La orden de retirada por parte del rey dio por fin alas a Raven para marcharse en busca de los príncipes que se habían ido con antelación, no sin pasar por alto la mirada fugaz de Syra, que le mordió el alma como una jauría hambrienta de lobos. Su mente empezaba a aclararse y a comprender que ella no era "su" Syra, pero no dejaba de ser Syra. Era una pesadilla el simple hecho de tenerla presente de forma constante en ese lugar, pero empezaba a creer que podría manejarlo si aprovechaba lo que sabía para el beneficio propio y el de la familia Chrone. Por esa razón, de momento se hizo un nudo en el corazón y dejó de lado a Syra por un instante para marcharse a buscar a Dusk e Iran.
Le llevó más tiempo de lo esperado, pero conociéndolos como los conocía, sabía que no andaban lejos. No los encontró en el patio de entrenamiento, ni en los salones tomando copas para desairarse, de manera que solo le quedaba mirar en dos lugares: el Santuario y los palcos superiores de palacio, en el tejado. Dada la situación, la tensión que se respiraba en el ambiente y que ellos no fueron elegidos por la Acronita, supuso que estarían finalmente en la parte superior de palacio y hacia allí se dirigió.
El ala superior del palacio de la familia Chrone era una suerte de edificio independiente del complejo principal, como una torre que se alzaba en el centro de palacio por unos cuantos metros y desde donde se podía apreciar prácticamente toda la ciudad. Por lo general, allí era donde aterrizaban y desde donde despegaban las aeronaves oficiales de la familia. En aquel momento solo una aeronave se encontraba allí apostada, con el motor apagado y sin nadie listo para pilotarla. Solo estaban los príncipes y el recién llegado Raven, que se encontraba algo tenso por si había algo distinto a la torre que él conocía. Para su fortuna, no era así.
-No puedo con esta situación- alcanzó a oír a Dusk, apoyado en una barandilla fina que delimitaba el acceso al borde del tejado, que solo dejaba una caida abismal hacia los patios de palacio. Una fina boluta de humo se alzaba desde una de sus manos, pues estaba fumándose un cigarrillo.
-Comprendo que te supere- suspiró Iran, impetérrito ante el tabaco, ya que él también fumaba -Esas formas de llegar no han sido precisamente elegantes y menos para un Bladelyn. Ellos saben muy bien lo que pasó hace años en Munshad-
-Si Keira hubiese estado aquí, en la ceremonia...- negó con la cabeza -No sé qué hubiese pasado por mi cabeza y cuál hubiese sido mi reacción. Me contuve tanto como pude-
-Lo sé, hermano, lo sé- Iran le puso una mano en el hombro -No debes dejar que tu cabeza ahora pese más sobre tus hombros debido a esto-
-He sido un idiota- dio una calada al cigarro -Incluso he perdido los nervios con padre y con Syra. Ellos no tienen culpa de nada, hacen lo que se supone que es correcto. No debemos buscar una guerra con Munshad...-
-Pero ellos la buscan- intervino de pronto Raven, sobresaltando a los hermanos.
-Maestro de la Guardia- saludó Iran -Enhorabuena por el ascenso, señor Garland-
-Muchas gracias, Iran- dijo con una sonrisa, pero Iran no le contestó con una sino alzando la ceja -Príncipe Iran- se corrigió.
-Es normal que tras estas fuertes emociones uno pierda el raciocinio- trató de reir Dusk -Somos iguales en la desdicha ¿eh?- dio una última y honda calada al cigarro y lo tiró apagó introduciéndolo en un portacigarros -¿Qué te trae por aquí? ¿Preocupado por la reunión?-
-Precisamente- asintió Raven -Preocupado por Syra- bajó la mirada -La princesa Syra- volvió a corregirse velozmente. Más le valía acostumbrarse a aceptar que esa no era su familia. Ellos no le tenían la estima que él sí les procesaba. No debía equivocarse o todo cambiaría de forma inevitable, y sospechando lo que sospechaba que había ocurrido, no podía permitirse el más mínimo error.
-Syra estará bien. El único problema por el que hay que preocuparse es el Bladelyn- aclaró Dusk.
-Y por esa misma razón, señor, he venido a proponeros algo. Se me ha nombrado Maestro de la Guardia por mis servicios y mi devoción a la familia y los ideales del reino. He estado en Munshad y he combatido a los rebeldes Munshitas, conozco sus tácticas y tengo mis pesquisas de lo que Ren Bladelyn planea al venir aquí. Creo, sin intención de declararme más eficaz que vosotros, altezas, que puedo anteponerme a sus movimientos. Por esa razón quisiera ofreceros... y pediros- aclaró -que se me otorgue el privilegio de ser el guarda personal de la princesa Syra hasta que este asunto se haya aclarado y el Bladelyn se haya marchado- carraspeó al acabar y nerviosamente se puso ligeramente de puntillas sobre sus pies, tratando de evitar mostrarse excesivamente nervioso. Si le denegaban tal oferta, estaría bastante lejos de Syra. En esas circunstancias, ya era bastante diferente a su vida real como para poder encarrilar los eventos de forma satisfactoria, por lo que necesitaba allanarse el camino todo lo posible.
