martes, 18 de febrero de 2020

Dadas finalmente todas las instrucciones por parte de Syra, cada partícipe en el proyecto que tenía la heredera en mente se preparó como era debido. Iran y Dusk se arreglaron como debían y se dispusieron a dejar el palacio para hacer un recorrido por la ciudad capital mientras que Syra y Ren irían a otra parte del reino: la región de Glamora. El Bladelyn fue por supuesto el último en aparecer por la puerta de palacio, donde el coche llevaba ya un buen rato preparado por parte de Raven, que sería el encargado como siempre de salvaguardar la seguridad de la futura reina, porque no tenía intención alguna de proteger a Ren, bajo la premisa de que proteger a Syra era más importante o cualquier otra excusa que se le ocurriera por el camino. Finalmente, tras unas miradas severas por parte de el Maestro y la heredera, tomaron el camino.

La travesía iba a ser larga. Al menos demorarían unas 3 o 4 horas en llegar a Glamora, pues era una región bastante lejana de Solaris capital, pero a su vez era la más cercana en términos de distancia. Mientras el vehículo avanzaba por las carreteras principales sin mayor problema y a una velocidad constante, el silencio se hacía cada vez más notorio e incómodo con el paso del tiempo, de manera que Syra decidió que sería oportuno encender la pantalla de la parte trasera del vehículo para poder ver las noticias, en las que seguramente ya estarían luciéndose sus hermanos. Dado que la disposición de los asientos traseros del vehículo oficial de transporte real estaban repartidos en forma semicircular, Raven y Ren también podían ver la emisión en directo.
-Y por ello, nos preocupamos por Solaris, por Munshad, y por todas las regiones de esta grandísima nación. No tenéis nada que temer. Siempre estaremos aquí para vosotros- sonreía Iran a la cámara mientras contestaba a un entrevistador en aquel preciso instante. De fondo, se oían los incesantes gritos de fanáticas del príncipe, clamando por su atención.
-Siempre tan guapo- rio Raven, arrancándole una sonrisa a Syra -Tenéis un hermano arrebatador-
-Está ocupado Raven- comentó Syra divertida -Me temo que te tendrás que conformar con admirarle desde la espalda-
-Seguro que tengo buenas vistas- añadió jocoso.
-Me sorprendes. A veces no sé por dónde cogerte- reía la princesa.
-Supongo que es seguro tener a un guardaespaldas que no gusta de los encantos femeninos- se mofó Ren.
-¿Disculpa?- el tono de Raven cambió de forma totalmente perceptible. Era tan hostil de un momento a otro que parecía que iba a matar a Ren ahí mismo.
-¿No estás aclamando la belleza de Iran?-
-¿Es que debo ser homosexual para admirar la belleza de otro hombre? ¿O es que tienes un problema precisamente con la orientación sexual de cada uno?- apuntó el Maestro, agresivo -Lo que me faltaba por ver de los Bladelyn es que seais homófobos ¿Os molestan también las gentes con pieles oscuras u ojos rasgados?-
-Cálmate, Raven- ordenó Syra. Ren se encogió de hombros.
-Veo que eres de los que sacan conclusiones precipitadas. Yo solo añado a la broma que estabais llevando-
-Pues no tiene gracia. Ha sonado ofensivo-
-¿Quién es el homófobo si eres tú el que se ofende si crees que te estoy llamando homosexual?- y sonrió. Por los dioses del cielo, aquella sonrisa y ese comentario puso tan en jaque a Raven que amenazó con quebrar su cordura. Le había dado la vuelta a la situación con una conclusión tan infantil y absurda que el Maestro no supo contestar. Lo peor, es que estaba Syra presente y lo había dejado en evidencia frente a ella. Para sus adentros, Raven juró que mataría a Ren de una forma mucho más cruel de lo que estaba ya de por sí planeando.
-Si no os importa- intervino Syra temperamental -Quisiera oír lo que dicen las noticias- ambos hombres se callaron de inmediato ante la orden de la princesa.
-¿Son legítimos los videos captados sobre vuestra agresión al invitado de Bladelyn? ¿Está la paz amenazada, alteza?- preguntó un entrevistador a Dusk.
-En absoluto. Me temo que ha sido una confusión. Es una rara filtración de una pequeña demostración que hicimos de forma extraoficial, entre amigos- reía -Todo estaba consentido y evidentemente, controlado. Jamás nos hariamos daño entre nosotros. Las negociaciones van muy bien y pronto alcanzaremos un acuerdo-
-¿No se está prolongando demasiado?- añadió el entrevistador.
-Comprenderéis que son asuntos delicados. No se trata de un capricho, sino de unos ideales. Y los ideales no se pueden cambiar de la noche a la mañana. Tenemos que ofrecer amistad y confianza para que...-
-¡MUERTE A LOS BLADELYN!- se oyó de fondo a un inviduo. La cámara giró violentamente para enfocar a un tipo un tanto sombrío que alzaba el puño en señal de rebelión. Llevaba la cara cubierta con un pañuelo y una gorra -¡Matad a ese hijo de puta! ¡Matadlos a todos! ¡Estamos hartos de terrorismo y de sus sucias insinuaciones de guerra! ¡Pateadle el culo!- en cuestión de segundos, unos guardias de los príncipes aparecieron para llevarse al tipo. El problema, evidentemente, es que algunos que opinaban de forma similar empezaron a gritar lo mismo. Poco a poco, los gritos de admiración comenzaron a convertirse en gritos de odio. No tardaron, por tanto, en aparecer voces que clamaban contra los príncipes.
-¡Vosotros también sois culpables! ¡Dejadles romper la nación pero que dejen de atacarnos! ¡Que dejen de amenazar!-
-Alteza, alteza- llamaba el entrevistador -¿Qué opinais al respecto?-
-No hare más declaraciones. Gracias. El ambiente debe calmarse- y así, terminó la entrevista.
-Esto... es de locos- Syra no daba crédito a lo que veía. Raven, sin embargo, hacía rato que dejó de mirar la pantalla para mirar a Ren. Todo aquello le sonaba demasiado, lo conocía demasiado bien. Los primeros engranajes empezaban a girar y el reloj se acercaba lentamente a la hora del juicio final. Podía estar en sus manos el detenerlo, sabiendo todo lo que iba a ocurrir... a medias. Nunca había hecho semejante viaje con Syra y Ren y no sabía dónde desembocaría esa situación, pero al Maestro le ayudaba a confiar en sus conocimientos el hecho de que aunque algunas situaciones cambiaran, parecía que el final iba a ser el mismo. Por supuesto, para confirmar más sus sospechas sobre el destino que aguardaba a Solaris, Ren estaba cabizbajo, distraido, sin prestar atención a los acontecimientos que preocupaban a Syra. Él seguramente sabía que todo estaba saliendo según lo planeado.

