesto extraño -Es broma- tuvo que recalcar Syra -Cielos, eres duro de cabeza de verdad- Ren pestañeó de forma inexpresiva y se puso en marcha dejando a Syra a solas, viéndolo marchar negando con la cabeza. Realmente parecía un niño grande detrás de toda esa máscara de majadería que mostraba en palacio. No era... mal tipo.
Ya en el pueblo, Ren deambuló sin demasiados problemas por las calles en busca de alguna tienda donde poder agenciar algo. Sus bolsillos vacíos no tardaron en recordarle que tendría que recurrir al hurto para conseguir algo de ropa y comida ¿Pero qué otra opción tenía? Él tampoco sentía la fuerza en su interior, de forma que no podía intimidando a la gente. Además eso le señalaría también como Ren Bladelyn y no le convenía ser descubierto él tampoco. El cabello despeinado sobre el rostro y el trozo de tela a modo de venda le hacía pasar más desapercibido, además de la suciedad general de la ropa. Nadie se esperaría jamás a un Bladelyn tan sucio y despreocupado por su imagen y eso jugaba a su favor, al igual que podía aprovechar su conocimiento sobre la cuadriculada rebelión munshita.
Robar comida sería lo más sencillo pero para ello primero necesitaba ropa. En una tienducha con no demasiado buen aspecto encontró un par de gabardinas que podrían hacer el apaño. No había de la talla de Syra, pero le beneficiaría. Dos gabardinas, dos bufandas y un par de boinas... ese era el objetivo. No era de extrañar que en Thaned y Munshad la gente fuese tan abrigada y además, la ropa general de la población era bastante antigua, pues lo primordial era sobrevivir al frío, sin importar lo moderna o bonita que fuese la ropa. Era como viajar 100 años atrás en el tiempo en cuestión de moda, desde luego. Ren fingió mirar el precio de la ropa, pues daba igual que fuese más cara o más barata, no podía comprarla. Por suerte para él, no era el único en la tienda. Un tipo de mediana edad, de brazos fuertes y espaldas anchas estaba también ojeando unos cinturones. Ren supuso que podría defenderse si le metía en un pequeño problema... en el que él ganaría tiempo para poder robar y salir corriendo de allí. Caminó de forma distraida hacia el tipo y pasó por su lado, chocándole el brazo distridamente -Eh- le llamó el tipo -Ten cuidado por donde andas, capullo- dijo de mal humor. En Tarkav estaban siempre de mal humor y no era para menos, pues era una vida aciaga el estar siempre enfrentándose a vecinos criminales como los munshitas más extremistas.
-¿Me estás amenazando?- dijo Ren, sorprendido.
-Te estoy advirtiendo ¿Te crees que por ser muy alto me das miedo, imbécil? Vuelve a chocarte conmigo de esa forma y te dejo las piernas igual que la cara- el tipo tenía un mal aspecto increible. Además olía a alcohol. Mejor, más fácil.
-¿Estás buscando pelea, amigo?- preguntó Ren, tratando de poner el tono más despreocupado posible.
-¿La estás buscando tú, gilipollas?- el hombre se apartó de los cinturones y caminó hacia Ren con andares chulescos -¿Quién te crees que eres? ¿No serás un munshita de mierda, no?-
-¿Munshita? ¡Eh, un munshita!- gritó Ren
-¿Qué? ¡No! Hablaba de ti, desgraciado- gruñó el tipo
-¡Munshita!- señaló, y como esperaba, no tardaron en aparecer como en ejambre distintas personas que estaban por la calle en disposición de apalear al tipo. A su vez, la voz de alarma hizo que los verdaderos munshitas que había por ahí salieran de sus escondrijos y sus disfraces para proteger al supuesto hermano rebelde que estaba en peligro. Fue digno de ver cómo la tienda y la calle se convirtió en un campo de batalla. Sin embargo, algo dentro de Ren se rompió. Sí, consiguió robar fácilmente gracias a ello, pero conforme se alejaba de la tienda de ropa a toda prisa amparado por el abrigo de la violencia, se sintió mal. Aquellas personas no se debían nada, no se conocían de nada. Aquel tipo ni siquiera era un munshita a juzgar por su actitud... y lo había condenado, a él y a todos. Seguramente alguien moriría en esa rellerta a base de golpes. El odio que había podido ver en cuestión de segundos era abrumador y lo más curioso es que siempre le había dado igual, hasta ese día ¿Se le estaba contagiando el lado blandengue de los Chrone? Daba igual, realmente. Lo que debía de hacer era llevarle la ropa a Syra para poder internarse en Tarkav y buscar un teléfono para volver a Solaris, y de paso, conseguir algo de comida.
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