-Guarda personal de la princesa Syra ¿Qué te parece?- rio Iran mirando a Dusk -¿Y por qué no del rey, Maestro de la Guardia?- aquella pregunta dejó helado a Raven.
-¿Crees que nuestra hermana, heredera del trono de Chrone, no está capacitada para defenderse de ese tal Ren?- añadió Dusk.
-N-no. No es eso en absoluto. Tan solo consideré que, dada la discrepancia mostrada en la Sala del Consejo, sería precavido por nuestra parte brindarle un poco de protección a la princesa precisamente por ser la heredera y por no estar a favor de considerar al Bladelyn una amenaza inmediata- explicó.
-Raven...- masculló Dusk, enervando al Maestro -Relájate, viejo amigo- y Raven suspiró al oirle decir eso -Tienes un buen punto de vista, Maestro. Y creo que estás en lo cierto-
-¿No crees que Syra podría molestarse?- cuestionó Iran.
-Syra aún no es la reina, por muy heredera que sea. Es nuestra hermanita, nuestra buena, dulce y paciente hermana. Fuerte, inteligente, pero bondadosa como nuestro padre. Nosotros, que somos unos amargados, gruñones y aguerridos incapaces de ser dignos de la Acronita, somos los encargados de protegerla a ella y al reino, dándole nuestro apoyo- guiñó el ojo a Iran -No le hará daño tener un guardaespaldas personal en palacio-
-Sabes que se va a enfadar- rio Iran.
-Seguro- ambos terminaron por soltar carcajadas al aire, un poco más relajados ante la situación. Raven no pudo evitar sonreir. Ojalá hubiese podido reirse con ellos sin parecer raro o descarado. Les añoraba tanto como a Syra. Eran buenos hombres, buenos amigos. Una buena familia a la que pertenecer -Nos va a matar-
-Te va a matar. Yo no he decidido nada-
-¿Eres el capitán de la inteligencia del reino y no has decidido nada? Apuesto a que sabías que Raven venía antes de que nos saludara-
-Ni confirmo ni desmiento tu teoría-
-Intuyo que el príncipe Iran sabía qué iba a proponer, incluso- agregó Raven. Iran le miró con perspicacia -Lo sé, señor. Ni confirma ni desmiente- aquellas palabras le hicieron reír aún más.
-No obstante- se aclaró la garganta carraspeando -Bien cierto es que se me ha escapado que este individuo aparecería. Quién sabe... ¿Y si realmente no viene a causar revuelo?-
-Los Bladelyn llevan en tensión con la familia Chrone desde hace años. Ha aparecido sin avisar y no se ha molestado en exigir la atención de la familia real antes de vapulear a los que ahora son mis soldados. Como Maestro, les debo la cortesía de protegerlos de cualquier enemigo. Y me disculparán los príncipes si lo considero como tal. Hay hombres en el ala médica debido a su monstruosa demostración de fuerza completamente innecesaria. La paz no es una puerta que se abre a golpes- declaró Raven.
-Vas a ser un buen guardaespaldas- sonrió Dusk -Ya te digo yo que sí. Me has animado un poco, Maestro Garland. Tener a alguien que comparte mi punto de vista no está nada mal. Me hace sentir menos solo-
-Nuestro padre y hermana recapacitarán, Dusk. Ese Ren no sacará nada de nosotros-
-Va a ser una cena muy, muy larga- reflexionó el mayor de los hermanos -Raven, como recién nombrado guardián de la princesa, estarás presente. No hace falta que estés tras ella, claro. Déjala cenar tranquila, pero apóstate en la puerta, dentro del comedor. A parte de guardaespaldas de Syra, quiero que seas mis ojos- asintió Dusk.
-Y ya que estás... mis oídos- añadió Iran. Raven sonrió complacido. Empezaba a tenerlos en el bolsillo y los tendría del todo si cumplía bien con un papel que estaba más que acostumbrado a desempeñar. Además, sabiendo quién era Ren Bladelyn y lo que verdaderamente había venido a hacer en palacio, no sería difícil encontrar todos sus puntos débiles como si pudiera leerle la mente.