Horas después, llegaron finalmente a Glamora. La visita oficial sería en un hospital, o al menos allí sería donde comenzaría. Mientras tanto, había ya ríos de gente que bañaba las calles y saludaban al coche mientras este atravesaba las carreteras hasta alcanzar finalmente su destino y detener la marcha. Raven ordenó al chófer no mover el vehículo ni un centímetro por si pasaba cualquier cosa, dado lo que hacía rato habían presenciado en la propia capital -Bienvenidos a Glamora- sonrió Syra a ambos hombres -Sed amables. No quiero ni una onza de tensión entre vosotros ¿Estamos?- dijo antes de bajar del vehículo y bañarse en saludos, vítores y gritos de bienvenida. Raven la siguió, manteniendo un semblante profesional pero cálido, sonriendo a la gente a su alrededor. Finalmente bajó Ren, haciendo que las voces se acallaran un poco. Sin embargo, el Bladelyn estaba más atento al hospital que tenían en frente que a la gente y las cámaras: el edificio tenía una parte de una pared desprendida ¿Qué habría pasado?
-¡Princesa, aquí! ¡Aquí, princesa!- llamaban las cámaras, que fotografiaban y grababan a la elegante y hermosa Syra. Mientras, otros medios de comunicación más morbosos rodearon a Ren en un visto y no visto.
-Señor Bladelyn- decía un entrevistador -Disculpe, Señor-
-Ren. Llamadme... Ren- decía nervioso, obnuvilado. No sabía a qué cámara mirar, a qué micro hablar y a quién dirigirse.
-¿Puede decirnos algo respecto a lo ocurrido? ¿Son ciertos los rumores de que un choque de fuerzas ha provocado estos desperfectos?-
-N-no sé muy bien de qué me habláis- sonrió torpemente
-¿Qué rumores son esos?- intervino Syra, atrayendo aún más las miradas y los focos.
-Se dice que las disputas como las vistas en el video ha provocado un desequilibrio que ha ocasionado el derrumbe de la pared del hospital, princesa ¿Es cierto? ¿Hay problemas en la casa real?-
-De ser así, el señor Ren no estaría aquí ¿No creéis?- le restó importancia la princesa con una sonrisa encantadora -Es evidente que son rumores infundados por un malentendido que mi buen hermano ya ha explicado en Solaris. No os lo perdáis. Dusk e Iran están encantadores-
-Tanto como vos, princesa- observó el entrevistador.
-Gracias- seguía ella, brillante. A Raven le costaba disimular la mirada enamorada. Era como su Syra siempre había sido. Era la mejor reina que podría tener Solaris.
-¿Dais vuestra confirmación oficial entonces de que los fenómenos ocasionados en esta región no tienen nada que ver con disputas de poder?-
-¿Fenómenos?- ladeó la cabeza Syra y miró a Raven después, para volver al entrevistador.
-Los extraños sucesos celestes. La caída de la pared del hospital se ocasionó al aparecer una grieta en el cielo. La ciudad pareció hacerse de humo durante unos instantes, como un espejismo. Todo ondulaba como una ilusión a punto de desvanecerse. Entonces un gran fogonazo azul bañó el territorio y la pared cayó tras un gran estruendo ¡Parecía que la peor tormenta de la historia iba a caer en nuestras cabezas!-
-¿Azul...?- Syra esta vez miró a Ren y él le devolvió la mirada. Éste le asintió. Sabía que pensaba en la luz azul de la Acronita ¿Pero sería posible? ¿Por qué tras tantos siglos la Acronita podía ocasionar problemas en el reino? -En cualquier caso, estamos estudiando esos extraños fenómenos. Gracias por el interés. Si me disculpáis, voy a proceder a visitar el hospital y asegurarme de que todo está bien y a arreglar algunos desperfectos- se despidió la princesa, invitando a Ren a acompañarla, seguida de cerca de Raven. Sin embargo tampoco todo iba a ser tan fácil. La turba en las calles no solo vitoreaban a la princesa. Había muchos comentarios, gritos y exclamaciones en contra de la familia real y del Bladelyn, gritos que intentaban ignorar. Los llamaban farsantes, asesinos, criminales, egoistas... Syra los oía claramente y Ren también, incluso Raven. El Maestro se preocupaba por el ánimo de la princesa, que hacía lo posible por no dejarse llevar por la marabunta de preguntas y agitación que tenía en su interior ante esa creciente oleada de desconfianza que podía convertirse en un grave problema. Debía calmarlos, apaciguarlos... y para ello debía ser una más entre la gente de a pie. Que la vieran como una aliada, y no como una acomodada heredera de un trono distante, como Ren la había catalogado.

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