-Así será- inclinó la cabeza -No os fallaré a ninguno-
El día se fue sucediendo de forma lenta y tediosa, de modo que Ren Bladelyn tampoco estaba precisamente entretenido y aguardando pacientemente la cena. El servicio que le mostró la habitación de invitados le pidió expresa y cordialmente que no saliera de allí hasta que se le llamara, ya que contaba con multitud de libros con los que poder entretenerse hasta entonces. No obstante, la paciencia le duró bastante poco. El Munshita se pasó medio día deambulando por los pasillos, reconociendo el terreno y saludando a los guardias que se encontraba de forma un tanto socarrona, con una pilla sonrisa maliciosa, sabiéndose intocable desde el punto de vista político y personal, ya que era obvio que no había persona en palacio que no supiera el cómo se había deshecho de todos los soldados cuando llegó. Finalmente y a últimas horas de su paseo, se quedó en una amplia sala decorada con multitud de pinturas la mar de curiosas. Sobre todo le llamó la atención una que recreaba de forma abstracta el Santuario y la Acronita. La pintura tenía el llamativo detalle de que los colores que representaban la luz de la Acronita parecían emitir una hermosa lucecita, como si brillara de verdad a través del cuadro, según como le llegara la luz y el punto de vista de quien lo observaba.
-Creí haberle dicho que no podía salir de la habitación de invitados hasta que se requiriera su presencia, señor Bladelyn- dijo Pritzila. La muchacha era joven, mucho más bajita que Ren. Parecía una niña indefensa ante semejante hombre. Sin embargo, le hablaba con bastante diligencia.
-No causo daño alguno admirando las obras que decoran el palacio ¿Me equivoco?- preguntó con voz seria y cavernosa.
-Ninguno- sonrió friamente la sirvienta -Pero ahora mismo os interponéis en el camino de la princesa y no debéis. Os ruego que marchéis hasta nuevo aviso-
-Que pase- se encogió de hombros Ren -Como si estuviera en su casa- al oírle decir eso, Pritzila bufó, sabiéndose incapaz de moverlo del sitio. Marchó por el pasillo desapareciendo através del mismo y poco después, volvió a aparecer siguiendo a Syra. La princesa, sin embargo, no parecía molesta por la presencia del curioso del arte.
-Buenas tardes, princesa- dijo al pasar la chica tras él. Ni siquiera se giró para mirarla. Pritzila le chistó para que no se dirigiera a ella sin el permiso expreso de Syra, pero no surtió efecto alguno -Bonitos cuadros tenéis aquí. En Munshad no somos muy amantes del arte-
-Supongo que el tiempo que podríais dedicar a la cultura se os hace más placentero en la violencia- dijo ella, parando el paso para girarse y mirarlo. Ren le devolvió la mirada, sonriente. Era extraño y visceral. Agitaba el alma el cómo el hombre era capaz de sonreir mientras que sus ojos anunciaban un baño de sangre -No me intimida vuestra mirada-
-No pretendía intimidarte. Tuteame- invitó él.
-No os trataré como a un amigo hasta que conozca vuestras intenciones- aclaró ella.
-Pensaba que eras más amigable- restó importancia a sus palabras y volvió a ignorarla mirando el cuadro.
-Amigable no es el término adecuado. Soy consecuente- declaró -Y cuando os hable, me miraréis a los ojos, Bladelyn- Ren volvió a sonreír y la volvió a mirar.
-Creía que te intimidaban mis ojos-
-Expresé con claridad que no me intimidáis-
-Mas lo expresaste sin que yo tratara de intimidarte ¿No se llama eso ponerse a la defensiva?-
-No vas a llegar muy lejos dirigiéndote así a la princesa- apuntó Pritzila.
-No intervengas, Zila- pidió Syra con amabilidad. No era un secreto para nadie en palacio que ambas se llevaban muy bien. Comenzó a llamarla Zila cuando comenzó a considerarla una suerte de amiga, apuntando de forma graciosa el como "Zila" y "Syra" sonaba de forma similar.
-Lo lamento, princesa- bajó la cabeza la joven sirvienta.
-No quisiera causar problemas con tus súbditas. Trataré de enervarla lo menos posible. Igual que a ti-
-No me enerváis- chasqueó la lengua Syra -¿De verdad venís a tratar una paz, Bladelyn? Porque a mi parecer solo mostrais arrogancia. Podría considerar que me estáis provocando-
-¿Lo hago?- la mirada sanguinaria pasó a brillar con un deje avieso. Hablar con él empezaba a ser imposible y estaba poniendo a prueba la paciencia de Syra, que aunque era amable como su padre, no tenía el día para soportar tensiones absurdas. La princesa terminó por gruñir, haciendo soltar una risilla triunfadora a Ren.
-Nos veremos en la cena, Bladelyn. Espero que seais más conciso y menos vehemente a la hora de mostrar las propuestas de vuestra gente- comenzó a marchar junto a Pritzila tras un leve gesto de cabeza.
-Claro. Con unas copas el ambiente siempre será más relajado- la contempló durante largo rato con una pícara sonrisa, pero sus ojos volvieron a cambiar. Quizá podría funcionar esa máscara de arrogancia para provocar, para parecer menos temible de lo que realmente podría ser. Un fanfarrón con la boca y el ego más grande de lo que podía llegar a morder... sin que fuesen capaces de imaginar hasta qué punto era de insaciable su apetito... y que no existía límite en cuanto su ambición podía abarcar.
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